Sin ánimo de hacer de mi reflexión ningún panfleto apostrófico y a raíz de los sucesos de la contingencia nacional quisiera referirme, no sin cierta reticencia a ser tildado de como quieran calificarme, acerca de un tema que ha permanecido alejado del foco de toda discusión -no solo parlamentaria, sino filosófica y social también- y que ha sido desplazado del tapete no sé si por el miedo y los prejuicios constantes, intereses políticos o simplemente una falta de empatía alimentada por el adoctrinamiento de aquellos que se aferran a sus religiones y no se dan cuenta de que por defender tan acérrima -y ciegamente- lo que consideran bueno, correcto y ético tanto se alejan de lo que es en realidad el mensaje universal de prácticamente todas las religiones del mundo, como queda expresado, parafraseando a Jesús mismo, y sin duda de la fidelidad de la traducción de esta expresión tan universalizable y perfecta. "ámense los unos a los otros como yo los he amado" me refiero a la chispeante polémica desatada a raíz de la búsqueda reivindicatoria de los derechos de las minorías sexuales en Chile.



