Dedicado a los viejos que crecieron solos, bajo las adversidades de la vida y muy en especial a mi viejo.
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El rastro de mapacheEra
un viejo cuaderno que guardaba celosamente, aunque no tenía la menor
idea del significado de los garabatos y las letras que veía en el papel
amarillento, fue un regalo del maestro de la primaria rural, el
abecedario y ejercicios de caligrafía sin resolver, era de alguna manera
para que se motivara a escribir y leer, desde entonces el deseo de
aprender lo acompaño todos ese tiempo al pasar frente a la escuela “Adolfo Ruiz Cortines”, decididamente lo conservó como un tesoro.
A las cinco de la mañana, hora en que levantaban a Miguel, pues a sus
escasos ocho años, ya se entendía con las obligaciones de un adulto, el
trabajo ante todo era primero para comer en esa casa, en la sierra el
frío suele ser crudo, los pies descalzos parecían resentirlo más, los
labios y las mejillas se agrietan a la menor gesticulación por el
inclemente invierno por eso escondía de la tía Águeda, una vieja y roída
manta para cubrirse, mientras le ponían su almuerzo, tortillas, papas
cocidas, sal de grano y salsa para el día.El
abuelo Aurelio preparaba los arreos de los burros cargados con castañas
de encino, llenas de pulque, para entregar en el tinacal.En
camino de la vieja e interminable ladera azulosa sus burros seguidos
de un viejo perro, exhalando vaporcito por el hocico, algunos rayitos
de sol parecían animarlo en su andar taciturno, Miguel para quitarse de
cualquier pensamiento prefería silbar hasta el cansancio, cualquiera a
su lado lo hubiese callado tras unos minutos de haber comenzado su
concierto. Tropezar
con las piedras era uno de los grandes inconvenientes, los bordos
pedregosos que caminaba le causaban dolor y si trompicaba, pues, en
algunas ocasiones prefería sentarse a remediar una uña rota sin
disimular el llanto, por tales consecuencias unos zapatos serian como
una bendición, los imaginaba al andar como si los llevara puestos
cubriendo del frío y de los golpes en la rocas, tal vez la Chavelita,
la niña de las trenzas sí se fijaría en él. Esto
le dibujaba una picara sonrisa en el rostro, que sin aparente motivo
se dibujaba de oreja a oreja lo que provocaba alegría en la gente que
lo veía pasar. Sonreír por unos zapatos, era un pensamiento que no podía eludir en las mañanas.Sus
deseos de ir a la primaria y tener un hogar al lado de su madre que lo
había abandonado desde pequeño, no sabía que era tener un papá que lo
ayudara y protegiera, ya que murió cuando él tenía tres meses de vida,
el abandono a veces le menguaba sus fuerzas pero lo hacia ser fuerte el
orgullo ó coraje, la realidad era llevar el pulque al tinacal una labor
de rutina, trabajo impuesto por el abuelo; raspar la savia de los
magueyales por las tardes para extraer aguamiel, era otra de sus
actividades, pues generaba un ingreso para el sustento familiar,
compuesta entre tías, abuelos y primos, al no haber más recursos la
escuela, era casi un privilegio para pocos niños, las jornadas largas
apenas y podía escapar por las noches con la palomilla, el regreso era
una odisea para que no lo pillaran llegando tarde. “El
pulque bebida ancestral y apreciada por los aztecas y mexicas, solo
los sacerdotes y jerarcas de la gran Tenochtitlán tenían ese privilegio
de beberlo, pues estaba prohibido para la gente corriente de esa
época”.“En
las sierras a falta de agua potable significa una importante fuente
alimenticia por las propiedades de este néctar para los pobladores
mitigando el hambre y la carencias alimenticias de las familias”. Muchas
veces se detenía bajo los árboles frutales, para comer capulines ó
duraznos, mientras los burros se comían algunas mazorcas del los
sembradíos.El
viejo Agapito lo miraba hacer de las suyas tras el solar de su casa,
hasta que una mañana lo llamo con un silbido parcamente entonado.-
muchacho venga pa aca- al caer en cuenta del enojo del viejo, no tuvo
más remedio que acercarse con cierta preocupación por los destrozos de
