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La mujer : hacedoras de paz desde el empoderamiento pacifista.


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02/06/2020


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La paz, un concepto asumido desde la formación del género.

El concepto de paz a lo largo de la existencia humana, se ha entendido como el estado ideal definida con varios sinónimos como Tregua de guerra. Sosiego tras un litigio o desorden. Descanso tras cualquier conmoción. Reconciliación de las diferencias, (Rapoport, 1999). Sin embargo, el concepto de paz debe ser entendido más allá de asociaciones al margen de conflictos, para ello es importante abordarla desde sus orígenes y entenderla como un concepto indispensable en la vida de cualquier Estado. 

La mujer ha sido la representación de la paz durante su aparición en la historia occidental, nació con atributos femeninos en la Grecia antigua, donde se le personifica con la diosa Eirene, que trae consigo la prosperidad y el bienestar, imagen que a través de los diferentes estadios de la historia humana, ha atravesado un complejo simbolismo que la asocia con la construcción de contextos fundamentados en relaciones de género; de acuerdo a Cándida Martínez, (1998), el género hace parte esencial de la paz, a la que se le ha considerado como femenina, desde la antigüedad hasta el presente, con diferentes adaptaciones que obedecen a la evolución de la noción de paz; de esta forma se puede decir que en la semántica que asiste a la paz, su asociación con el género femenino no es arbitraria, teniendo en cuenta que obedece a una construcción social donde le son asignados unos roles a las mujeres dentro de las sociedades modernas, de manera convencional,  (Martínez, 2000).

La asociación entre La paz y las mujeres obedece a la relación que existe en la idea de la abundancia y fertilidad, que son paridas por ambas, esta asociación entre conceptos deja entrever un interrogante importante, ¿son las mujeres por naturaleza seres pacifistas o lo son por exigencias de la sociedad?; frente al anterior interrogante se puede establecer que la favorabilidad de las mujeres ante la paz, está en su propia función de género, hace que la Paz esté presente en ellas, sin embargo, no es regla obligatoria lo indisociable entre feminismo y pacifismo, a pesar de su relación estrecha durante los siglos XIX y XX, (Diez, 2001).

De acuerdo a lo anterior, al destacar la relación genérica de la Paz con las mujeres, se puede dilucidar una relación tradicionalista donde la guerra se ha masculinizado, donde se delega el poder de las armas en las manos de los hombres, exigiendo de estos su utilización, legitimando su acción, educándolos para esto; en este orden de ideas, se observa que la relación de genero entre conceptos de guerra y paz,  obedece a que son enseñados desde niños a que cada uno de ellos debe asumir un rol, de esta manera, se observa una dicotomía de genero hombre - mujer, desarmada, sin embargo se puede señalar, con base en lo anteriormente expuesto, que el papel asignado a las mujeres en favor de la Paz, sus atributos y roles conllevan a considerar que obedecen más a su adn pacifista, a teorías sociales que encasillan a cada género en un papel que no se le ha delegado pro naturaleza, (Fisas, 1998).

En este recorrido, se puede observar como el género es al parecer directamente proporcional con las acciones de paz o de guerra, en el caso de las mujeres, la existencia de una tendencia a pacificar la sociedad nace desde su vientre, el sentido de la maternidad, de proteger y de mantener espacios sanos para los que se llamen sus hijos, hacen de ellas agentes de paz, en este sentido se observa como en las diferentes sociedades las mujeres se han organizado para reconciliar y reconstruir comunidades víctimas de la guerra, en la búsqueda de mejor futuro mejor a sus hijos, donde se luchan por superar los odios y reclamaciones entre agresores y victimas de diferentes bandos, demostrando que las mujeres tiene una mayor capacidad para establecer canales entre rivales y enemigos, (Magallón, 2001).

