Mi hija se llama Fátima. Nació el 13 de mayo, por eso la bauticé con ese nombre. Por eso, y porque me encomendé a la Virgen de Fátima cuando m’ija estaba por nacer. Los dolores del parto empezaron durante la noche del 12, y no había carro que me llevara al hospital. Le llamé a mi suegra, ella había sido partera en su tierra, y se apareció en la casa acompañada de dos vecinas. Ella dice que en la madrugada creyó que me iba a morir, tenía la temperatura muy alta. Cuando llegó mi marido, que en paz descanse, yo ya no reconocía a la gente. Entonces, agarró una imagen de la Virgen de Fátima, la puso al lado de la cabecera, prendió una veladora y se salió. Allá afuera, me contaba después, se puso a llorar. Yo un año antes ya había perdido un bebé…