sus burros. – ¿onde vas chamaco?- pregunto el Don Agapito.-Pos voy al tinacal a dejar el pulque de mi abuelo- contesto MiguelDon Agapito dirigía su mirada vidriosa hacia los burros y sin titubeos le comento, -ira chamaco te voy a dar una zurra porque me estás haciendo destrozos en la milpa-Al escuchar Miguel la amenaza se dispuso a salir corriendo, cuando el viejo le replico-Ora que si quieres que te perdone, tendrás que dejarme todo el pulque que trais-La
amenaza le provoco responder cautelosamente para no irritar más al
viejo Don Agapito que tembloroso por la cruda le urgía hacerse un
ventajoso trato y beber a como diera lugar para mitigar la terrible
resaca.-Pos no señor, si le doy el pulque mi abuelo me va acabar con una vara de ocote- y
ya dispuesto a irse apresuradamente, el viejo Agapito atajo la carrera y
apresurado cambio la estrategia y arremetió proponiendo otro trato mas
suave. -mira
Miguelito como trais a veces harta hambre, te voy a dejar comer los
capulines que quieras cuando pases, si me regalas media castaña de
pulque, qué dices? Sin titubear Miguel contesto meneando negativamente
la cabeza.-no Don Aga yo agarro la fruta madura que está en el suelo- Como siempre, ocultando la verdad para no ser descubierto.Ya desesperado de enfrascarse en una discusión tonta Agapito lanzo la última oferta que tenía preparada. -mira
chamaco, te voy a dejar comer hartos capulines y duraznos hasta
ponerte barrigón cuando pases, pero me vas a dar dos jarros de pulque,-
Miguel seguro de si mismo, le enseño sus tortillas con harto chile pa el
hambre, a lo que arremetió Don Agapito pues la cruda lo estaba poniendo
al borde de la desesperación- mira Miguel dame dos jarros pa mi dolor
de cabeza y yo te dejo comer la fruta que quieras de mis árboles y te
regalo esos zapatos, señalándolos sobre una gran piedra, bajo los rayos
del sol unos zapatos tiesos y desgastados pero de no mal ver para
Miguelito, eso sí un poco grandes para su talla, pero a Miguel le
parecieron en ese momento un buen negocio , la oferta era terriblemente
e irresistible para sus ambiciones , a lo cual respondió Miguel- pero no le puedo dar dos jarros de pulque, si a lo mucho será uno… bueno uno y medio.-Después
del gran trato, no reparo en tomarlos, sin dar las gracias salió
corriendo tras sus burros que ya le aventajaban algunos metros, cuando
por fin vio el momento alcanzo una piedra grande debajo de un árbol
para calzarse los zapatos viejos y sin media suela en ambos, se miraba
claramente a través de ellos pero sin importarle tanto él avanzo con
paso firme y elegante, pero dejando un rastro raro seguía marcando los
dedos de los pies a lo cual con el tiempo sus amigos y conocidos
bautizaran como el rastro del mapache.no
había poder humano para levantar un burro cansado y no le quedaba de
otra a esperar un par de horas las lagrimas al borde de sus ojos, pues
temía la aparición de la llorona, pues los relatos de leyendas de
espantos le paralizaban de miedo, pero más valor le daban sus zapatos
para correr si escuchaba tal espanto, las ocurrencias y las burlas no se
hacían esperar, pues a la mañana siguiente mencionaban de un rastro
veloz que merodeaba por las noches las casas provocando las risas de
sus conocidos.Al
pasar los años Miguel regreso a su pueblo, procedente de México la
capital, con unos zapatos a su medida, y su viejo tesoro que ahí mismo
dejara aguardando por él, pues ya había cursado el tercer año de
primaria, esa tarde con el recuerdo triste de su niñez optó por resolver
los ejercicios de caligrafía de su viejo cuaderno, Camilo su medio
hermano sorprendido de ver que Miguel estuviera escribiendo, balbuceo, a
lo que Miguel , antes supo entender la intención de la pregunta,-
en aquellos años cuando buscaba quien me regalara un lápiz para
escribir en mi viejo cuaderno nadie creyó que lo pudiera hacer, Camilo
creo en ti,- él le extendió de su viejo cuaderno un maltrecho papel y
procedió a deletrear las letras con él.Camilo lo miró a los ojos con un gran sentimiento de respeto - quiero ir a la capital también tal vez con el mismo esfuerzo no me sentiré tan solo,-comento Camilo. Miguel
había ido con la intención de alcanzar a su madre, se encontró con que
había primarias para adultos trabajadores por las noches, por lo que
entendió que su deseo de niño no había desaparecido así con esfuerzo y
zapatos, también se llega lejos, ambos emprendieron su viaje rumbo a la
capital para no volver más.Nuestros padres representan nuestra seguridad cuando somos niños.