Es así como en diferentes sociedades del mundo, se ha visto la movilización de las mujeres de manera pública, estructurada en pro de la protección de la vida de sus hijos y de las generaciones futuras, hechos de paz que han alcanzado protagonismo y se han replicado en todos los continentes, casos históricos como el de las madres yugoslavas, cuya organización permitió traer a sus hijos a casa en medio de la guerra, y en argentina las madres y abuelas de la plaza de mayo se movilizaron de manera pacífica contra la dictadura de la época, exigiendo la devolución de sus hijos y de sus nietos, que fueron víctimas de la violencia política.

Esta relación de paz y feminismo, ha calado y se ha replicado en Colombia, donde muchas mujeres en todo el territorio nacional se han movilizado contra la violencia para salvar la vida de sus hijos, movilizaciones que pretenden movimientos no violentos. (Diez, 2001).  De manera evidente, se mira que la implicación de las mujeres como agentes de Paz ha logra nuevas dimensiones, de manera pública a través de organizaciones no gubernamentales, movilizaciones por la paz y por el respeto de los derechos humanos, lo que le han permitido desarrollar medios pacíficos ante los agentes violentos, lo que le han valido ser merecedoras en muchas ocasiones el premio nobel de la paz, resaltando la gran conexión mujer- pacifismo.

 

La paz imperfecta: un valioso aporte para la comprensión de la paz

Luego de este recorrido con respecto a los orígenes de la paz y relación de acuerdo a la asignación de género, es importante abordar el concepto de paz imperfecta y establecer el nexo material que tiene con la comprensión  de la paz, es así, el profesor Francisco Muñoz, introduce este término donde señala que la imperfección de la paz deviene en que, a pesar de gestionarse pacíficamente las controversias, ella convive con los conflictos y algunas formas de violencia (Muñoz, 2004); en este sentido no se está frente a una paz total o absoluta, tampoco presente en todos los espacios sociales, más bien se está frente a una paz que convive con la violencia interpretando y tratando de regular el conflicto por la vía pacífica (Muñoz, 2004).

Este concepto permite llegar a reflexiones sobre la paz, como conceptos alejados de descripciones perfectas y perpetuas, ya que, el asumir ese pensamiento es una acción errónea, porque la paz coexiste en medio de los conflictos y violencias. De esta forma, la paz se aleja de una concepción idealizada, humanizándola para representar la complejidad de las características humanas que en ocasiones permiten muchas contradicciones, que permite observaciones como actores siempre inmersos en procesos dinámicos e inacabados, allegados a la incertidumbre de la complejidad del universo (Muñoz, 2004).

Francisco Muñoz (2001) indica que la paz imperfecta constituye un proceso ubicado entre la paz negativa y la paz positiva, como si se hablara de un concepto entre la ausencia de violencia y la justicia, de igual forma el autor considera hablar de “paces” por la existencia de múltiples espacios donde se regulan pacíficamente los conflictos, siendo más que la sumatoria de las anteriores paces, (Muñoz, 2001).  En este entendido, se conceptúa la paz sin ser considerada como estados perfectos, sino como un proceso imperfecto, inacabado señalando un avance y una relación entre el termino paz y las variantes de la condición humana, ya que las relaciones están caracterizadas por decisiones y acciones guiadas, la mayoría de las veces, por la regulación pacífica o no violenta de los conflictos, (Tuvilla, 2004).

Con base a lo anterior, se puede suponer que la paz imperfecta presenta un enfoque de paz propositivo, que brinda un aporte importante para la comprensión de la paz, así como las herramientas necesarias para la construcción de la misma; desde esta perspectiva se interpreta las paces que señala Francisco Muñoz en los empoderamientos pacifistas resultados de la experiencia en el contexto colombiano.  De acuerdo a la perspectiva de  paz imperfecta, se puede establecer la ruptura de manera reiterada de aquel concepto de la paz lejana, ideal, utópica e imposible de alcanzar, que ha perdurado en los imaginarios sociales de todos los Estados, enfatizando este concepto la representación de una práctica inacabada, presente a lo largo de la historia de la humanidad, permitiendo la supervivencia social de los seres humanos, siendo la paz imperfecta la generadora de valores, cultura, bienestar que humaniza a cada individuo que hace parte de las comunidades en medio de los conflictos y violencias.

