Defraudación con vales vista

Los relajos o no existencia de ciertos procederes u operaciones de control en una organización pueden conllevar impactos desfavorables que pueden ser no sólo monetarios, sino también reputacionales. 

 


Probablemente de las instituciones financieras, una de las más conocidas, por uno u otro motivo son los bancos. Estas entidades ligadas esencialmente a productos y servicios que buscan responder a requerimientos relacionados con ahorro-inversión y/o financiamiento, han ido evolucionando, proporcionando nuevos productos o servicios, o bien actualizando, más o menos, los ya existentes.

Así, entre esos productos que no han experimentado grandes cambios, encontramos el vale vista, el cual en breve corresponde a un documento que expresa la presencia de dinero en efectivo, y que es tomado por un usuario, también denominado tomador, normalmente con cargo a los valores en una cuenta corriente, y emitido ya sea a la orden o bien nominativo, en beneficio de un tercero.

A diferencia del vale vista, cuando se trata de un cheque, en tanto no se cobre, es un documento que en la práctica es más bien una expresión de intención de pago, y por tanto se corre el riesgo que el documento no esté respaldado por el efectivo que intenta representar, es decir, no hay seguridad plena de su cancelación. Así, como medio de pago, el vale vista está por sobre el cheque.

Sin embargo, el vale vista en los últimos días no ha hecho noticia por lo anterior, sino más bien porque ha sido parte de un fraude en nuestro país,  involucrando de paso a un ilustre banco hispano, ya que unos vales vistas que estaban extendidos a pago por la suma de $49.240 y $47.853 respectivamente, al cobrarlos en otro banco mediante su depósito, y completar la boleta de depósito pertinente, el detalle de valores no se correspondía con la realidad, ya que se indicaron valores por $49.240.000 y $47.853.000. Así, dada la connotación del vale vista como expresión de efectivo, fueron depositados y reconocidos los valores por el funcionario en caja basado en el detalle de la boleta, cobrándose los valores del primero, en tanto el segundo alcanzó a ser retenido.

Al respecto, los bancos constituyen una de las instancias empresariales que gozan de estrictos protocolos de control, que incluyen entre otros verificar, validar y autorizar. En tal sentido, sobre el engaño, hubo un pequeño gran lapsus, pues de manera similar a cuando se recomienda que se debe tener a la vista el documento que se paga cuando giramos un cheque, en este caso al recibirse una boleta de depósito, máxime cuando incluye documentos que son expresivos de efectivo y dada su alta cuantía, merecía dedicar, aunque fuese unos pocos segundos, para su verificación.

Sin duda, para la entidad bancaria afectada lo sucedido debe ser objeto de análisis, reflexión y ajuste en sus procederes, así como también de capacitación hacia sus funcionarios, lo cual probablemente también resulte de interés y atención para otras instituciones que contemplen este producto, a fin de mitigar la eventualidad de tropezar con la misma piedra y generar deterioros no sólo monetarios, sino también reputacionales, de los cuales resulte complicado recuperarse.

Mauricio Andrés Burgos Navarrete 

UNETE



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