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"Teatro de Guardia" entrevista al actor José Sacristán


Inicio > Literatura
22/05/2020


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Hoy Teatro de Guardia, alza el Telón de El Libro Durmiente para dar voz a las tablas, al arte y a la interpretación. Un nuevo espacio de entrevistas, que guiará al oyente y al lector hasta la alquimia de la escena, donde la pluma se hace verbo y éste, representación.


Desde la dramaturgia a la dirección y desde el actor a la actriz, pisaremos la madera donde nace el personaje, sintiendo en nuestras bocas el poder de sus palabras, el vértigo en proscenio, el calor de los focos y los nervios de un estreno ante la oculta mirada de inquietas bambalinas que, silenciosas aguardan la apertura de un telón; ése, que atará nuestras vidas al sonido de un aplauso y fundirá nuestras almas con cada espectador.

Una jugosa sección, inaugurada por el perfecto invitado; un mito del Cine y del Teatro Español: Don José Sacristán, un niño de Chinchón, que del juego hizo su oficio y de la copla y los fandangos… el sonido de su infancia.

José Sacristán Turiégano, nació en Chinchón (Madrid), un 27 de septiembre de 1937. Hijo de El Venancio y de La Nati y de una España en guerra civil. Vivió la prisión de un padre por republicano y el exilio junto a los suyos a Madrid. Allí, entre carteles de cine en la Gran Vía y siete años de mecánico en Chamberí, nacía su vocación de actor; porque “aquel chico del gallinero”, aquel contador de historias que actuaba ante su abuela vestido de pirata, de mosquetero o de comanche, aquel Niño… nunca se marchó.

Fue en la capital, donde por vez primera descubrió la gran pantalla; Fú Manchú fue la película y su primo Venancio, su compañero de butaca. Aquella imagen supuso el comienzo de una larga amistad, en la que actores como Gary Cooper o John Wayne, marcaron su irremediable destino en la interpretación.

Dieciocho meses de servicio militar en Melilla, le abrieron las puertas de una biblioteca de la que bebió todas sus letras, llevándose de vuelta además de la cultura y de los clásicos, su mejor decisión: plantar al mecánico y convertirse en actor. Así fue, como arrancó de aficionado con el grupo “Los Juglares, Teatro Hispanoamericano de Ensayos”; después, como figurante en representaciones teatrales: uno más de “los de la lanza”. Muchos y variados papeles hasta que un buen día, el ojo de José Luis Alonso le vio sobre las tablas; aquella mirada cambió su destino y su carrera, llevándole en 1964, a su debut cinematográfico de la mano del productor y director Pedro Masó con el personaje Moisés Balaguer Montero en el icónico film, La Familia y uno más.

Seis décadas ante las cámaras y sobre los escenarios que no han dejado un sólo palo por tocar: teatro, cine, televisión, zarzuela, musical…. Ha trabajado con los más grandes y también con los más jóvenes y experimentales, convirtiéndose en el referente indisoluble de aquella Tercera Vía del cine español, de finales de los 60 y 70 en la que un José Luis Dibildos, se alzaba como precursor. Títulos del imaginario colectivo como Los Nuevos Españoles; Asignatura Pendiente; Un Hombre Llamado Flor de Otoño; El Diputado…; convertían a nuestro invitado, en el nuevo prototipo de galán; un hombre corriente y de la calle, cercano a nuestro barrio y vecindario, con el que cualquier espectador podía identificarse. Un cine costumbrista y de transición, con elementos propios de un formato más comprometido intelectual y argumentalmente.

Más de un centenar de películas a sus espaldas, avalan hoy su título de actor. Un camino en el que además, dirigió ante la cámara y fue guionista. Muchas han sido las ovaciones, los homenajes y los premios recibidos dentro y fuera de esta tierra: El Ceres Emérita Augusta, del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida; el Ercilla; la Medalla de oro de Bellas Artes, el Goya; dos Conchas de Plata; el San Jordi; el Cóndor de Plata; el premio Feroz; el José María Forqué; el Corral de Comedias, del Festival del Teatro Clásico de Almagro; el Premio Ondas Nacional de Tv, el Fotogramas de Plata, el de la Unión de Actores por toda una vida entregada a ser el otro… ese, que ha sido considerado como uno de los veinticinco mejores actores del mundo, según la American Film Institute.