Es así, como dentro de estas conceptualizaciones de paz imperfecta, se puede resaltar otro presupuesto y otro enfoque, que reconoce la complejidad de los seres humanos, sus relaciones y conflictos en los que se ven inmersos en las diferentes sociedades, donde la paz imperfecta cobra vigencia al ser consecuente con la realidad, la cual es inacabada, construidas en escenarios donde se visualiza la violencia, donde la paz no se termina de percibir como un estado final, sino como procesos que avanzas y en otros casos retrocede, donde los actores que trabajan en su construcción debe aceptar su complejidad, sin ignorarla y huir de ella, entendiendo y aceptando la coexistencia de la paz con las conflictividades, dejando claramente la imperfección inexistente, (Pearce, 2013).

Por último, se puede decir que dentro del enfoque de paz imperfecta se presentan logros en su construcción, donde en el día a día se tornan contextos sociales de violencias, conquistados por el empoderamiento pacifista de actores que se sumergen en paces reales, inacabadas, una paz que no tiene tregua.

 

 

El empoderamiento pacifista y la construcción de paz

El empoderamiento pacifista, es la conceptualización reciente, pero de gran importancia dentro de las teorías y estudios de paz.  Este concepto emerge como práctica de la paz, donde convergen los esfuerzos transdisciplinar para la regulación y transformación de conflictos; este empoderamiento pacifista se podría decir que tiene una pluralidad de significados que se hace evidente en diversas experiencias de paz, en el desarrollo de capacidades y potencialidades para la gestión pacífica, donde se apropie de una praxis de poder no violento, (Muñoz, Bolaños, Herrera y Sánchez, 2005).

La etimología de la palabra empoderamiento se ubica en el castellano antiguo, y con la significación de «apoderamiento» del uso del poder. En las últimas décadas se utilizó como traducción de la palabra inglesa: empowerment (Muñoz, 2001), poder que establece procesos activos y creativos, generador de cambio interno y externo, que se dinamizando de manera permanente interacción, entre el individuo y su entorno; este poder se desarrolla y se adquiere, desplegando habilidades que le da la oportunidad a las personas tener control sobre sus vidas. El empoderamiento pacifista es el ejercicio de las capacidades, competencias y poderes que tenemos para hacer las paces (Muñoz, 2005).

Los empoderamientos pacifistas logran adquirir importancia en los contextos y sociedades violentas, ya que ahí se convierten en generadores de cambio, constructores de paces imperfectas o inacabadas.  En las diferentes comunidades del planeta se encuentran potencialidades dinamizadores y sintonizados con la paz, que generalmente son desconocidas por quien las posee (Muñoz, 2001), sin embargo, estos mismos son potencialmente generadores de violencias, es por eso que siempre se habla que la paz imperfecta está relacionada con la condición humana, entre la paz y conflictividad; es aquí donde se sintoniza los procesos de negociaciones de paz que representan una experiencia de empoderamiento pacifista, que construye una realidad propositiva y ejemplarizante en diversos lugares del mundo (Hernández, 2014); en Colombia, se materializa en procesos de construcción de paz en todo el territorio nacional, abarcando los montes de María, en el empoderamiento de las mujeres que fueron víctimas y que hoy son constructoras de paz.

En los escenarios y territorios que han sido el punto de acopio de diferentes tipos de violencias se hace necesario conceptualizaciones, entendimiento y materializaciones de acciones de paz; lograr acercamientos a una construcción de paz demanda, de los actores involucrados, el conocimiento y estudio de los problemas y violencias estructurales de la sociedad perteneciente, que permita desarrollar en medio de ella un empoderamiento pacifista, el desarrollo de las paces imperfectas, que permita en medio del contexto de los conflictos sociales, lograr acercamientos para transformaciones sociales.

