. Que a gentes que en
estos momentos están inmersos en la repugnante tarea de resucitar administrativamente
a los muertos por el Covid 19, con el cuento de que han cambiado de
metodología, se les pida que entiendan qué significa el honor, es como pedirle
peras al olmo.
Resulta imposible justificar el
empeño que han puesto desde el primer día, Pedro Sánchez y sus cuates, en
intentar ocultar el número de fallecimientos producidos por el coronavirus. Han
hecho todo lo que han podido, pero que en un país en el que sólo se testan con
cierta frecuencia a los ministros del gobierno, se explique que los muertos de
verdad sólo son aquellos a los que se les ha hecho un test PCR y han dado
positivo, resultaría ridículo si no fuera por lo doloroso que resulta el tema.
Han mentido cada vez que les ha
hecho falta esconder la realidad a los ciudadanos. Hace bien poco Fernando
Simón con un cinismo espeluznante, reconocía que se dijo que las mascarillas no
hacían falta, porque el gobierno no era capaz de proporcionarlas y así ha sucedido
con todo. Este gobierno es incapaz de reconocer errores y por eso ensucia con
la mentira todo aquello que toca.
Da igual si habla de muertos, de
número de parados, de control de desafectos, de si las ayudas prometidas han
sido abonadas o no a los trabajadores o de qué criterios se aplican para
determinar las fases de la desescalada. Mienten una y mil veces, todo sea por
intentar embarrar la realidad, para huir de su responsabilidad. Son de los que
dicen aquello tan cínico de que el honor es como el tambor, si se rompe se le
pone un parche y suena mejor.
Grande Marlaska que parecía otra
cosa, nos ha salido un liberticida de primera categoría, de él surgieron las
primeras amenazas, advirtiendo que ojito con lo que se decía en las redes, que
el que anduviera demasiado suelto igual se llevaba un disgusto. Y no quedó la
cosa en la amenaza de un individuo que ha sido tocar el poder y sacar toda la
podredumbre moral que guardaba en su interior, porque él mismo no dudó en salir
a los medios y explicar que nos estaban monitorizando; para entendernos como lo
que explicaba Orwell en 1984, pero en moderno.
Hay que ver lo cierto que es el
dicho que reza: Del agua mansa líbreme
Dios, que de la brava me libraré yo, lo de Marlaska es la demostración de su
veracidad, estos mosquitas muertas en cuanto tocan poder, tienen más peligro
que un Miura de siete hierbas. Mientras fue un simple magistrado se relacionó
con absoluta normalidad con la Benemérita, pero fue llegar al ministerio y
comenzaron las madres mías.
Apenas llevaba dos meses en el
cargo, cuando le cerró la bolsa a la UCO y la dejó sin un céntimo para que no
pudiera proseguir con unas investigaciones sobre corrupción cuyo desarrollo le
debió alarmar. El coronel jefe de la UCO, al que imagino que la alcaldada del
ministro no le debió gustar ni un pelo, se limitó remitir una orden interna en
la que informaba a los agentes que quedaba "temporalmente suspendida
cualquier actividad" dentro de la unidad al carecer de los fondos
económicos necesarios para llevarlas a cabo.
Como pasan estas cosas, el
escrito se filtró a la prensa y Marlaska se puso como una pantera hidrófoba y
cesó de manera inmediata al coronel Manuel Sánchez Corbí, que como casi todos
los guardias civiles, era un profesional como la copa de un pino. En la Guardia
Civil no gustó ni un pelo que no se renovara la partida de fondos reservados
que desde siempre se facilitaba a la UCO para la investigación de los grandes
casos de corrupción y ya para qué les cuento el cese del coronel, pero en estas
instituciones se tiene asumido que quien manda, manda y cartuchos al cañón, así
que tascaron el freno y se dedicaron a lo suyo.
Tuvo Marlaska un problema muy
parecido al que acaba de organizar, cuando se enteró de que la Guardia Civil,
en tareas de Policía Judicial, había llevado a cabo en Cataluña una operación
contra unos CDR, de la que nadie le informó. Hubo follón, desde el ministerio
del Interior se filtraron algunas noticias que añadieron dificultades a la
investigación de los guardias civiles y ahí quedó la cosa.
Hace un par de días decidió
cargarse al coronel Pérez Cobos, Jefe de la Guardia Civil en Madrid, porque
subordinados del coronel habían remitido a la magistrada Carmen Rodríguez-Medel
un informe sobre Fernando Simón, en el que se decía que "manejaba al menos
tres días antes de la manifestación del Día de la Mujer datos que evidenciaban
la gravedad de la crisis" de la covid-19.
Marlaska haciendo bueno eso de
que quien hace un cesto hace ciento, montó el mismo cuadro flamenco que
organizó con lo de la investigación de los CDR y esta vez decidió hacer carne.
A pesar de que los guardias estaban ejerciendo su trabajo como Policía Judicial
y por lo tanto no tenían dependencia orgánica con el ministerio del Interior,
decidió cargarse al Coronel Pérez Cobos por “pérdida de confianza”.
Así que nos encontramos con un
ministro, que además es magistrado, que decide cesar a un coronel que se limitó
a cumplir estrictamente con su obligación y se escuda en el cajón de sastre que
supone lo de la “pérdida de confianza”. Pero en este mundo traidor hay que
tener mucho cuidado con quién se juega uno los cuartos, porque la Directora
General de la Guardia Civil, que permaneció oculta durante toda la pandemia, le
confió a un amigo del alma que Marlaska se había cargado a Cobos por el asunto
del informe sobre el 8M y allí ardió Troya.
El cese del coronel Pérez Cobos
supone un ataque directo a la independencia del poder judicial y así lo ha
sentido la magistrada que ha advertido que investigará lo sucedido y si se
demostrara que Marlaska ha intentado amedrentar a los investigadores del caso
8M, tomará medidas. Pero al ministro se le amontona el trabajo, porque el
teniente general D. Laurentino Ceña, Director Adjunto Operativo de la Guardia
Civil, ha dimitido como protesta por el fulminante cese de Pérez Cobos.
Grande Marlaska debería recibir
unas cuantas clases particulares sobre ética y honorabilidad a ver si así
comprendía que en la Guardia Civil lo de “El honor es mi divisa” no es una
frase vacía de contenido, sino un estilo de vida y a lo mejor incluso tenía
suerte y se le pegaba algo.
Me extrañaría, ya se sabe que en
este mundo, todo se pega menos la hermosura.