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La pandemia debilita el sistema político con fantasmas del pasado


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12/06/2020


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Creíamos que las grandes epidemias eran cosa del pasado; que la tecnología digital y la conectividad podían resolver cualquier situación, que el sistema político funcionaba bajo la sombra de la democracia; que la economía era poderosa, los mercados invencibles y sobre todo, que cuestiones sociales como el racismo y la discriminación estaban superados o a punto de hacerlo.


Pero todo eso era pura ilusión. El coronavirus nos ha demostrado que la realidad es muy diferente a lo que nos imaginamos –o nos hicieron creer- y que al menos en el corto plazo, los fantasmas más temibles como la indignación social, la pobreza, desempleo y por supuesto la COVID-19, nos estarán torturando de manera permanente.

Lo significativamente importante de esto es que va afectar a todo los países. En redes sociales circuló una imagen donde aparecen personas con cubrebocas y uniformes de personal médico –al menos eso parece-, con letreros donde se lee la frase: “No votes otra vez por idiotas. Ayúdanos”.

No tiene ninguna referencia sobre el país al que se refiere o dónde se encuentran esas personas, pero pareciera que aplica indistintamente al lugar desde donde se lea. Suponiendo que el tema es la pandemia –o al menos esa sería la interpretación más cercana por el momento que pasamos-, la lista de gobiernos y de gobernantes a los que se les puede achacar esta frase es muy largo.

Comenzando por Donald Trump; Jair Bolsonaro en Brasil; Boris Johnson en Reino Unido; Pedro Sánchez en España; Giuseppe Conte y Mateo Salvini en Italia; Sebastián Piñera en Chile; Martín Vizcarra en Perú; Vladimir Putin en Rusia; Lenín Moreno en Ecuador; AMLO en México; Recep Tayyip Erdogan en Turquía; Emmanuel Macron en Francia; Angela Merkel en Alemania o Justin Trudeau de Canadá.

Esto solo tomando como referencia que son los países con más contagios o defunciones por el coronavirus, con lo cual muchos de sus ciudadanos han de pensar que no tomaron las decisiones correctas en materia de política sanitaria para frenar la pandemia.

El punto de referencia es que sin importar la tendencia ideológica o las políticas de gobierno, todos han sido elegidos bajo principios democráticos, en las urnas y con el aval de la mayoría de sus ciudadanos. Algo que en teoría les da legitimidad y credibilidad.

¿Pero de verdad ellos son los únicos culpables de lo que estamos viviendo? La respuesta es no. Esos “idiotas” –como dice la imagen- pueden ser los legisladores, representantes sociales, mandatarios locales y toda aquella autoridad que haya sido elegida en un proceso electoral. Entonces la lista es enorme y contempla a todos los personajes de la súper estructura del sistema político.

En ese sentido, la pandemia vulneró la confiabilidad de las autoridades, las instituciones y los gobiernos. Evidenció la enorme distancia que ha existido en las últimas décadas entre la sociedad y los políticos, así como la poca representatividad popular en las instituciones; mostró cómo sus decisiones basadas en teorías económicas desmantelaron el sistema de salud –de todos los países-; pero además la desigualdad, la falta de oportunidades y los abusos del poder, han reactivado el encono social.

El sistema actual no pudo responder ante la crisis sanitaria, tampoco frenar la caída en picada de la economía; mucho menos para garantizar atención médica a todo el que lo necesitara; apenas y tiene estrategias para paliar el desempleo de millones de personas y no tiene manera de evitar que entre 70 y 100 millones de personas en todo el mundo (de acuerdo a cifras del Banco Mundial) caigan en pobreza extrema derivado de la pandemia.

Otro aspecto fundamental que puede modificar el escenario político y social de muchos países, es que los gobiernos tampoco tienen manera de responder proactivamente a las demandas en contra del racismo, la discriminación, la violencia contra las mujeres y en general, a todas las protestas sociales.

Evidentemente esto tiene sus matices, ya que los países de renta alta o de menor desigualdad social, podrán enfrentar esto de mejor manera, pero las naciones en donde históricamente ha existido la pobreza y males endémicos como la discriminación y el racismo, o en donde las diferencias étnicas y culturales son muy marcadas –por la migración o por los pueblos originarios- las cosas pueden empeorar significativamente por la combinación de estos factores.

En el plano científico apenas están descubriendo los secretos del coronavirus, la COVID-19 y sus efectos en el organismo; pero lo mismo está pasando en el ámbito social, donde la pandemia ha destapado agüeros que habían sido maquillados pero seguían ahí, a la espera de que algo inesperado sucediera para volverlos abrir y demostrar que a pesar de que la gente supone que elige en las urnas al mejor o en su defecto a los “idiotas” -depende desde donde se mire-, hay algo que no funciona en el sistema y que de alguna manera se tendrá que resolver, antes de que las cosas empeoren y todo se vuelva más dramático aun.







Etiquetas:   Economía   ·   Política   ·   Pobreza   ·   Sociedad   ·   Coronavirus

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