Es por esto que, el empoderamiento pacifista permite que se realice un reconocimiento de las realidades, prácticas y acciones pacíficas, y sus capacidades para actuar y transformar su entorno más o menos cercano; y para impulsar y promover la creación de redes entre todos los actores que de una u otra forma tienen intereses en promocionar la paz (Muñoz, 2005). Pudiéndose definir como la toma de conciencia de las capacidades que tenemos los seres humanos para la transformación pacífica de los conflictos, y aquellos procesos en que la paz, la transformación pacífica de los conflictos, la satisfacción de necesidades o el desarrollo de capacidades ocupan el mayor espacio personal, público y político posible (Muñoz, 2011).

Este empoderamiento enseña que las acciones de paz tienen poder, con características especiales, un poder no violento y transformador. Evidenciando la capacidad para entregar poder a la paz, evidenciado desde la generación de cambios, las transformaciones sociales que son indispensables desde el estado, hasta el contexto más importante la comunidad, guiada de la mano de los actores que luchan por la construcción de la paz imperfecta, que permite finalizar escenarios violentos, conflictos armados prologados, sentando las bases para su construcción.

 

Mujeres y Paz.

La construcción de paz, en cualquier rincón del mundo, requiere el reconocimiento y manejo de la teoría de la paz, de su desarrollo en la historia, de las luchas de quienes han contribuido a los avances en la conciencia de la paz, así como sus experiencias en la praxis.  En los contextos de violencia política y guerra, las mujeres han sufrido la violencia, pero también las mujeres han sido resistentes hasta convertirse en constructoras de paz en sus comunidades, pasando de ser invisibles a considerarse como un importante factor transformador político y social, las cuales han logrado incorporar los principios de paz en sus prácticas y sus discursos. (Rahnema, 1996).

Sin embargo, aunque la mujer desde la historia ha desempeñado su papel relevante en las guerras y como elemento pacificador, en la historia reciente da cuenta que en la mayor parte de las ocasiones las mujeres están ausentes de los procesos de paz, no siendo consideradas por los Estados modernos en los procesos de reconstrucción y empoderamiento pacifista, evidenciando de manera oficial, un énfasis en la relegación habitual de las mujeres a un segundo plano; es por eso que las mujeres que hoy han marcado un camino como hacedoras de paz, como actora importante en los procesos sociales de reconstrucción pacifica de las comunidades en conflicto, lo han hecho al margen de los Estados, a través de las organizaciones no gubernamentales o por asociaciones improvisadas, que con el paso del tiempo, adquieren importancia y las empodera en los escenarios de la reconciliación. (Breines, 2002).

En el proceso de alcanzar la paz, de recrear escenarios donde la paz imperfecta se materialice en la sociedad colombiana, es necesario establecer  y reconocer la participación de las mujeres como hacedoras de paz, teniendo en cuenta que, partiendo de sus dinámicas particulares y colectivas, es un punto indispensable para alcanzar los avances significativos en la consolidación de la “Paz”, cuando se habla del reconocimiento, se hace referencia a la tarea que implica reflexionar sobre un camino por recorrer, por tejer; para lo anterior se hace imperioso una exhausta revisión de aquellos elementos hegemónicos que, naturalizados y legitimados, han servido como elemento distractor, impedimento para llegar a la construcción de una paz verdadera.

Es por esto, que desde la mirada de las mujeres, en el caso colombiano,  han ido asumiendo una orientación guerrerista, característica de una posición patriarcal, asumiendo una actitud de combate y búsqueda de triunfo en detrimento del enemigo, considerándose como enemigo no a personas, sino, todo aquello que permite escenarios de conflicto, para minimizar las consecuencias en el tejido social y la insensibilidad por el sufrimiento se convierte en un mecanismo que perpetúa la exclusión y la guerra; ante esta situación se requiere propender a un lenguaje que permita llamar a las cosas por su nombre, que se constituya en un elemento constructor de paz,(Martínez, 2000).

