Prejuicios V/s Proteccion social. Las minorias sexuales en Chile.

Sin ánimo de hacer de mi reflexión ningún panfleto apostrófico y a raíz de los sucesos de la contingencia nacional quisiera referirme, no sin cierta reticencia a ser tildado de como quieran calificarme, acerca de un tema que ha permanecido alejado del foco de toda discusión -no solo parlamentaria, sino filosófica y social también- y que ha sido desplazado del tapete no sé si por el miedo y los prejuicios constantes, intereses políticos o simplemente una falta de empatía alimentada por el adoctrinamiento de aquellos que se aferran a sus religiones y no se dan cuenta de que por defender tan acérrima -y ciegamente- lo que consideran bueno, correcto y ético tanto se alejan de lo que es en realidad el mensaje universal de prácticamente todas las religiones del mundo, como queda expresado, parafraseando a Jesús mismo, y sin duda de la fidelidad de la traducción de esta expresión tan universalizable y perfecta. "ámense los unos a los otros como yo los he amado" me refiero a la chispeante polémica desatada a raíz de la búsqueda reivindicatoria de los derechos de las minorías sexuales en Chile.

 

. "ámense los unos a los otros como yo los he amado" me refiero a la chispeante polémica desatada a raíz de la búsqueda reivindicatoria de los derechos de las minorías sexuales en Chile.

La homosexualidad es un fenómeno -y no usaré el vocablo humano, porque hoy sabemos que está presente en una amplia variedad de especies- que ha existido desde los inicios de la humanidad y ha ido de la mano con el desarrollo de las culturas que hoy se configuran como las actuales regidoras de nuestro actuar social, desde altos pensadores, filósofos, líderes políticos, soldados, artistas y tantos otros anónimos que han dejado su huella en nuestra sociedad hoy por hoy -desgraciadamente- tan homofóbica y discriminatoria, han sido homosexuales.

A lo largo de la historia, y de la mano con la aparición de las religiones de origen semita - la cual en el caso del cristianismo monopolizó la verdad y el magisterio divino a lo largo de toda la edad media-, alrededor del siglo primo de nuestra era, la homosexualidad se ha visto como un fenómeno social fuera de lo naturalmente deseable, debido a las confusas enseñanzas doctrinales de estos cultos. Sin embargo no fue hasta el siglo VI cuando la homosexualidad comienza a ser perseguida por la iglesia, por motivos principalmente políticos, como pasó con el  rey Eduardo II de Inglaterra (cuya mujer se valió de la homosexualidad de su marido para sacarlo del poder e instalar a su amante Mortimer en el poder) o con los caballeros de la orden del Temple (quienes fueron acusados de Sodomía por no querer subyugarse a la autoridad del rey Felipe IV de Francia), con lo cual comienza toda una herencia discriminatoria (pasando por la inquisición hasta los regímenes totalitarios de la Europa del S.XX) contra los homosexuales tal como en su momento fue contra las mujeres y contra la disidencia étnica, contra los grupos semitas y en fin, tantos otros que han sufrido de este tortuoso yugo, y se han o buscan reivindicación.

Biológicamente hablando abundan las teorías que explican la homosexualidad como un fenómeno de selección social el cual se explica en la diversidad sexual natural del reino animal, o como un constructo social el cual se desprende de nuestros propios ideales de perfección y concordancia con la ley natural, las cuales en la sociedad actual son bastante disidentes con la homosexualidad. Pero, ¿Qué pasa -y descartando todo el preámbulo teórico de la homosexualidad- cuando en una sociedad un grupo de personas homosexuales reclaman por sus derechos más básicos? -derechos que, constitucionalmente están garantizados para todo chileno y chilena, y en donde en ninguna parte se explicita exclusión de las minorías sexuales- No hablo ni siquiera del matrimonio, hablo además, de la reticencia de los políticos a modificar la ley de discriminación, -y su aplicación efectiva por parte del judicial- que si bien no va a terminar con la discriminación pero que la aminore y endurezca las inocuas penas para quienes cometan crímenes de odio contra grupos minoritarios, incluyendo minorías sexuales -también bisexuales y transexuales, que integran del mismo modo, biológicamente hablando la diversidad sexual natural del hombre- y aún si así no fuere, ¿Por qué los legisladores, sabiendo que existen grupos mucho más propensos a la discriminación y que sufren este flagelo a diario, no hacen  -en aras de una sociedad más justa y equitativa- una ley bajo la cual se puedan amparar? Es entendible, -dentro de lo que por eso podamos entender y tomando en cuenta la fuerte herencia cultural del machismo católico- que el pueblo sea reticente a fraternizar con los grupos que integran la diversidad sexual en Chile, pero ¿Cómo entender que honorables, quienes -se supone- son gente de letras y estudios humanos, en cuanto a política se rijan, no por aquello que es justo, y no daña a nadie, mas bien protege a aquellos que son más vulnerables dentro de nuestra sociedad, sino por prejuicios y doctrinas de religiones para sociedades hipotéticamente estáticas? ¿O es que -como normalmente sucede- el interés de populista de los políticos está por sobre toda consideración del espíritu de la verdadera democracia: libertad, igualdad y fraternidad?

Y con respecto de los problemas de reconocimiento de las parejas del mismo sexo, que es un problema el cual parte desde el patrimonio y la capacidad -más que básica- de heredarse entre sí hasta todas las implicaciones legales donde en los códigos aparece la palabra Cónyuge para tal o cual motivo, desde visitas al hospital hasta derechos póstumos. Puedo entender que ciertos grupos no necesariamente concuerden con la homosexualidad -la cual se han encargado de caricaturizar y enajenar quizá en este mismo inconsciente (o no)  intento por invalidar lo contrario a sus creencias-. Pero este tipo de derechos fundamentales no puede ser aplicado a una clase sexual considerada mejor o natural distintamente de todos aquellos que tenemos los mismos derechos constitucionalmente hablando. Se trata de algo que pasa más bien por la dignidad primaria de todo ser humano a cualquier otra cosa, el derecho a que dos personas sean reconocidas institucionalmente por el estado, aunque sea sin el ánimo de formar una familia -lo cual en la sociedad de hoy sería ampliamente condenado, pero se ha demostrado por experiencia que es factible- porque el legislar respecto de este tipo de problemas sociales no va a condicionar la aparición de más o menos homosexuales en la sociedad, tal como lo ilustra el eslogan contra la homofobia usado el año pasado en Londres. Some people are gay, get over it. Quizá cuando logremos quitarnos las vendas de los ojos y enfrentar, sin el yugo del adoctrinamiento religioso que la realidad no es la descrita en el pentateuco, y que debemos velar por una sociedad más igual para todos, demos el gran paso que otras naciones en todo el mundo ya han dado. Tomando el ejemplo de nuestro vecino inmediato, y tal como dijo cristina Fernández luego de aprobado el matrimonio homosexual en Argentina: "Al día siguiente me levanté con los mismos derechos que tenía el día anterior, mientras que otros conquistaron los derechos que yo ya tenía"

UNETE



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