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Como la cigarra de la fábula, El
PSOE mientras gobernaba en funciones se dedicó a malgastar miles de millones de
euros en aquellos “viernes sociales” con los que nutrió su campaña electoral y
endeudó más si cabe a la hacienda española y ahora cuando ha hecho falta
aumentar el gasto, se han visto obligados a
liquidar la poca capacidad de endeudamiento que les quedaba, aunque
siguen permitiéndose gastos injustificables como los 15 millones con los que
engrasaron voluntades en las televisiones o los cien millones gastados en
subvenciones en la lucha contra la violencia de género.
Hace ya tiempo que quedaron atrás
aquellas afirmaciones de que a Podemos se le habían dado unos ministerios sin
peso específico y que la presencia en el Consejo de Ministros de Pablo Iglesias
y los suyos iba a ser puramente testimonial. Porque Pablo Iglesias sí tenía un
plan desde el principio, personalmente creo que como poco tendría tres y ha
aprovechado el hundimiento de Pedro Sánchez que se ha quedado paralizado y se
ha dejado imponer uno a uno los puntos más importantes del programa electoral
de Unidas Podemos.
Pedro Sánchez - sin un apoyo
firme en el Parlamento, habiendo gastado casi todos los cartuchos que tenía en
la compra de votos para la Moción de Censura y la sesión de Investidura, sin
capacidad para crear consensos, cerrada a cal y canto cualquier posibilidad de
entendimiento con el Partido Popular - responde a los problemas con ocurrencias
y tiene que aceptar las exigencias de Pablo Iglesias.
Ahora se ha metido en un lío muy
difícil de justificar con el pacto con Bildu, pacto que prepararon los filo
etarras y los podemitas y que ya estaba escrito unos días antes de la sesión
plenaria tras la que se comunicó su existencia. Pactar con los herederos de
ETA, es lo mismo que pactar con la propia banda asesina. Por mucho blanqueo
político y mediático que se les aplique, son los mismos perros con distintos
collares y Pablo Iglesias, que aprovechó muy bien aquellas visitas a Oriol
Junqueras tiene un plan, que si tiene éxito le va a permitir gobernar en un
tripartito con los de Bildu en el País Vasco y en Cataluña con ERC.
El único obstáculo que podría
preocupar a Pedro Sánchez sería el PNV, pero no hay nada insalvable con los
nacionalistas vascos, mientras haya dinero con el que tapar bocas. Así que para
el mes de julio veremos qué pasa en las elecciones y si la aritmética de los
escaños lo permite gobernarán PSOE, UP y Bildu y si no se pudiera, el PNV
pactaría con el PSOE, porque otra no le quedaría, así que por ahí pocos problemas.
El único problema real lo podría presentar el propio PSOE en el que hay mucha
gente que no acepta bajo ningún concepto ese pacto vergonzoso con los herederos
de los etarras.
Pedro Sánchez emprendió - desde
que empezó a comprender que no iba a ser capaz de solucionar la expansión de la
epidemia y mucho menos, encarar con garantía de éxito, la quiebra económica
producida por el confinamiento - una huida hacia delante, empujado por su
propio fracaso y por los apoyos interesados de Pablo Iglesias, al que le
conviene muchísimo que Sánchez pierda credibilidad y con esa pérdida, capacidad
para encontrar socios que lo apoyen.
El núcleo socialista del gobierno
ha permitido que Iglesias impusiera las soluciones que llevaba en su programa
electoral, cuestiones como las ayudas a los alquileres, la ley de libertad
sexual, el impuesto a las rentas altas, la declaración del estado de alarma, el
ingreso mínimo vital o, lo más reciente, la derogación íntegra de la reforma
laboral pactada con Bildu, son propuestas podemitas de las que sacarán un buen
rédito electoral.
Pedro Sánchez y los ministros
socialistas tienen muy presente que en cuanto llegue el momento de tener que
solicitar el rescate europeo, a los podemitas les va a faltar tiempo para
abandonar el barco, dejando a los del PSOE soportar la carga de los recortes
que van a ser brutales.
En ese momento no creo que
Sánchez sea capaz de buscar apoyos por su izquierda, sobre todo porque la CE le
va a controlar al céntimo y no le va a permitir más cabriolas circenses, así
que se va a ver muy exigido a la hora de aplicar esa geometría variable de la
que tanto presume, supongo que llegado ese momento volveremos a escuchar sus
llamamientos al sentido de Estado del Partido Popular, al que ha despreciado,
cuando no injuriado, mientras ha podido.
Pero si llega el rescate europeo
en plan duro, no creo que le quede otro remedio que disolver Cortes y convocar
elecciones, confiando en el poder mediático que posee el PSOE y en su habilidad
en la agitación y propaganda para evitar, no una derrota, que creo que de esa
no le libra nadie, sino para impedir que Unidas Podemos le dé ese sorpasso que
parecía tan lejano al principio de la legislatura.
Pero mientras eso llega o no,
Sánchez sigue ganando tiempo y ahí está la cortina de humo que lanzó el pasado
sábado con el anuncio de que vuelve la Liga, llega el turismo, se acercan las
vacaciones y se va a pagar la Renta Mínima Vital. Hay cosas que nunca pasan de
moda y supongo que Iván Redondo le habrá explicado la eficacia del viejo truco
del panem et circenses y eso es lo que ha hecho Sánchez con Messi y compañía,
que viene a ser lo mismo que anunciar una lucha entre mirmillones y tracios en
la antigua Roma.
Mientras gana tiempo y Redondo
busca un milagro, Sánchez observa de cerca a Pablo Iglesias que le plantea un
dilema de muy difícil solución, tiene que apoyarse en la persona que le va a
abandonar en cuanto crea que ha llegado el momento oportuno y haya conseguido
el máximo trabajo de zapa contra el núcleo socialista del gobierno.
No es que esté ante un dilema, es
que se encuentra entre la espada y la pared.