En este orden de ideas, se puede inferir que en los contextos de violencia se tiende a construir memorias defensivas, que no dejan observar esa pluralidad del sufrimiento, así como las consecuencias de la guerra que se asume como un factor de invisibilidad a las consecuencias que ella ocasiona, justificando y legitimando la violencia y no respetando, ni protegiendo los derechos humanos. Lo anterior, pretenende establecer una idea donde las mujeres no son pacíficas por naturaleza, arrebatándoles lo que l principio del artículo de reflexión se dijo, que históricamente la mujer es considerada la personificación de la paz. (Martínez, 1998)

La paz desde la perspectiva de género, las mujeres, permite establecer una propuesta que permita el acercamiento de la paz desde una perspectiva relacional de género, que haga énfasis en las construcciones de paz que cuestionen la marginación, el poder patriarcal como generadores de guerra y en búsqueda de la paz, la dependencia y falta de consideración hacia las mujeres, y en la que tanto mujeres y hombres deben ser incluidos. En este orden de ideas, resulta de vital importancia permitir espacios para la discusión en torno al papel de las mujeres en la construcción de paz, papel que debe ser asumido en términos de su participación en la sociedad desde la óptica femenina.

 

Retos de las mujeres constructoras de paz.

La paz identificada desde la perspectiva de la mujer, lleva un sentido de búsqueda al logro de  salidas al conflicto armado, además de pensar en la construcción de un tejido de paz desde y para las mujeres, lo que implica una transformación tanto desde lo público como desde el espacio de lo privado, donde se aborde la cotidianidad de los miembros de las sociedades, creando y recreando contextos donde se dé la desnaturalización del golpe o del grito, que detengan y exterminen en todos los escenarios, públicos y privados, la condición de víctima, de ser humano esclavizado, subordinado y humillado, escenarios que permitan la transformación desde las entrañas de la tradición, la cultura, la familia, la sociedad.

Este cambio, debe ser parte del discurso de la paz, desde cualquier contexto, donde la mujer ocupe un papel protagónico, donde haga aportes que permita mediar y obtener resultados constructivistas desde las paces imperfectas de la sociedad colombiana. Y este no es un cambio que vendrá después, sino que forma parte de la misma esencia de los acuerdos y la construcción de la paz. el sentido de la paz, la mujer como constructora y hacedora de ella, tienen como desafíos hacer sentir que sus comunidades puedan vivir sin miedo; en países y comunidades fracturadas por la violencia, como es el caso de Colombia, ha comenzado el empoderamiento pacifista desde el feminismo, comenzando a hacer aportes a la reconstrucción de las relaciones fracturadas por la violencia. (Martínez, 1998).

Desde el reconocimiento como víctimas o sobrevivientes, muchas mujeres han superado los estereotipos del enemigo para escuchar a la otra y promover empatía, como parte de los mecanismos que contribuyen a la humanización y la reconstrucción del tejido social, permitiendo que la  “reconciliación”, con los numerosos significados que esta tiene en una sociedad afectada por la violencia de forma masiva, se conviertan en su principal contribución social, donde las comunidades pasa por el reconocimiento del dolor sufrido, por acoger el sufrimiento de otras y proporcionarse apoyo mutuo, por considerar injusto el sufrimiento padecido, por buscar juntas reconstruir relaciones que son el sostén de comunidades fracturadas, por construir sus organizaciones y crecer en su poder colectivo como mujeres. (Breines, 2002)

Los avances y conquistas que se obtengan dentro del enfoques sobre la paz deben tener en cuenta la experiencia y las demandas de las mujeres, en lo referente a la memoria colectiva, el reconocimiento social, la atención psicosocial y las necesidades de las políticas de reparación efectivas. Estos son retos que la mujer como hacedora de paz debe alcanzar para la dignificación propia y de la sociedad, desde el mérito de una paz construida desde el trabajo de la mujer, que desde tiempos históricos ha sido mitificada como la llamada a construir la paz.

