. Me refiero a todos aquellos que no cumplen las
normas del estado de alarma o abusan de ellas. Entre esos inconscientes o
tarambanas se encuentra el vicepresidente del Gobierno actual, Pablo Iglesias:
estando una “miembra” de su casa afectada por el virus, el muy imprudente y
cantamañanas abandona la cuarentena para asistir al Consejo de Ministros, como si
no lo hubiera podido presenciar por videoconferencia. ¡Y lo hizo, según él,
porque se lo pidió otro irresponsable que también debía guardarla, el
presidente! ¿Pero con quién nos gastamos los cuartos, Dios mío? ¿En manos de
quién estamos?
Varios
días antes del celebrarse el viciado y catastrófico 8M ya se conocía en el
Gobierno la peligrosidad de la situación, pero el presidente no podía dejar sin
lucimiento a la “marquesa”, ministra de
Igual-Da, y a sus chicas ministeriales. Para el tarambana del Gobierno era más
importante el sectarismo de la vulgar corriente feminista española que la salud
de toda la ciudadanía. Ahora estamos viendo las consecuencias de aquella
irregularidad: además de las ministras y otras “jolgoristas” están cayendo como
moscas muchas asistentes anónimas. El virus no conoce sexos ni géneros y purgaremos
justos por inconscientes o como decía
ayer la prensa francesa: “¡En España están pagando justos por babosas!”
En
la Organización Mundial de la Salud (OMS)
se llevaban las manos a la cabeza ante la irresponsable actitud del Gobierno
español y la inmadurez de la ministra que quería abanderar la fiesta, por eso ésta
se ha llevado todos los “zascas” de las redes y todos los soplamocos didácticos
de periodistas y analistas. Se trataba de extremar todas las medidas de los
gobiernos, con el fin de que los contagios no llegaran como el efecto dominó.
Llego a la conclusión de que algunos especímenes activistas no saben qué es eso
de “extremar medidas” para “evitar plaga de contagios”: no solo me refiero a la
que iba “sola y borracha” que, antes de acabar la “manifa”, se largó como el capitán araña; es decir, embarcó a miles
de mujeres y después las dejó tiradas.
En
ese grupo de inconscientes entran las demás ministras que asistieron como si de
una fiesta campera se tratara y hasta la compañera de Pedro “Plagio” tenía que
salir en la foto con eso de “Madrid será
la tumba del fascismo”. Supongo que ahora también podrá decir que Madrid es
el cementerio más grande que ha generado el coronavirus y su compañero cargará
con ello por los siglos de los siglos. Es una prueba más de que a la izquierda
le interesan sus objetivos, por muy denigrantes que sean, antes que los
intereses y la salud de la población. Ahora se quejan porque se llevan todos
los “zascas”. Si hubieran escuchado
los discursos de Emiliano Zapata entenderían el motivo. “Si quieres ser ave, vuela. Si
quieres ser gusano, arrástrate, pero no grites cuando te aplasten”.
Italianos
y franceses no podían creer lo que veían: un acto tumultuoso y desbordado con
nula organización. Apenas cuatro días antes habían difundido los gobiernos de
estos dos países lo de eliminar gestos como estrechar la mano, caminar a un
metro o más de distancia, cierre de colegios y todo lo que supusiera
concentraciones. Una vez más, el Gobierno español desobedecía los consejos del
máximo organismo mundial de salud y se pasaba por el “arco
del triunfo” la prohibición de actos tumultuosos.
El
ocultamiento de la gravedad del Covid-19 ha generado miles de muertos, muchos
más de los que marca el Gobierno como oficiales. El Gobierno sí es culpable de
esas muertes: no solo ha ocultado la verdad sino que ha mentido reiteradamente y
“ha retorcido el rabo a la cabra”.
Sánchez está fuera de juego, desbocado, desnortado, atontado, dominado por el “marqués”
y sin argumentos. Fuera de su actitud chulesca no hay nada. Es abrumadora la
falta de liderazgo. Y la ciudadanía española no confía en esta gente para
resolver el problemón.
Esa
falta de confianza nunca existió con el gobierno de Rajoy. No me olvido del
Prestige. ¡Ay si hubiera habido una infección de miles de ciudadanos y de fallecidos
estando Mariano Rajoy o Aznar en el Gobierno! No duden de la guerra urbana que
hubiera desatado la siniestra, los escraches a políticos, los acosos a
ministros, las amenazas a periodistas…. Y no me digan lo contrario porque ya
sucedió y quedó sin sanción, excepto a Jorge Verstrynge.
Resulta
que Pedro ‘Plagio’ Sánchez quiere intervenir para ampliar por sexta vez el
estado de alarma. Cada vez que habla sube el pan, tiemblan los agricultores y
se desmaya la Bolsa. El presidente, además de un demostrado gafe es un
irresponsable e impresentable peligro público. Tan pronto como pase este virus,
la convivencia ya no volverá a ser la misma dado que nos encontraremos con
cinco millones de parados; las medidas que tome el próximo martes no van a
paliar nada, además no creemos en él: aún no ha pagado a los del desastre de
Lorca ni a los de Mallorca ni a los de Cantabria y a nadie de cuantos han
sufrido desastres medioambientales. Pedro
Sánchez ya es un atentado a la dignidad.
El
presidente no tiene credibilidad. Es patético y desvergonzado. Mentiroso y
aprovechado. España no se merece un presidente que la venda al comunismo degenerado
y prochavista. Ya no puede tener al frente de su Gobierno a un siniestro
personaje como éste, acompañado por un comunista de palo y zanahoria, cuya
aspiración es expropiar lo de los demás y jugar a ser casta, como ya lo es. En
tanto, Fernando Simón asume el ridículo diario de cubrir las espaldas a esos
dos vencejos de baja pobreza dialéctica, nula dignidad y abundante desprecio.