Una Convulsión sin cura.



En los últimos días una masacre invisible pinta el cielo de sangre. Los medios de comunicación parecen nutrirnos, pero de paradójica descomposición. Una pregunta a diario y sin respuesta es: ¿Cuándo acabará esta época de frialdad, congestión y desmesura? ¿Será que volveremos a ser los mismos?  Nos estamos desprendiendo capa por capa, nuestra mente parece un tornado constante, en el que algunos parecen asumirlo y otros permanecen aterrados; Esto se califica como una pesadilla interminable: Un incremento de contagios diarios, cifras escandalosas, varias versiones de los hechos, sistemas de gobiernos que desalientan, una vigorosa industria farmacéutica que se acrecienta y un sistema de salud que colapsa.                   

 


   Una ruleta rusa de intrepideces irracionales nos gobierna. Una larva que nos come el cerebro y un cáncer emocional que nos mata.        

El mundo convulsiona con nosotros, se dice que la crisis ha sacado lo peor de cada persona. ¿Pero quiénes somos?  Una semilla que germinó, seres racionales, con raíces definidas, esto no sacó lo peor de nosotros, esto solo demostró quienes somos y cómo desafiamos tal fatalidad, que nos hizo pensar que nunca seríamos vulnerables.  

¿Cómo lo asumimos? Nos define como ser humano, ser empáticos, respetar las normas, abrazar al desahuciado, no contaminar el aire con palabras hirientes, ayudar al que carece, amarnos y amar a todos, es lo que el mundo necesita. Una guerra invisible, nos limita, pero también nos inmuniza, quien sabe enfrentar el peor caos y logra salir victorioso podrá con el duelo del futuro. Hoy seguro estaremos perdiendo mil cosas materiales, hoy nuestro estómago está vacío por el hambre, pero seguiremos peleando por nuestra vida. No existen manuales que nos preparen para enfrentar tal adversidad, pero es nuestro comportamiento la cicatriz que tendremos que mirar el resto de nuestra vida, podríamos morir mañana, pero nuestros actos son inmortales.  Una cárcel con llaves de salida nos sigue ocasionando ansiedad, pero nuestro corazón aún sigue vibrando, una simple dosis diaria de paciencia para nuestra conciencia nos podría regalar 2 minutos más de vida.

Un delito sin culpables y miles de muertes sin castigo.

 ¿ Victimas o afortunados por el sistema?.

LR. 2020



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En los últimos días una masacre invisible pinta el cielo de sangre. Los medios de comunicación parecen nutrirnos, pero de paradójica descomposición. Una pregunta a diario y sin respuesta es: ¿Cuándo acabará esta época de frialdad, congestión y desmesura? ¿Será que volveremos a ser los mismos?  Nos estamos desprendiendo capa por capa, nuestra mente parece un tornado constante, en el que algunos parecen asumirlo y otros permanecen aterrados; Esto se califica como una pesadilla interminable: Un incremento de contagios diarios, cifras escandalosas, varias versiones de los hechos, sistemas de gobiernos que desalientan, una vigorosa industria farmacéutica que se acrecienta y un sistema de salud que colapsa.                   

 


   Una ruleta rusa de intrepideces irracionales nos gobierna. Una larva que nos come el cerebro y un cáncer emocional que nos mata.        

El mundo convulsiona con nosotros, se dice que la crisis ha sacado lo peor de cada persona. ¿Pero quiénes somos?  Una semilla que germinó, seres racionales, con raíces definidas, esto no sacó lo peor de nosotros, esto solo demostró quienes somos y cómo desafiamos tal fatalidad, que nos hizo pensar que nunca seríamos vulnerables.  

¿Cómo lo asumimos? Nos define como ser humano, ser empáticos, respetar las normas, abrazar al desahuciado, no contaminar el aire con palabras hirientes, ayudar al que carece, amarnos y amar a todos, es lo que el mundo necesita. Una guerra invisible, nos limita, pero también nos inmuniza, quien sabe enfrentar el peor caos y logra salir victorioso podrá con el duelo del futuro. Hoy seguro estaremos perdiendo mil cosas materiales, hoy nuestro estómago está vacío por el hambre, pero seguiremos peleando por nuestra vida. No existen manuales que nos preparen para enfrentar tal adversidad, pero es nuestro comportamiento la cicatriz que tendremos que mirar el resto de nuestra vida, podríamos morir mañana, pero nuestros actos son inmortales.  Una cárcel con llaves de salida nos sigue ocasionando ansiedad, pero nuestro corazón aún sigue vibrando, una simple dosis diaria de paciencia para nuestra conciencia nos podría regalar 2 minutos más de vida.

Un delito sin culpables y miles de muertes sin castigo.

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