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Twitter y los funcionarios publicos


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17/10/2011

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Confesiones.


 

 

No cabe duda que las transformaciones tecnológicas impactan en todos los ámbitos, su influencia ha promovido profundos cambios de conducta en el ser humano y estos se trasladan al desempeño de sus actividades, al grado incluso de establecer una dependencia casi absoluta de ellas, el mejor ejemplo el uso de las redes sociales.

Estas plataformas han alcanzado un nivel de importancia tal que se han vuelto herramientas de trabajo para una gran mayoría de segmentos, por supuesto incluidos el servicio público y la política, sin embargo su utilización como suele suceder al principio de las cosas, por no estar debidamente regulada fomenta que su manejo se preste a una enorme diversidad de criterios, que como en estos ejemplos se orientan a la desviación y al abuso de su sentido original.

Nos referimos particularmente al Twitter cuya irrupción ha generado un fenómeno de comunicación democrática y libre, cuya trascendencia impacta ya en el desarrollo social, característica que ha vuelto materialmente obligatoria la participación en esta red social, sobre todo para las figuras públicas, especialmente para los funcionarios gubernamentales y políticos, objeto ambos de este análisis.

Estamos hablando solo para ponerlo en perspectiva, a pesar de que no existe una fuente totalmente confiable de medición, que en promedio a mediados de este año en nuestro país el registro de usuarios en Twitter rebasaba los cuatro millones y medio de cuentas, con un pronóstico de crecimiento del doscientos por ciento para la segunda mitad del año, es decir que se prevé que al final de este año, lleguen a ser más de diez millones.

De esas cuentas novecientas sesenta mil se consideran como las más relevantes ya sea por la cantidad de menciones que generan cotidianamente o por el número de seguidores con las que cuentan, pensando que para que una cuenta en Twitter se considere medianamente influyente debe al menos rebasar los mil seguidores y su importancia aumentara proporcionalmente al incremento de estos.

Estas cifras nada despreciables han captado poderosamente la atención del mercado político, por su impacto y evidentemente por su bajo, casi inexistente costo de operación.

Ahora bien, evidentemente los políticos o funcionarios en un principio orientaron el uso de esta red social al manejo de información exclusivamente relativa a su desempeño oficial, sobre todo entendiendo que esta es una herramienta de comunicación y difusión de sus actividades, partiendo de la base que la información personal que se enlista en el perfil publico hace entender que la cuenta de usuario en Twitter corresponde a esa característica y es digamos oficial.

Lamentablemente como mencionábamos al no existir una regulación al respecto, una inmensa mayoría de políticos y funcionarios, sobre todo de los estados, comenzaron a utilizar sus cuentas, aun y cuando en estas se presentan como tales y no a titulo estrictamente personal, en donde en todo caso serian libres de escribir lo que les plazca, para publicar sus actividades privadas, gustos, preferencias, costumbres y más grave aun opiniones políticas.

En Quintana Roo es cotidiano y común, que el uso del twitter de los principales líderes políticos y empleados gubernamentales, se malgaste en la exposición de esas actividades personales, sus horarios y rutinas de gimnasio, los restaurantes que frecuentan y lo que allí comen y demás ocurrencias, pero sobre todo insistimos, abusando de la plataforma democrática que otorga la red, un espacio para la crítica política, sobre todo en contra de adversarios de otros partidos, violando los preceptos de moderación institucional que deben regir su comportamiento como autoridades.

Peor aún sobre ponderando el ejercicio de sus acciones oficiales, independientemente del evidente exceso del tiempo que utilizan para ello, al grado incluso que puede hasta parecer ridículo como muchos de ellos, anuncian o repiten una notificación de otro, cuando por su escaso número de seguidores, la información no trasciende a mas de pequeños grupos, de ellos mismos. Información que no se ramifica a la sociedad.

Ejemplo, cuando alguno informa participar de la colocación de una primera piedra de alguna escuela y hospital y sus seguidores están todos en el mismo evento presenciando lo mismo, o acuden a una reunión de trabajo y los únicos que se enteran por Twitter son precisamente los demás convocados a la misma.

El retuiteo de todo cuanto el gobernador, los alcaldes o los secretarios de estado escriben, mas para quedar bien con ellos que por extender el mensaje, que de cualquier forma solo se repetirá entre los mismos receptores y no llegara a casi nadie desde sus cuentas.

Eso sin contar que además de compartir el dato, lo equiparan al hecho de que esa acción cambiara el rumbo del desarrollo del estado, una forma de autocomplacencia que no pasa más allá de los compañeros de trabajo.

Porque no solo se trata de que estos servidores públicos tengan un escasísimo número de seguidores, sino de que la exposición de sus actividades privadas no le interesa realmente a la sociedad, no son ni artistas ni deportistas connotados y si generan el repudio por el abuso de la posición oficial para relatar sus anécdotas particulares, la soberbia que no acepta critica en cuanto a las acciones gubernamentales, sin contrastar resultados.

Un ejemplo claro de este abuso, los diez mil pesos mensuales que eroga de los recursos públicos el presidente del tribunal de justicia del estado, Fidel Villanueva, para pagar un asesor de twitter, cuando este supuesto asesor además no tiene más de cuatrocientos seguidores, casi todos funcionarios públicos, es decir sin la mas mínima influencia y peso.

Si bien es cierto que el uso de Twitter puede significar una alternativa eficiente de difusión, para que esto suceda necesariamente debe contrastarse con el universo de atención correspondiente, es decir el número de seguidores que podrán enterarse de los datos expuestos.

No tiene pues ningún sentido informar acciones y mucho menos aprovecharse del cargo oficial que se ostenta, para hacer saber si el funcionario le va a un equipo deportivo o si está o no de acuerdo con el resultado de su último partido, si los únicos que podrán acceder a ello son también quienes están en la misma situación, porque entonces el asunto se reduce a un acto de mera vanidad.

Un  desatino que no corresponde a la seriedad y el compromiso con la función que se desempeña y que solo desnuda la ausencia de responsabilidad de una clase política inmersa exclusivamente en sus propios intereses, que abiertamente desafían a la sociedad a la que se deben, cobijados en la impunidad y como señalábamos en la autocomplacencia, ahora con el Twitter como una pieza más de su arrogancia.

 

guillermovazquez991@msn.com

twitter@vazquezhandall  

Etiquetas:   Twitter   ·   Funcionarios Públicos

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