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"Poetas y Poesías" Juana Ibarbourou


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28/07/2020


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En un rincón del huerto aromoso y sombrío la velluda hilandera teje su tela leve. En ella sus diamantes suspenderá el rocío y la amarán la luna, el alba, el sol, la nieve.(Fragmento del poema “Melancolía”, Juana de Ibarborou)

“Poetas y Poesías” por Mª Ángeles Álvarez.

Un manto de estrellas envolvía las cálidas arenas del grandioso desierto de Wadi Rum, al tiempo que todos se disponían a regresar a sus tiendas para pasar la noche. Pero mi espíritu aventurero, ese que solo sale una vez cada veinte años, no deseaba ocultarse en una jaima; estaba ansiosa por contemplar el cielo nocturno de Jordania en aquel lugar maravilloso desde el que casi parecía que podía tocarlo con la punta de los dedos.

Sentada en lo alto de una duna, ahora convertida en una suave sombra con la luz de la luna, hurgué en mi mochila viajera y encontré un ejemplar olvidado en el fondo. Era un ensayo que una de mis más queridas amigas me había prestado y yo olvidé devolverle y ahora me acompañaba hasta Jordania. Contaba la historia de una mujer, pero no una mujer cualquiera, sino una poeta e intelectual uruguaya a la que parecía que la vida debía sonreírle pero que, tras esa máscara que de forma artesanal ella misma creó, se escondía un gran sufrimiento.

El libro era “Al encuentro de las Tres Marías” de Diego Fischer, biografía novelada de la gran Juana de Ibarbourou o “Juana de América” como fue conocida en su tierra.

Nacida bajo el nombre de Juana Fernández Morales el 8 de marzo de 1892 en Melo (Uruguay), día muy significativo ahora para las mujeres del mundo, se hizo conocida como Juana de Ibarbourou, tomando el apellido de su marido.

Las Tres Marías, además de tres estrellas en el corazón de la constelación de Orión, que se pueden ver en invierno, fueron también el manto bajo el que Juana vivió sus primeros años y de cuya sensualidad impregnó su poesía hasta el punto de que Miguel de Unamuno, cuando en 1919 leyó la primera obra de Juana, Lenguas de diamante, que ella misma le había enviado para conocer su opinión, le escribió “Una mujer, una novia, aquí, no escribiría versos como los de usted aunque se le vinieran a las mientes y si los escribiera no los publicaría y menos después de haberse casado con el que los inspiró (…) Por eso me ha sorprendido gratísimamente la castísima desnudez espiritual de las poesías de usted, tan frescas y tan ardorosas a la vez”.

Maltratada por su marido y luego también por su hijo, Juana vivió un infierno del que la literatura, y la poesía en particular, la ayudó a huir de  algún modo. Y es que su obra poética refleja un sentido optimista de la vida, expresado con un lenguaje sencillo, fresco y natural y utilizando como tema central el amor al que acompañan la juventud y la belleza.

Con el paso de los años, su poesía se va llenando también de preocupación por otros temas que trae la madurez, como la soledad y la muerte que representan el contrapunto de la juventud y el amor. La noche comienza siendo un tema que evoca el amor para acabar con el tiempo y la edad representando a la muerte.

Pero el motivo más frecuente en su obra es la naturaleza, representada a través de los bosques, los ríos, las selvas, los animales y los elementos: tierra, aire, fuego y, sobre todo, agua.

Sus tres primeros libros, Las lenguas de diamanteEl cántaro fresco y Raíz salvaje, escritos entre 1919 y 1922, son claramente modernistas y en ellos Juana tiende a exaltar la entrega amorosa, la maternidad, la belleza física y la naturaleza, a veces mezclando todos esos temas en una misma composición. Véase, por ejemplo:

Cuando viene a mi lecho trae aroma de esteros,de salvajes corolas y tréboles jugosos.

¡Efluvios ardorosos de nidos de jilgueros,

ocultos en los gajos de los ceibos frondosos!

(Del poema Amor)

Bajo las alas rosa de este laurel florido,amémonos. El viejo y eterno lampadario

de la luna ha encendido su fulgor milenario

y este rincón de hierba tiene calor de nido.

(Del poema Amémonos)

En Lenguas de diamante, dedicado a su marido, se entregó de tal manera a sus poemas que llegó a quedar en un estado casi de vulnerabilidad, lo que se interpretó en un lenguaje erótico que le valió que esa etiqueta la persiguiera toda su vida como poeta, provocando el rechazo de algunos que quisieron verlo como algo indecente.

Silencio en nuestros labios una rosa ha florido.¡Oh, si a mi amante vencen tentaciones de hablar!,

la corola, deshecha, como un pájaro herido,

caerá, rompiendo el suave misterio sublunar.



¡Bajo la luna-cobre, taciturnos amantes,

con los ojos gimamos, con los ojos hablemos.

Serán nuestras pupilas dos lenguas de diamantes

movidas por la magia de diálogos supremos.

(Fragmentos de Lenguas de diamante)

Con Raíz salvaje (1922) se adentró en lo cotidiano y, más tarde, la influencia vanguardista se dejó ver en La rosa de los vientos (1930), con imágenes surrealistas.

Entre 1930 y 1950 publicó tres libros en prosa, regresando a la poesía con Perdida en 1950, obra en la que se aprecia un giro importante en sus versos, tal vez debido a la muerte de su esposo.

Su vida no fue fácil. Adicta a la morfina para tratar de calmar un dolor que más que físico era del alma por lo que le había tenido que sufrir, ello no impidió que su obra fuera tan admirable y espléndida que en aquellos principios del siglo XX no hubo poeta que pisara Uruguay que no quisiera conocer a Juana de Ibarbourou. Así, por su casa pasaron autores como Gabriela Mistral, Juan Ramón Jiménez, Alfonsina Storni o Federico García Lorca entre otros.

No en vano la llamaron “Juana de América”.

Cerramos este post con un poema que, pese a que nos habla de la naturaleza, deja entrever la sensualidad en cada verso, una sublime sensualidad que Juana de Ibarborou logra transmitir con sutileza como nadie.

  Bajo la lluvia¡Cómo resbala el agua por mi espalda! ¡Cómo moja mi falda, y pone en mis mejillas su frescura de nieve! Llueve, llueve, llueve, y voy, senda adelante, con el alma ligera y la cara radiante, sin sentir, sin soñar, llena de la voluptuosidad de no pensar.   Un pájaro se baña en una charca turbia. Mi presencia le extraña, se detiene… me mira… nos sentimos amigos… ¡Los dos amamos muchos cielos, campos y trigos! Después es el asombro de un labriego que pasa con su azada al hombro y la lluvia me cubre de todas las fragancias de los setos de octubre. Y es, sobre mi cuerpo por el agua empapado como un maravilloso y estupendo tocado de gotas cristalinas, de flores deshojadas que vuelcan a mi paso las plantas asombradas. Y siento, en la vacuidad del cerebro sin sueño, la voluptuosidad del placer infinito, dulce y desconocido, de un minuto de olvido. Llueve, llueve, llueve, y tengo en alma y carne, como un frescor de nieve.



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