Hoy, a sus 82 años, posee algo más valioso que el éxito y el reconocimiento pues, a pesar de ser astro y estrella en aquel álbum de Bruguera o de subir a lo más alto hasta el pódium de honor; mantiene el respeto hacia ese niño de Chinchón, que entre

plumas y quimeras ya llevaba lo más grande sin saberlo; la grandeza del talento y la sencillez de un hombre bueno. Un aprendiz de sí mismo, que aún confinado sigue forjando sueños; el próximo y más inmediato, devolver a Delibes y a Señora de Rojo Sobre Fondo Gris, a las tablas de un escenario. Alcemos pues el Telón, para dar voz a este Maestro de la Interpretación.

Entrevista concedida a Carmen De Arriba Muñoz para ELD 11 de marzo, 2020

Buenas tardes y bienvenido a Teatro de Guardia, Maestro. Es un honor que sea la voz de José Sacristán, “aquél chico del gallinero” la que alce hoy por primera vez, el telón de este escenario de entrevistas de El Libro Durmiente.

Pues estoy honradísimo y encantado.

Más de seis décadas sobre los escenarios. Han llovido muchos septiembres desde que aquel hijo de La Nati y de El Venancio jugara en Chinchón a ser otro: el comanche, el indio y el mosquetero, con unas cuantas plumas en la cabeza y mucha imaginación. ¿Sigue siendo aquél juego su fundamento moral sobre las tablas, lo que le sigue conectando a este oficio de contar y de hacernos creer que la mentira es verdad?

Sí, sin duda ninguna y cada día lo celebro más. Creo que una de las peores cosas que le pueden ocurrir al ser humano es perder el contacto; la noticia; la idea del crío que fue. Hay algo que conviene que prevalezca, que permanezca en nosotros ¿no?, la capacidad de asombro y por qué no decir, una cierta ingenuidad en esa capacidad para descubrir cosas.

Yo, cada vez que me pongo delante de una cámara o me subo a un escenario, echo mano del crío que fui; aquél que se ponía las plumas de las gallinas para hacerle creer a su abuela que era un comanche. Creo que está en la base fundamental de la condición humana esta necesidad del juego, de la multiplicidad, de querer ser otro. Me parece que es algo que hay cuidar y que hay que mantener.

Los ojos de aquel niño al que usted tanto respeta, han visto la guerra y lo que queda tras ella; el hambre y la injusticia; el encierro de un padre por sus ideas y su destierro a la capital. ¿Qué le devuelve la mirada de aquél niño cuando se mira al espejo?

Hay un acuerdo, ¿no? Una conformidad; una cierta cordialidad entre las expectativas, las esperanzas, las ilusiones puestas y que aquél crío, puso en las posibilidades de alcanzar lo que para él era un sueño y lo que ha venido realizándose. Yo encuentro ahí, -sin pecar de conformista- que la palabra más próxima que me pueda salir es una cierta cordialidad, un cierto acuerdo entre aquello que uno pensaba, que es: lo que esto de la vida y del trabajo podía dar de sí y lo que siguen dando.

Melilla, le regaló 18 meses de distancia durante el servicio militar y de los libros, hizo su mejor formación. Creo que allí bebió todas las letras de aquella biblioteca y a mí, me llama mucho la atención cuando le escucho y ya, desde sus inicios, la dicción y la vocalización que usted tiene. ¿Nunca le surgió la posibilidad de ser actor de doblaje?

No. Me lo han propuesto algunas veces. Admiro y respeto profundamente esa profesión, pero prefiero las versiones originales. De todas maneras, la mecánica del trabajo del doblador es para mí de un esfuerzo brutal. Tratar de manifestar estados de emoción delante de un micrófono tratando de encajarlo con el actor, es un trabajo endiablado. De cualquier manera, la palabra es mi herramienta de trabajo; su cuidado, su atención y como hacerla llegar a los demás, es algo de obligado cumplimiento por parte de un actor.