 

Mujeres montemarianas: aportes a la reconstrucción del tejido social como hacedoras de paz

Los Montes de María, en Colombia, son el ejemplo e inspiración acerca del tema de reconciliación entre frente a la consecuencia de la guerra. No es el paraíso, aún quedan rezagos de violencia y la falta de presencia del Estado, sin embargo, los diferentes actores del conflicto ya dieron el primer paso para poder soñar con la paz territorial, y aunque los fantasmas de la guerra no se han ausentado, se sueña con las paces imperfectas de las que nos ilustra el profesor francisco Muñoz, que invita a reconocer la paz como elemento constitutivo de las realidades sociales, no siendo absolutista, y eterna, por el contrario es aquella que se desarrolla en medio de escenarios de conflicto y violencia, es perecedera, (Muñoz, 2004), de esta forma, en  los Montes de María se hacen visibles comunidades que construyen la paz desde y para su territorio.

La mujer montemariana se ha caracterizado por el desarrollo de experiencias locales, movilizaciones sociales, luchas históricas de sus colectivos, por la defensa y reivindicación de sus Derechos y por la construcción de paz en sus comunidades; este arduo proceso las organizaciones compuestas por mujeres de la región, han apostado a la reconstrucción del tejido social, apuntando a ellos a través de diferentes iniciativas y acciones colectivas por la paz. lo que deja claro que el mito histórico que la mujer es en esencia pacifica, en este escenario se hace palpable la esencia del empoderamiento pacifistas de la mujer de la región.

En consecuencia, estas mujeres que por mucho tiempo fueron víctimas, hoy se han organizado consolidando organizaciones sociales de base, con líneas de trabajo definidas, que ejecutan a diario y con concreción aquellas acciones colectivas que son emprendidas bajo intereses comunes con el objetivo de satisfacerlos, en un territorio reconstruido de su fractura social histórica (Delgado, 2015).

La mujer montemariana en el contexto de violencia en la región fue víctima y sobreviviente de diferentes hechos victimizantes por ser líderes comunitarias, tener relaciones afectivas con algún actor armado o ser su pariente, o solo por el hecho de ser mujer, doble victimización, sin embargo, a pesar de estas violaciones a su dignidad y a su persona, se fueron convirtiendo en seres políticos empoderadas dejando atrás estas victimizaciones, sanando su dolor, y echando raíces para proteger a sus hijos y la comunidad, tal como lo narra la historia de Eirene, la diosa de la paz, que permite relacionar a estas mujeres colombianas, montemarianas con los orígenes y la esencia de la paz. (Martínez, 1998).

En consecuencia, estas mujeres empoderadas, se convirtieron en el eje de la reconstrucción del tejido social en Montes de María, por medio de las experiencias y acciones adelantadas en su comunidad, generando impacto, permitiendo la reivindicación de la mujer en la esfera social de su territorio, de sus comunidades, de manera pública, atacando la la desnaturalización de las violencias y transformando las realidades sociales a través de los colectivos de mujeres, como estrategia para el desarrollo social de sus comunidades.

Hechos históricos de carácter nacional y aun internacional, como la desmovilización de los grupos paramilitares, los Programas de Desarrollo y Paz, de organizaciones sociales regionales y nacionales, de la cooperación internacional, esto aunado a las iniciativas del Estado, se han fortalecieron las posibilidades de reactivación de algunas organizaciones y procesos sociales en la zona.

De esta forma, grupos, agremiaciones de mujeres crean sus colectivos y redes con un fuerte sentido y objetivos de construcción de paz. Así, por ejemplo, de esta forma encontramos más de 600 agremiaciones, conformadas por mujeres en todo el territorio montemariano dentro de los cuales encontramos a las Mujeres por la Paz que han llegado hasta la vereda San Isidro de El Carmen de Bolívar y ha acompañado a las mujeres que se quedaron en resistencia y a las que retornaron del desplazamiento forzado en la conformación de sus propias organizaciones. De igual forma hay otras organizaciones como la Red de mujeres de Los Montes de María o la red Narrar para Vivir, esta última organizada con más de 800 mujeres víctimas de la violencia y hoy hacedoras de paz, dirigiendo sus acciones a los procesos de reconciliación, recuperación de memoria histórica, escuelas itinerantes que aportan al fortalecimiento de la autonomía de la persona y el empoderamiento pacifista para un verdadero cambio social (ASDI –PNUD, 2010, p. 52).

