El atlas de la vida

Por Ignacio Eufemio Caballero Álvarez.

 

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Vuelvo al hogar, tras unas vacaciones contemplativas y en silencio, y todo sigue su curso. Las luces iluminan las calles en la noche y el sol lo hace también en el reluciente amanecer. Veo a las mismas personas haciendo sus quehaceres cotidianos con delicadeza y dulzura. Oigo los mismos silbidos de los pájaros y el susurro de la hojas mecidas por el viento. Siento el calor estrellado contra mi cuerpo como cada año en estas fechas de verano. Veo las mismas sonrisas y escucho los mismos buenos días de mi vecino. Observo las gotas de agua caer de hoja a hoja después de haberlas alimentado con su primer baño del día.  Leo el mismo libro, con sus mismas hojas y su mismo olor en la misma poltrona. Como y bebo junto a los mismos seres queridos a los que a bien Dios me ha regalado en esta vida para poder amar. 

¿Todo sigue igual? ¿No ha cambiado nada? ¿El que ha cambiado soy yo? La inevitabilidad de lo desconocido me atrapa cada vez que salgo de mi hogar, y eso es bueno. Aprendo, siento y vivo nuevas situaciones y experiencias. Pero cada vez me doy cuenta que las cosas sencillas de este largo camino son las que importan. J. R. R. Tolkien decía: "Si muchos de nosotros dieran más valor a la comida, la alegría y las canciones que al oro atesorado, éste sería un mundo más feliz." ¡Qué razón tenía!

El cambio es parte de la vida y el tiempo es su consecuencia. Antes preguntaba si todo seguía igual, y puede que sí, pero a veces que las cosas estén en el mismo sitio no significa que sigan igual. Tenemos una percepción medianamente errónea. Hay cosas que se renuevan y otras se hacen viejas. Porque el tiempo hace que las cosas nazcan o mueran. Los mismos buenos días de mi vecino, serán iguales cada día,  pero mi vecino será más mayor al pasar los días. Las hojas que nacen en mi jardín serán nuevas cada año y florecerán de nuevo en primavera, pero no serán las mismas. Comeré y beberé lo mismo, pero mis seres queridos serán más mayores, más sabios y algunos solo estarán presentes en el recuerdo. Podré escuchar el silbido de los pájaros, pero no serán los mismos que el año anterior. Mi asiento será el mismo y mi libro también, pero ambos estarán desgastados. El sol tocará mi piel de la misma manera que lo hacía años anteriores, pero será mi cuerpo el que habrá envejecido. 

Por tanto el tiempo hace que todo crezca y muera al mismo tiempo. Todo tiene un origen y un fin. Pero cada instante merece la pena vivirlo. Ya lo dijo el viejo profesor de Oxford: "Sólo tú puedes decidir que hacer con el tiempo que se te ha dado". 

UNETE



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