¿Los adolescentes sin móviles no somos nadie?



A día de hoy, un adolescente depende de su móvil. A veces de una forma consciente, pero normalmente, no. Sin él, se ve desprotegido e incluso incompleto. Sin embargo, es completamente normal esta sensación. Un adolescente piensa que tiene su vida ahí ya que proporciona todo a lo que un adolescente inmaduro puede aspirar: relaciones exteriores, entretenimiento, etc. No obstante, hay personas que también lo consideran “su vida”, pero realmente lo es.

. A veces de una forma consciente, pero normalmente, no. Sin él, se ve desprotegido e incluso incompleto. Sin embargo, es completamente normal esta sensación. Un adolescente piensa que tiene su vida ahí ya que proporciona todo a lo que un adolescente inmaduro puede aspirar: relaciones exteriores, entretenimiento, etc. No obstante, hay personas que también lo consideran “su vida”, pero realmente lo es.
Una persona que ama escribir, por ejemplo. Las “Notas” del móvil le evitan tener que cargar con una libreta, esa aplicación de Notas puede significar todo para él o ella. Puede ser su forma de vida, su forma de contarla incluso. Entonces ahí sí que tendría la vida en él. Son casos excepcionales sí, pero sin llegar a este extremo hay otras muchas razones por las que pasarse horas y horas frente a la pantalla. 

Los adultos piensan que estamos perdiendo el tiempo, pero realmente no tienen idea de todo lo que hacemos cuando lo usamos. Porque no siempre estamos viendo Instagram o vídeos que no valen para nada, según ellos. Mucha gente pasa la mayor parte del tiempo en redes sociales, es verdad; pero también hay otra mucha que lo usa como herramienta de conocimiento. Internet es sin duda, una fuente de conocimiento muy potente. E incluso, si no se usa con este propósito, ¿por qué hay que considerar su uso “una pérdida de tiempo”? Ver vídeos relacionados con los intereses de cada uno no es perder el tiempo y si uno disfruta así ¿por qué criticarlo?

Entiendo que los adultos tengan ese concepto de nosotros, que piensen que no somos nadie sin un móvil en la mano. Ellos no vivieron su juventud de la misma manera que nosotros. No obstante, no me parece adecuado que estén constantemente diciéndonos lo bien que lo pasaban ellos sin tanta tecnología. Esa no es la forma. Estamos realmente  cansados de su reiteración. Quizás, si en vez de decírnoslo, nos lo mostraran, cambiaría nuestro parecer. Además, ellos también deben comprender que es la realidad de hoy en día, que a sus hijos les tocó la generación de las tecnologías. Deben adaptarse. 

Por otra parte, ya es hora de asumir que no solo nosotros, los jóvenes, estamos pegados a las pantallas. Ahora también los adultos abusan de su uso e incluso los usan para entretener a sus hijos.  Con unos padres así, ¿como no va a salir el hijo adicto? 

Y sí, es verdad, un móvil constituye una arma para quien no es suficientemente responsable para usarlo. Se puede llegar a hacer mucho daño. Pero la solución está en educar debidamente, nuestros padres deberían inculcarnos valores. Soy consciente de que unos padres no tienen completo control de lo que hace su hijo, pero eso no es si no, que falta de confianza y relación entre ellos. Los progenitores no pueden llegar a ser sobreprotectores o controladores, pero sí tienen la obligación de saber cómo es su hijo. Simplemente se trata de conocerlo, por dentro y por fuera. No confiar en lo que dice, si no en lo que no expresa. Así, un padre o madre tendrá más posibilidades de saber qué clase de hijo tiene y a qué atenerse.

Los móviles son lo que nosotros queramos que sean. Depende de la persona que se convierta en una arma o en una herramienta. Lo que está claro, es que un adolescente educado adecuadamente sabe hacer un buen uso de él a la vez que dejarlo cuando la situación no lo requiera. Y, por supuesto, sabe compaginarlo con todo lo demás.






Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF


UNETE






  • linkedin facebook twitter
  • ©reeditor.com
  • Todos los derechos reservados
  • Avisos Legales