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Un pasado en el presente: análisis a la realidad actual de Latinoamérica


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12/07/2020


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 Comenzando la pandemia previa al confinamiento cuando todavía se podía estrechar las manos, alcancé a realizar unas compras en el supermercado ya estaba en fila para cancelar cuando por azares de la vida me encontré con un gran amigo de muchos años, nos saludamos, nos pusimos en sintonía en varios temas, en fin, hablamos de muchas cosas, entre ellas, abordamos la situación mundial que ha generado el covid-19 y las consecuencias que se venían. Después de una breve pausa, hubo un silencio que nos llevó a recordar nuestra vida hace 25 años atrás, luego hicimos remembranza de las historias, los juegos y los amigos de aquella época, definitivamente éramos felices sin darnos cuenta.  Lo que nunca pensamos y lo que nunca se nos pasó por nuestra mente es que estaríamos viviendo el  caos mundial por un virus mortal que está acabando con la vida de muchos seres humanos, al final, cuando nos despedimos quedamos en vernos una vez más, pero como todos sabemos, no ha sido posible, entonces, estando ya en mi casa me quedé pensando al respecto y se me vinieron a la mente montones de ideas mientras preparaba la clase para mis estudiantes. El tema que estaba planeando era la literatura precolombina, la conquista de los españoles y la colonización. Entonces pensé que toda esa historia de los españoles con los indígenas sería letra muerta y aburridora si no le hacíamos un análisis a ese hecho que determinó la historia de nuestro continente.

 

Hace un poco más de 500, cuando los españoles arribaron en sus robustas naves a Mesoamérica, motivados por el ferviente deseo de descubrir nuevos horizontes y colonizar nuevas tierras se encontraron con una población primitiva e inocente, era entonces una forma de vida primitiva que sobrevivía ante las condiciones impuestas por la naturaleza, su lenguaje no estaba desarrollado, su medio de comunicación se basaba en lenguaje de señas y sonidos poco articulados. A pesar de eso, ya habían desarrollado diferentes habilidades, entre ellas: la caza, la pesca, sabían cocinar y vestirse con prendas hechas de piel de animal, incluso, muchos historiadores afirman, que, para ese entonces, existían indicios de pequeñas organizaciones sociales, en fin, estaban realizando lo que correspondía a su etapa evolutiva, sin embargo, todo el esfuerzo que hicieron por evolucionar se esfumó, pues lo inesperado ocurrió, ya que aquel primer encuentro entre indígenas y españoles fue el suceso que marcó la historia de ambas civilizaciones generando así todo tipo de cuestionamientos al punto de replantear la existencia misma. A partir de allí, un sinnúmero de interrogantes se generó en el campo cultural, social y religioso pues es lógico entender que sus sentidos acostumbrados al contacto con la selva espesa no estuvieran listos para observar lo que tenían delante; en otras palabras, los indígenas, dieron un salto en el tiempo de muchos siglos hacia el futuro, pero si les dabas un arcabuz o un trabuco no sabrían cómo usarlo ya que no fueron armas fabricadas por sus manos, lo que modificó la línea evolutiva y temporal para siempre.

 

Ahora bien, ¿A qué viene toda esta historia si la mayoría la conocemos? se supone que todos la sabemos o deberíamos conocerla, de hecho, en los colegios tienen implementadas esas temáticas en sus currículos educativos, por lo que me atrevo a afirmar que la mayoría tenemos idea de qué se habla en este texto. No obstante, hay elementos de esta historia que todavía están escondidos, algo que probablemente no se ha dicho; algo que impide osarnos en ir más allá de las letras, de los libros, no sé, pero parece una especie de miedo que nos invade el ser al grado de llevarnos a desconfiar de nosotros mismos suprimiendo cualquier deseo que radique en el subconsciente. El temor a que contextualicemos esa historia con la realidad que yace en los libros de historia podría ser la llave que abriría la puerta a un mundo mejor, mientras tanto, si nos mantenemos en el estado de confort la conciencia misma denunciará que nuestro actuar en la sociedad ha sido mediocre o cómplice por dejar las cosas tal cual como están. No necesitamos policías ni jueces para que nos culpen por querer ignorar lo que pasa a nuestro alrededor, la conciencia nos dirá día y noche que aún estamos escondidos en las sombras esperando a que alguien o algo nos diga qué hacer cuando tenemos la plena certeza de qué es lo correcto. 

 

A este punto, parece que todo es muy confuso, lo que se pretende es conectar dos momentos que han sido cruciales de nuestra historia: el pasado con el presente, por lo que es necesario preguntar ¿Qué tiene que ver aquella historia de la conquista y la colonia que aprendimos en el colegio con la realidad actual? ¿Cómo ver esa historia con ojos diferentes? Pues bien, tiene que ver mucho, ya que nos encontramos con dos mundos distintos; por un lado, tenemos una nación desarrollada que navegó de un continente a otro, que además fabricaba armas, vestimentas finas, incluso tenían intensiones de adoctrinar al pueblo por medio de la religión, es decir, para ese entonces era una sociedad estructurada con objetivos claros, en cambio, por el otro lado, tenemos una comunidad indígena primitiva con algunos avances,  pero que  todavía creía  que cuando se oscurecía en pleno día, el sol y la luna estaban procreando y  no se podía mirar, razón por la cual muchos de ellos no se quedaron ciegos. Contrariamente, en el viejo continente, estudios astronómicos tenían otra versión la cual argumentaba que esa supuesta procreación es solo un fenómeno natural llamado eclipse que ocurre cada determinado tiempo. La brecha tan gigantesca de conocimiento que separaban a ambas civilizaciones es tremenda. ¿Existe aún esa brecha?

