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El regreso al “cole” ya está a la vuelta de la esquina y aún tienen deberes
pendientes algunas comunidades
autónomas. Va a ser el comienzo más
atípico que se recuerda. Toda una vida laboral dedicada a la docencia y nunca
he conocido algo igual, como no lo ha conocido ningún docente de mi generación.
La preocupación es máxima entre todos los sectores. El inicio de las clases puede ser de locura:
piensen que estamos en plena escalada de contagios y con nuevo estado de alarma
al acecho. No es de recibo que haya Administraciones vagueando y los políticos-telepredicadores
anunciando otro apocalipsis de arrestos domiciliaros.
Hay padres y asociaciones de padres que han recurrido al defensor del
Pueblo, o figuras semejantes de las comunidades autónomas, en demanda de
garantías para llevar a sus retoños al centro docente. No se debe cargar en los
equipos directivos ni en el profesorado el grueso de la responsabilidad
sanitaria y de todas las medidas que eso conlleva. Veremos por donde sale la
Conferencia de Presidentes sobre el inicio del curso. Lo único gracioso de la
“Vuelta al Cole” es el meme sobre El Corte Inglés, en el sentido de que si no
ha montado campaña este año es porque no habrá vuelta al cole; no deja de ser
macabro, pero ante tanta incertidumbre tampoco viene mal una sonrisa.
Hay temor y preocupación entre los padres y profesorado por si hay que
recurrir a las clases en casa, como ya sucedió al final del curso pasado. Ese temor se incrementa cuando escuchamos que
la mayoría de las comunidades no tienen “Plan B” por si vienen mal dadas. Otras
sí parecen tenerlo y se han volcado en plantear alternativas de forma “online”,
no sin mantener la vuelta al cole de forma presencial, pero conscientes de que
si hay infectados todo el grupo será puesto en cuarentena.
Algunas comunidades sí han dado a conocer su protocolo de seguridad,
pero también es verdad que lo han cambiado tres veces, porque el Ministerio de
Educación se ha desmarcado y echado a dormir. Ese protocolo siempre ha de tener
presente objetivos como fijar espacios seguros, evitar que el alumnado se
“descuelgue” de la educación por la pandemia, establecer distancias
reglamentarias, sistemas de desinfección permanente, ‘grupos burbuja’, reforzar
el personal docente, uso de mascarilla por encima de cierta edad…sin olvidar
las medidas de refuerzo sobre los contenidos del curso anterior.
Confío en que la ministra de educación haya aprendido la lección y lidere
el protocolo nacional al que está obligada, independientemente de que cada comunidad
refuerce sus propias medidas porque ni todos los centros son iguales ni en
todos los niveles se requieren las mismas medidas. Tengo confianza en la
Consejería de mi comunidad porque ya ha demostrado que sabe ser responsable:
soy consciente de que no va a dudar a la hora de organizar los espacios
comunes, las entradas y salidas escalonadas, así como impedir la presencia de progenitores en el interior de las
instalaciones.
Es acertado que cada centro tenga un equipo coordinador, encargado de
adaptar las medidas a la realidad de las instalaciones. Tanto gimnasios como
bibliotecas y otros espacios comunes deben adaptarse a las circunstancias, lo
mismo que trabajar con la afinidad de las materias por parte del profesorado. Y
si, en aras de la seguridad sanitaria de la comunidad educativa, hay que
prescindir este curso de educación física, música, manualidades, actividades
extraescolares, algunas tutorías, deporte escolar…, no pasa nada porque padres
y sindicatos lo van a saber entender. A ver qué piensa la Administración
educativa al respecto.
Quiero pensar que será positivo que ese equipo de coordinación
desarrolle un plan digital por si hay que atender a quienes no disponen de
medios digitales. Y si se implanta un plan de seguimiento, evaluación,
supervisión, asesoramiento y mejora al respecto, pues miel sobre hojuelas. No
está de más fomentar y potenciar herramientas ‘online’ y formar sobre variedad
de dispositivos digitales, incluyendo a las familias que puedan quedar
descolgadas si se suspende la presencialidad.
En los seis protocolos sanitario-educativos de comunidades autónomas que
he leído, se recoge muy acertadamente cuanto hace referencia a desinfección,
limpieza y ventilación. Son medidas preventivas a las que hay que dar valor en
esta pandemia. Las garantías y la salud son fundamentales para todos. Con el transporte
escolar también hay que adoptar medidas tendentes a la desinfección y limpieza.
Las ratios en clase y el cupo en autobuses de transporte escolar son claves,
como lo son las distancias y la protección. Tampoco podemos dejar de lado los
comedores escolares, bien sea con la organización de turnos y con mamparas u
otros sistemas. En esa línea debe ir la
realización de actividades escolares y si hay que suprimirlas temporalmente, en
aras de la seguridad sanitaria, pues se suprimen.
La cuestión de personal docente y de servicios se tiene que
multiplicar. Turnos de mañana y/o de tarde para completar el horario por el
aumento de personal. Insisto en que todos los protocolos tienen que ser claros
y si pueden ser consensuados con la comunidad educativa, mejor aún, porque facilitará
su aplicación y la implicación de las partes.
Esto último es clave por el crecimiento exponencial de los contagios.
En caso de seguir la línea ascendente
actual, lo tenemos crudo. Sería problemático tener que optar por la modalidad
‘online’ desde el principio ya que condiciona muchos otros aspectos familiares:
desde cómo compaginar la atención casera del alumnado con el trabajo de los
cónyuges hasta decenas de aspectos que contempla la organización diaria de la
propia unidad familiar.