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Crisis intelectual, moral y sociocultural.


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29/09/2020

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Las universidades venezolanas (las bicentenarias al menos) han de ser un bastión del desarrollo nacional, no solo mediante la formación de personal altamente calificado para  desempeñar de manera óptima sus funciones en las áreas para la cuales se formaron durante años, si no también moldeando    promotores y centinelas de la madurez social, que impacten directamente en su entorno más próximo (familia y lugar de trabajo), se supone que de allí deben emerger lideres capaces de estructurar y llevar adelante un proyecto sólido de país, sin embargo los vicios institucionales se hicieron patentes desvirtuando el sentido universitario.


El tarantín denominado “movimiento estudiantil venezolano”, lleva años embriagado en la gesta heroica de la generación del 28, desde la caída del general Marcos Pérez Jiménez  las generaciones de relevo han vivido en una constante estimulación mental adjudicándose como “jóvenes universitarios” las glorias de quienes mediante grandes sacrificios logran avances democráticos luchando desde el plano universitario con medios no muy académicos en la mayoría de las ocasiones, pero validos considerando las circunstancias. Valga mencionar que este hecho resulta tan ridículo como pretender endilgarle las glorias de los libertadores a la actual FAN, permítanme reír. Durante más de 60 años ese nefasto chiringuito ha sido un lastre promotor de corrupción, mediocridad y depauperación institucional en todos los sentidos, el contubernio fatídico entre “estudiantes” y “autoridades universitarias” durante estos años sin lugar a dudas es una mancha bochornosa en la historia de nuestras universidades autónomas, pues la “dirigencia estudiantil”  se convirtió en el high school para la formación de las futuras autoridades  corruptas, y uso este anglicismo porque en su mayoría  son mediocres poco doctos con títulos universitarios. Es de allí que se genera un círculo vicioso donde ambos agentes, autoridad corrupta  y aprendiz de autoridad corrupta, se retroalimentan para subsistir y procurar formar siempre una generación de relevo que les sustituya en sus puestos, pero más importante (para ellos) que no destapen el pudridero que dejan sus mentores, no por una cuestión de lealtad, pues esta gentuza sin valores morales no creo que sepa de eso,  sino más bien porque aquí todos tienen rabo de paja y empujar al otro a la candela no es muy buena idea cuando el fuerte lazo de los chanchullos  los une estrechamente.

Conscientes del origen ruin de la mayoría (es verdad que no todos) de quienes han ostentado  el poder de alguna u otra manera en las universidades, es fácil entender por qué la academia venezolana se ha depauperado a tal nivel, la desviación de fondos de las instituciones y la adjudicación de títulos y cargos sin más  méritos que el amiguismo y la palanca, echando a un lado a los académicos con verdaderas convicciones y capacidades intelectuales  para perseverar en la investigación y la docencia,  simplemente por no formar parte del  cogollo de panas o disentir abiertamente del manejo institucional, ha contribuido de manera superlativa al precario aporte  académico venezolano en el mundo a pesar de que esta tierra a parido a grandes hombres. Es como en el futbol, puedes tener grandes jugadores en el club, dinero, instalaciones,  pero si el DT pone a jugar en los partidos importantes a los menos habilidosos simplemente porque son panas o porque desde la directiva los están palanqueando, obviamente no vas a ganar nada,    en los últimos  70 años américa del sur ha tenido tres Nobeles Argentinos, dos Colombianos,  uno Peruano y uno Chileno,  Venezuela?  Y no me vengan con que Baruj Benacerraf.

Con el ocaso académico en la universidad venezolana nace la profunda crisis intelectual que tenemos como país, esto ha repercutido en todos los escenarios de la vida nacional, desde la política hasta la conducta ciudadana, coadyuvando de manera más significativa en la instalación de la crisis moral.

 

La familia ha de ser el sitio de nucleación de los valores morales en toda sociedad, radicando allí la primera barrera para esta parte de la tarea en la formación ciudadana, pues cada día es más complejo integrar una familia funcional. La otra parte de la promoción de los valores debería venir de las instituciones educativas, y de la iglesia considerando que más de la mitad de los venezolanos se dicen cristianos católicos.

Las familias venezolanas han sido golpeadas dramáticamente por el estatus quo del país. El desmembramiento por migración coaccionada debido a la crisis socioeconómica, la implosión por problemas  de convivencia nutridos por el estrés que generan las circunstancias (economía, crisis de servicios, etc), y la ausencia de formación educativa en el marco para la preservación de la integridad y promoción de la solidez familiar, contribuyen a menguar la capacidad de impacto positivo en los valores morales de sus miembros.

El déficit en la calidad de las instituciones educativas de todos los niveles tiene como factor agravante la crisis intelectual, y como las desgracias nunca vienen solas, el modelo de país que ha imperado en las últimas dos décadas contribuye día a día a dinamitar la educación en los planos académicos, culturales y morales.

La crisis de fe y la pérdida de confianza en la iglesia católica como institución, que guste o no fue un baluarte en la promoción de los valores morales dentro de la sociedad venezolana, no solo desde la fe, también desde la formación ciudadana, ha impactado dramáticamente en la solidez moral de quienes habitan este país.

La crisis intelectual y moral han sido promotoras de un mal mayor que es la crisis sociocultural, la sociedad venezolana está enferma y carente de identidad, aunque a los románticos les guste esgrimir que somos un país de gente buena que no merece nada malo, en realidad somos un país de genta mala con muy pocos buenos que luchan por sobrevivir entre una jauría de bestias, cuando se generaliza sobre algo siempre se hace en función a la mayoría, es por eso que no podemos decir que este es un país de gente buena, quizá lo fue en algún tiempo, pero justo ahora no. 

La Venezuela actual no necesita héroes que se inmolen por una causa, puesto que la grave crisis intelectual, moral y sociocultural que vivimos ha socavado los pilares elementales para que una sociedad funcional se pueda mantener en pie, es decir, no serán acciones individuales las que logren sacar al país del sumidero en el que se encuentra, es necesario construir una identidad sociocultural para que la ciudadanía en su conjunto pueda ser ejecutora de los cambios que se necesitan. Es aquí donde la Juventud  contemporánea debe asumir un rol protagónico, en primer término mediante el aporte intelectual de altura que contribuya a levantar el menguado ánimo de los académicos venezolanos, y a su vez, en un mundo donde las imágenes han cobrado más importancia que las ideas, debemos ser promotores de la relevancia y el valor que tienen tanto el pensamiento y la instrucción académica de calidad, como fuentes de desarrollo social, además se han de destacar y promover las virtudes y valores morales en nuestro entorno para lograr un cambio en  grandes masas.  Sin lugar a dudas todo esto llevará tiempo, no pasaremos de la chancleta a la aristocracia platónica y aristotélica en un abrir y cerrar de ojos, pero es quizá el único camino para refundar una república con un proyecto sólido y perdurable.

La sociedad ha sido la promotora, los apandillados en el poder los ejecutores y la crisis el resultado.



Etiquetas:   Políticas Sociales   ·   Políticas Públicas   ·   Cultura   ·   Sociedad   ·   Universidad

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