 

Ahora bien, retomando los tiempos de conquista y la colonia ¿cómo habrá sido la impresión en el que por primera vez un indígena de hace 500 años atrás ve como un trozo madera gigante se avecina hacia las costas flotando sobre el agua? Imagino que tuvo que haber sido una escena épica, los lugareños debieron quedarse maravillados y a la vez confundidos, ya que nada de lo que percibían sus sentidos se ajustaban a sus patrones y estándares. Sin embargo, viendo nuestro presente, puedo inferir que hoy en el 2020 tenemos la misma reacción, lo que intento explicar es que aún se repite ese momento una y otra vez, es decir, aún seguimos pasmados, aún nos miran como los conquistados.  pero ¿por qué después de tantos siglos aún seguimos sorprendiéndonos con tanta facilidad? La respuesta es muy obvia, pues desde el momento en que el indígena tomó un arma, una cuchilla o una espada no elaborada por su ingenio, renunció inconscientemente a crear y por ende a evolucionar. En otras palabras, les arrebataron los que les tocaba por derecho, el derecho a evolucionar. 

 

 

 

Ciertamente, ese momento marcó nuestro proceder, nos acostumbramos a recibir y consumir, en vez de crear. ¿Será que estamos condenados eternamente a quedarnos en las sombras? ¿Hasta cuándo resistiremos la opresión de nuestra conciencia?  Una muestra de ello es la situación que vivimos actualmente. La pandemia. El COVID-19 el enemigo silencioso y mortal del siglo XXI que ha acabado con la vida de más de 500 mil seres humanos y de haber infectado a más de 10 millones en todo el mundo, según la O.M.S. Lo más curioso de este virus, es que se descubrió a finales de 2019 en continente asiático, en Wuhan, China, que por la distancia nunca se esperó que tocaría Suramérica, aun así llegó, no obstante éramos conscientes de su peligrosidad, teníamos ventaja y pudimos tomar medidas al respecto, sin embargo, ¿Por qué llegó el virus si sabíamos que era mortal?  ¿Acaso no se vio en las noticias el índice de mortalidad en Europa? ¿No son España e Italia potencias mundiales que sufrieron lo peor del Covid-19? Es irónico decirlo, pero hoy en día no somos iguales, evolucionamos, somos mejores porque recibimos educación pero ¿Qué nos falta?

Respecto a lo anterior, es precisamente el temor al cuál no queríamos enfrentar, la verdad de que se pudo haber evitado, de que se pudo haber contenido. Hoy, por ejemplo, Colombia es uno de los países de Latinoamérica con más contagios por día, ya no es momento de culpar, por el contrario, es hora de cambiar de mentalidad, es momento de asumir con responsabilidad lo que nos toca y con esto no me estoy refiriendo a ningún político, hablo de todos nosotros.

 

Para finalizar, pienso que la historia, si se olvida, deja de ser historia, tenerla presente y revivirla para contextualizarla nos ayuda a interpretar situaciones como la que estamos sufriendo. Conectar los hechos del pasado con momentos del presente trae enseñanzas a nuestra vida. No se trata de culpar, parece que lo es, aunque no, lo que pasa es que cuando nos hablan con la verdad nos volvemos algo hostiles, pero estemos tranquilos, no nos alarmemos, es solo un mecanismo de defensa inconsciente del ser humano que poco a poco irá asimilando que en realidad estamos llamados a ser mejores. ¿Qué nos depara el futuro? No se sabe, lo que si no puede volver a pasar es caer nuevamente en el error de esperar a que las cosas pasen. ¿Qué habría sido de nosotros si no nos hubieran conquistado y por el contrario hubiéramos sido nosotros los que inveteramos lo que hoy compramos a otros países? Nadie lo sabe, ya para qué, no importa, la historia no la podemos juzgar, lo que sí está claro, es que no nos podemos conformar tan fácilmente, no es suficiente con que nos digan que la tierra es redonda y achatada en los polos o por ejemplo, cuando nos enseñan que el agua moja  no nos atrevemos a cuestionar, por un instante, si es así como nos lo plantean; se trata de ir más allá de lo que nos enseñan, saber el por qué y las razones de ese por qué, es nuestro compromiso moral complementar lo que aprendemos. A pesar de todo, sabemos que tenemos la oportunidad de comenzar una vez más y vivir el hoy sin aferrarnos al pasado pero teniéndolo presente, es momento de salir de las sombras. 





Etiquetas:   América Latina   ·   Análisis   ·   Pandemia

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