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Desde que Pablo Iglesias se vio en el Gobierno es muy dado a
levantar la chepa por encima de Pedro Sánchez. Y lo hace cada tres por dos, de
ahí que renazcan las tensiones entre los dos gobiernos. Tan solo se ponen de
acuerdo cuando ven peligrar su mamandurria y su sueldo: es inentendible que se
haya torpedeado la comisión de investigación sobre las cuentas y cloacas de
Unidas Podemos y, sin embargo, el socialismo y la ultraizquierda se embarquen
en solicitar una comisión de ese mismo estilo
en el caso “Kitchen” o
renegaran de hacerlo en Andalucía durante la legislatura anterior: el gasto de
dinero público en “mujeres de moral
distraída”, orgías, drogas y corruptelas varias no pareció ser un tema de interés
para el socialismo andaluz. Es una prueba más de cómo entre los dos partidos
coaligados por intereses personales se acusan de corruptos e incompetentes,
pero dan prioridad a mantenerse en la alfombra roja mientras hacer de Pilatos
sigue siendo su principal papel, fruto de la incompetencia reiterada y de la
memez dialéctica.
Para nadie es secreto que a Sánchez le mueven más los
intereses narcisistas que los generales de la nación. Desconoce qué es eso del
concepto nación, como Iglesias desconoce que la alusión “Coletas rata”, aparecida en Asturias, no es acoso ni terrorismo ni
nada de nada sino una alusión a lo que la izquierda considera verdadero y
demostrado: echen un vistazo a las múltiples acusaciones de sus propios
militantes y su exabogado o a las palabras de Errejón en el diario “El Mundo”: “Podemos ya no es el partido que se fundó con objetivos claros y
definidos”.
Es evidente que el dúo “Picapiedra”
es un atentado al sentido común, una bofetada al europeísmo, una
malintencionada interpretación de la ineficacia, un desprecio a la salud y una
patada a la vida de la ciudadanía. Tiempo tendremos de hablar del “amor” demostrado de Pedro Sánchez a ETA,
tal y como quedó patente en el Senado, con lagrimita interesada y genuflexión al
representante y heredero de la banda terrorista/asesina, EH Bildu.
Lo último del presidente ha sido acobardarse ante la nueva
crisis que se avecina. Le está salvando la ausencia de salidas donde la
población puede expresar sus opiniones y, donde ha acudido con público
presente, han predominado los abucheos, insultos y silbidos: recoge lo que ha
sembrado y aún tiene que recoger mucho más porque la siembra ha sido
perniciosa, maligna y malintencionada, incluso con 48.000 muertos a su espalda
por negligencia permanente.
Sánchez ha conformado un Gobierno antisocial que se mantiene en lo económico porque Fátima Báñez dejó
regulados los ERTE en la reforma laboral de la derecha; de no haber existido
eso, no tengo dudas de que los ataques al presidente hubieran sido una constante,
interminables y no exentos de dureza. Pedro ‘Plagio’ sigue en su papel de Pilatos y no hay tema importante del
que no se haya desmarcado, no sin antes telepredicar con la mentira y el
desprecio.
Pedro Sánchez teme el desgaste. Está horrorizado con que
pueda repetirse el que ya sufrió durante la primera fase de la crisis
sanitaria. No quiere ni imaginar que se le puedan volver a ver sus grandes
dotes de ineficacia, negligencia, falta de planificación y mediocres equipos
ministeriales. El faro que alumbra es el de mantenerse en Moncloa a toda costa,
lluevan langostas o nieven estorninos. Estamos ante un personaje incapaz de
asumir sus responsabilidades, de ahí que haya traspasado sus competencias a las
autonomías y repita cien veces eso de la “cogobernabilidad”,
a ver si cuela.
No hay duda de que huye del mando único por miedo a las
presiones e improperios del maestro de escuela, Íñigo Urkullu, y del
progolpista, Joaquín Torra: los presupuestos le atenazan porque no ha sido
capaz de sacar adelante unos desde que llegó como “okupa” a Moncloa. Incluso tiene miedo a las presiones de “Unidas Pandemias” porque si cuela
alguna de sus propuestas otras formaciones se echarán para atrás.
El pijo Sánchez se lava las manos y Pilatos se ve reflejado
en él. Preside –no sé si es el vocablo acertado-- un Gobierno vago, muy vago, y
muestra una descontrolada incompetencia, incapaz de articular nada ni
planificarlo en busca de soluciones a miles de dudas y necesidades. La prueba
es que, hasta finales de 2021 o principios de 2022, no tendrá el dinero de
Europa, siempre que los planes que presente el desgobierno español se adapten a
las exigencias de la Unión. Por cierto, los presupuestos son independientes de
la recepción del dinero.
Los descoordinados gobiernos
nacionales han optado por irse de vacaciones, perder el tiempo y abandonar las preocupaciones
de la ciudadanía. Han cometido los mismos errores que en marzo. Únicamente el
regreso del emérito con presumibles pruebas de corrupción, sedición, violación
y dinero sucio del narco-sangriento gobierno bolivariano, además de las pruebas
de la DEA norteamericana y pruebas de las violaciones a niñas menores (con
embarazos incluidos) por parte del cocalero, Evo Morales (con presumibles
invitados), pueden desestabilizar la ya destrozada política española y comenzar
una era regeneracionista partiendo de la actual degeneración socialcomunista.
Rutte, Marin y Von der Leyen se han hartado de Sánchez, al
igual que la Unión Europea está hasta el pico de la boina de sus baratas
chulerías adornadas con mentirosas guirnaldas.
Jesús Salamanca Alonso