En medio de las acciones de paz de las mujeres de los Montes de María, se desarrollan prácticas emancipadoras que han permitido darle voz a las mujeres silenciadas por décadas,  atemorizadas por el dolor de la guerra, siendo sus organizaciones lugares de encuentros, diálogo, construcción de experiencias colectivas, que les ha permitido tener una vida Digna y Solidaria; este empoderamiento y que hacer de la paz, lo integralizan con componentes productivos y de emprendimiento, para el logro de cambios comunitarios y transformaciones del entorno.

                                                                                                                                           

Conclusiones.

 

Como reflexión y conclusiones del artículo que se presentó, es importante establecer y reconocer el papel de la mujer, en sentido general, como hacedora de paz, sin olvidar que desde los orígenes de la humanidad la perspectiva de género es fundamental para entender y construir la Paz. se hace necesario establecer el impacto que hoy día las mujeres han tenido dentro de la sociedad colombiana, específicamente en los Montes de María, donde, por iniciativa propia, han adelantado procesos de reparación del tejido social, dignificando a la mujer y a la sociedad monte mariana, reconciliándola con su memoria colectiva e instándolas a reescribir una historia que por décadas no tuvo finales felices.

 

La mujer montemariana hoy es señalada como hacedora de paz, muchas hacen parte de un colectivo que permite desde dentro sanar su dolor y proyectarlo a una comunidad fracturada, ayudando, a través de acciones de paz, a superar y a lograr una reconciliación social.  Muchas son las organizaciones que en este territorio nacional están en la búsqueda de contextos y escenarios pacíficos, que les han permitido el desarrollo de un empoderamiento pacifista que les ha permitido ser protagonistas en los procesos de conocimiento de las paces imperfectas, donde son llamadas a desenvolverse en medio de los conflictos y realidades violentas, para la ejecución y el diseño propio de alternativas que permitan tener realidades con un referente pacifico.

 

En cuanto a la incorporación de las prácticas y actitudes pacíficas femeninas, nos permite concluir que, aunque se ha creado un estereotipo histórico de la paz en manos de la mujer, también es cierto que se debe desarrollar en el ideario moderno un nuevo simbolismo donde hombres y mujeres se empoderen como géneros igualitarios para la consecución y la construcción de redes pacifistas que ayuden, de manera mancomunada, a generar nuevas culturas y educación fundamentada en la paz, que al final es el objetivo de la especie humana.

 

Es realmente meritorio reconocer el papel que han tenido las organizaciones de mujeres, defensoras de DDHH, lideresas sociales, en la reconstrucción del tejido social de los Montes de María, debido al impacto por la reconfiguración del territorio y la visibilidad de la problemática en el escenario Nacional e Internacional; de igual forma a representan hoy el rostro de las mujeres lideresas y empoderadas que han aportado de manera significativa a la reconstrucción del tejido social.

 

Hoy la mujer montemariana demostró, que sin los mayores conocimientos y teorías de paz, que sin ser personas letradas y académicas respecto a este tema, tienen la pasión y el compromiso que se necesita para que se logre con contundencia lo que autores como Johan Galtung, Francisco Muños y Vincent Fisas, pretenden explicar y plasmar en las realidades sociales del planeta; muchas de ellas desde la improvisación han sido las exponentes empíricas de temas como la paz imperfecta, ya que desde décadas han estado implementando acciones y procesos pazológicos en medio de contextos violentos y aun lo que es pero, de guerra.  Las hacedoras de paz, son un ejemplo, e incluso una inspiración para hombres y mujeres, en el tema de resiliencia y reconciliación, invitándolos a ser multiplicadores y constructores de la paz, y con esto contribuir a la sanación de sociedades fracturadas.     

 

Referencias bibliográfica

 

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