. Entre ceses, purgas, propuestas gallegas
de ley, y giros al centro del centro, lo único que le faltaba es el barullo de
los guasap y los acuerdos o no acuerdos sobre la renovación de los órganos de
gobierno de la Justicia.
Por lo que sabemos, una vez finalizado el
estado de alarma PSOE y PP se pusieron a negociar cómo se repartían los
sillones del Supremo, el CGPJ, etc. Y esto ya es, en sí mismo, una flagrante
traición de Casado al programa electoral con el que concurrió a las últimas
elecciones.
En el programa electoral de abril de 2019,
Casado se comprometía cómo sigue: “Fortaleceremos la independencia del Poder
Judicial. Promoveremos la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial para
recuperar el sentido originario del artículo 122.3 de la Constitución española.
De esta manera, los 12 vocales del Consejo General de procedencia judicial serán
elegidos directamente por los Jueces y Magistrados, fortaleciéndose así la independencia del órgano de gobierno del Poder Judicial.”
En el de noviembre de 2019 se repetía el compromiso, eso sí, omitiendo la
referencia expresa a la elección de los vocales del CGPJ.
Decir que las negociaciones de tapadillo para
repartirse los sillones del Poder Judicial casan mal con el programa electoral
del PP es ser muy generoso. Aunque no es raro que Casado, versión remodelada
del marianismo, traicione este principio como ya lo hizo el propio Rajoy, que
con la mayoría más absoluta de la democracia se negó a cumplir la promesa de
cambiar el método de elección de los órganos de gobierno de la justicia.
En cualquier caso, lo cierto es que se estaba
negociando el apaño, y las negociaciones estaban muy avanzadas, según Sánchez,
o no tanto según Casado. Pero, según nos dicen desde Génova, el 14 de agosto el
PP decide romper las negociaciones.
La versión “oficial” publicada es que la cosa
se rompió por los ataques de Podemos a la Monarquía (¿les suena? fue también
una de las múltiples excusas esgrimidas para el cese de Cayetana). La versión
oficial del comunicado del PP añade un elemento más, que es la imputación de
Podemos por financiación irregular.
Como veremos, ninguna de las dos excusas se
sostiene demasiado. Vayamos primero con los ataques de Podemos a la Monarquía.
El 9 de julio, el diario El Confidencial
publicaba: “Unidas Podemos ha defendido este jueves que los "escándalos"
sobre el rey Juan Carlos I, al que se investiga por haber cobrado supuestamente
comisiones por interceder en el contrato del AVE a La Meca, ponen en cuestión
el papel de Felipe VI al frente de la Corona y abre el debate sobre la monarquía.”
Todo un ataque no sólo al Rey emérito, sino a Felipe VI. ¿Ese día Casado no leyó
los periódicos? Si los leyó, sabemos que no fue impedimento para que a finales
de ese mismo mes de julio el PP confirmara que estaba en negociaciones con el
PSOE para renovar el CGPJ.
El 3 de agosto Echenique decía sobre el Rey
emérito: “Teniendo causas pendientes en España y tanto dinero para viajar y
protegerse, ¿la justicia va a permitir que se marche?” Pero según parece eso a
Casado tampoco debió parecerle un grave ataque a la Monarquia.
Dos días después, nada menos que la ministra
Yolanda Díaz señalaba que la actuación de Juan Carlos I dejaba en mal lugar la
imagen del país. Pero para Casado parece que no eran aún ataques suficientes
como para romper las negociaciones para renovar el poder judicial.
¿De verdad pretenden hacernos creer ahora que
Casado no se enteró de que Podemos atacaba a la Corona hasta el 14 de agosto? ¿De
verdad creen que vamos a tragarnos eso?
Si tomamos la excusa de la imputación de
Podemos por su “caja B”, la cosa no pinta mucho mejor. Lo primero que hay que
decir es que no fue un hecho ni mucho menos sorpresivo, y que en cualquier caso
se produjo el 11 de agosto. ¿Se pasó Casado tres días meditando si el hecho era
lo suficientemente grave como para romper las negociaciones? Si consideraba que
la imputación era tan grave, ¿por qué no rompió ese mismo día?, ¿tenía que
pedirle permiso a algún líder regional de su partido?
Pero tanto si fue por ataques a la Corona
como si fue por la imputación, o por una combinación de ambas cosas, ¿sabemos
con certeza si las negociaciones se rompieron el día 14 como dice ahora el PP?
Tampoco acaba de estar claro.
Lo cierto es que Sánchez no ha dado
definitivamente por rotas las negociaciones hasta que el pasado 2 de septiembre
Casado se lo dijo en persona, y no es hasta entonces cuando el gobierno pone en
marcha su maquinaria propagandística para presionar al PP. Si Sánchez hubiera
dado por rotas las negociaciones el 14, hubiera esperado 15 días para lanzar
sus perros?
Es más, vayámonos al 18 de agosto, día en que
se produjo el cese de Cayetana Álvarez de Toledo. Entre los motivos del cese,
la ya exportavoz expresó en tercer lugar la preocupación de Casado por la
actitud de Álvarez de Toledo ante el inicio de “una nueva etapa política” a
partir de septiembre, y especialmente en relación a las “negociaciones del
pacto por la justicia”. ¿Por qué Casado hablaba el 18 con Cayetana como si las
negociaciones estuvieran vivas cuando según nos dice ahora estaban rotas desde
el 14? Si Casado ya había roto esas negociaciones cuatro días antes, ¿a qué venía
esa preocupación por la actitud de Cayetana ante unas negociaciones que ya no
existían?
De hecho, más de un medio de comunicación vio
en el cese de Álvarez de Toledo el empujón definitivo para sacar adelante la
renovación del CGPJ. Así El Confidencial publicaba ese mismo día: “Casado
facilita la renovación del CGPJ y del Tribunal Constitucional. El ministro
Campo y López han cerrado el acuerdo, y Lesmes, que irá al Constitucional,
ha presionado al PP para un acuerdo que se facilita tras la destitución de Álvarez de Toledo“.
Al final, como casi siempre, todo es más
prosaico. Ni ataques al Rey ni imputaciones, sino un desacuerdo en el reparto
de sillones y, sobre todo la difícil venta del apaño, que a fin de cuentas es
lo que importa. Parece ser que el acuerdo inicial de Casado con Sánchez era que
se repartían los 20 sillones elegidos por las Cortes a 10 por cabeza, es decir,
10 para el PSOE y 10 para el PP. El tocomocho perfecto, vaya. Pero hete aquí que
en ese momento se cruza Podemos exigiéndole al PSOE que le ceda 3 de sus 10
sillones. Y el PSOE traga, porque Sánchez no es tonto y sabe que dormirá en su
colchón nuevo de Moncloa mientras Iglesias se lo permita.
Y así, en apenas unas semanas pasamos del
amigable chanchullo, sin ruido y por debajo de la mesa, para repartirse los
sillones de la Justicia, a que tu recién cesada portavoz denuncie públicamente
que estás amañando un acuerdo que va en contra de los principios que en teoría
defiende tu partido. Y para más inri, de ese acuerdo que has estado negociando
de tapadillo, resulta que tres sillones van a parar a Podemos. Demasiado
incluso para las tragaderas de Casado. Y por eso, y no por otra osa, el “líder” de la oposición se presenta el día
2 de septiembre en Moncloa con un “no” definitivo a la negociación para la
renovación del poder judicial.
¿Pero es un “no” definitivo o es un “no” de
momento? Que a nadie le quepa duda de que al final habrá acuerdo, y que una vez
más quien perderá será la independencia judicial.