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Casadito


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25/08/2020

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El 21 de julio de 2018 Pablo Casado hacia su entrada triunfal como recién estrenado presidente ante los delegados del XIX Congreso del PP. Para una ocasión así uno no deja al azar la elección de su acompañante, y Pablo eligió a Suárez Illana para entrar de su mano ante el plenario del congreso del partido. El gesto no ofrecía dudas.


La victoria de Casado fue interpretada por todos como un giro a la derecha después del “marianismo”. Por ejemplo El País tituló “Pablo Casado vence en el congreso del PP y consuma el giro a la derecha”. El Mundo decía “Pablo Casado entierra la era Rajoy con el objetivo de revitalizar la derecha”. Han bastado apenas dos años para comprobar que ni giro, ni rearme, ni nada de nada. El marianismo no es que siga vivo con Casado, es que sigue manejando el PP por encima de Casado.

La sustitución de Cayetana Álvarez de Toledo por la sorayista Cuca Gamarra es un claro síntoma, pero no el único. La promoción de Ana Pastor, más marianista que Mariano, las últimas declaraciones apuntando al enésimo “giro a la moderación”, la reducción del ideario político del partido a la economía, o la huida de batallas ideológicas como la protagonizada el pasado 11 de junio a cuenta de la retirada de condecoraciones a un policía por la liberación de dos secuestrados por ETA, son gestos muy significativos de que el marianismo maneja las riendas del partido dos años después de la marcha de Rajoy.

Puede parecer sorprendente, pero desde el principio de la era Casado todo apuntaba a esto. No se habían apagado los ecos del recién celebrado congreso cuando desde el PP valenciano advertían “Casado no hace las listas” (https://www.elmundo.es/comunidad-valenciana/2018/07/24/5b561e18e5fdeaa9738b45a8.html). ¿Cuál fue la respuesta de Casado? Ninguna. 

Desde julio de 2018 Casado ha soportado sin rechistar continuos empujones para llevarle al redil del marianismo por tierra, mar y aire. Sin duda el que más ha hecho en este sentido, el que más ha torpedeado la línea de flotación de Casado desde el día siguiente a su elección como presidente del partido, ha sido Alberto Núñez Feijóo. El delfín del marianismo, el que no tuvo narices a presentarse al congreso para dirigir el partido por un quítame allí esas fotos en la cubierta de un yate, ha sido el constante palo en la rueda hasta conseguir definitivamente este verano que Casado pase a ser Casadito. Es importante recordar esto ahora que en el PP se habla tanto de lealtades y versos sueltos; si ha habido alguien que desde el congreso de 2018 ha ido por libre ese ha sido Feijóo.

En abril de 2019 Feijóo instaba ya a Casado a frenar el “giro a la derecha” (https://www.elplural.com/politica/espana/feijoo-pablo-casado-partido-popular-frenar-giro-derecha_215540102)

En septiembre de ese mismo año, Feijóo contraprogramaba la estrategia de oposición de Casado proponiendo un pacto con el PSOE  (https://www.lavozdegalicia.es/noticia/galicia/2019/09/09/feijoo-coalicion-pp-psoe-espana-resolveria-muchisimos-problemas/0003_201909G9P5992.htm) https://www.elplural.com/politica/feijoo-propone-una-coalicion-pp-psoe_223578102). Hay que recordar que una de las excusas esgrimidas para el cese de Cayetana fue que había pedido un pacto de constitucionalistas; pero el gallego tiene derecho de pernada.

El empujón definitivo que necesitaba el gallego para darle el jaque mate a Casado llegaría con las elecciones autonómicas.

La jugada empezó en la confección de las listas, con Feijóo boicoteando la estrategia de pactos de Casado, que se había comprometido con Ciudadanos. Luego vino la campaña, borrando cualquier rastro de la imagen del partido. Los mítines eran “Feijóo y Galicia” y la presencia de líderes nacionales reducida a la mínima expresión. ¿Qué hizo Casado? Tragar. De nuevo conviene recordarlo ahora que en la dirección del partido se ponen tan exquisitos con las lealtades y los versos sueltos. 

Feijóo reeditó su mayoría absoluta, y con su estrategia dejó claro que aquello era una victoria suya, no de Casado. Por eso tres días después de ganar las elecciones volvía a mandarle un recadito diciéndole que “no iba por buen camino”, acusándole incluso de ir “a remolque Vox” (https://www.elnacional.cat/es/politica/elecciones-casado-exito-feijoo-moderacion_522759_102.html)

En mayo de 2020 un crecido Feijóo volvía a abroncar a Casado “Basta ya de espectáculos parlamentarios” (https://www.lavozdegalicia.es/noticia/galicia/2020/05/29/bronca-feijoo-pp-30000-fallecidos-basta-espectaculos-parlamentarios/00031590767032450204409.htm), decía el gallego en clara alusión a la portavoz en el Congreso. Nadie en el PP hablaba entonces de plantear debates de forma interna en vez de airearlos en los periódicos. Para el gallego en el PP todo vale.

Por eso no es raro que Casado tuviera la mosca tras la oreja en el pasado mes de julio: “Casado no se fía de Feijóo y teme que con su mayoría absoluta exija cambios en la dirección del PP” (https://www.elconfidencialdigital.com/articulo/politica/casado-fia-feijoo-teme-mayoria-absoluta-exija-cambios-direccion-pp/20200710114606148099.html), un titular más que premonitorio y que ha venido a cumplirse a pies juntillas. Feijóo pasaba de las broncas publicadas a mover hilos entre bambalinas, con la inestimable colaboración de trepa García Egea.

Casado se veía así forzado a renunciar a su apuesta por Cayetana, a nombrar portavoz parlamentario a alguien de la candidatura que se opuso a él, y a darle más protagonismo a la marianísima Ana Pastor. Para intentar salvar algo de su maltrecha dignidad como líder (?) del partido, a Casado no se le ocurrió otra cosa que nombrar a su amigo Almeida para un cargo inexistente, sin peso alguno en la estructura orgánica del partido: un pobre canto de cisne para alguien que encarnó para muchos la esperanza de regeneración del partido.

Casado es ya de facto Casadito. Esos militantes que se han esforzado durante dos años en convencer a exvotantes del PP de que el marianismo y el sorayismo eran cosa del pasado, se ven ahora dejados a su suerte. El marianismo sigue gobernando el PP con permiso de un líder hueco que manda menos que Mateo en su boda.

Eso sí, todo muy moderado y extremocentrista.























Etiquetas:   Partidos Políticos

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