Sin embargo, no siempre se observa una técnica vocal tan depurada. Es como si no le diéramos importancia y a veces, vamos en pro de la imagen y no precisamente de esa intención, de esa forma de transmitir la palabra.

Sí. Dentro de la profesión de actor, ahora la ley de oferta y demanda propone una fuente de contratación; la mayor, que es la televisión, donde se trabaja a unas velocidades y donde en ocasiones, no hay demasiado tiempo ni demasiado cuidado para el manejo del aparato vocal y su utilización con respecto a la gramática, aunque sólo sea; pero de cualquier manera, creo que hay también que mantener un equilibrio; porque he conocido trabajos de actores y de actrices que han pronunciado maravillosamente, pero que han transmitido penosamente. Creo que hay que buscar un equilibrio.

Uno de los más grandes actores de toda la historia del teatro español, era Don Antonio Vico. Los había que hablaban mejor, pero no que lo hicieran mejor. Por supuesto que, hay que saber manejar el aparato vocal, la expresión corporal y cualquier otra disciplina que afecte o tenga que ver con el trabajo de actor, pero sin caer en el…, porque hay ocasiones, en que el actor o la actriz tiende a escucharse: qué bien hablo, qué bien lo digo; y ocurre que todo eso, acaba convirtiéndose en un ejercicio más bien académico que le quita verdad y autenticidad al personaje.

¿Son los clásicos la mejor fuente para entender la naturaleza de este arte? Porque usted tuvo que beber de ellos, tuvo que empaparse de manera autodidacta.

La naturaleza del arte de interpretar está en el bajo vientre, fundamentalmente. Esto es una necesidad entre comillas; luego, ha habido grandes actores y actrices que han llegado a esto por casualidad y lo han hecho maravillosamente. Es una cosa extraña; yo siempre me he preguntado -como podrás imaginar- ¿por qué puñetas a mí me dio por hacer esto, naciendo en la España y la Castilla campesina de finales de los años treinta? Creo que todo esto -volviendo a lo de antes, a lo del juego-, está en la condición del ser humano y hay una necesidad que aparece y se resuelve en el ejercicio de una profesión. Temo ponerme un poco filosófico o un poco pedante.

Hay un acontecimiento que pasa dentro del organismo del ser humano que, le hace ser el que oficia la ceremonia de la comunicación, de la comunión y del encuentro y para esto, la preparación y la formación, cuanta más mejor; qué duda cabe. Pero ¡ojo!, yo he conocido a mi amigo -más bien hermano- Alfredo Landa, por ejemplo, que era un prodigio; un actor soberbio; un superdotado de la naturaleza que desconocía y hacía muy bien -lo hemos hablado montones de veces-, los pormenores de técnicas y de conocimientos.

La mejor actriz Stanislavskiana en este país, ha sido para mí Rafaela Aparicio y, no sabía pronunciar la palabra Stanislavski. Creo que, volviendo a lo de la pronunciación -el equilibrio–, hay algo que… insisto, sale del bajo vientre o malamente va a importar lo que esa persona intente transmitir.

¿Cree que el teatro es un buen generador de preguntas sobre nuestro tiempo y nuestra sociedad?

Sí. No está mal que sea entre otras cosas eso. Entre otras cosas. Hay que tener cuidado con las premisas previas; los enunciados; los postulados; en fin, que algo que se adelante o que domine o que perturbe, la naturaleza misma de la representación -volviendo a lo del juego-. Hay una propuesta de una dinámica, de una peripecia dramática en clave de compromiso político; en clave de humor; de comedia; de drama rural; de comedia romántica..., en montones de aspectos y de claves es donde se contempla la condición humana. Todo eso tiene que estar animado porque, la peripecia dramática y los personajes que nos lo cuentan, estén bien creados.

Arthur Miller, crea “Willy Loman” y cuenta la tragedia de una sociedad, pero sin que no se note el que uno quiere cambiar el mundo, porque si quiere uno cambiar el mundo, seguramente el camino más corto no va a ser escribir teatro o hacer teatro; de hecho, porque si fuéramos capaces nosotros y el mundo de la cultura, el arte… si hubiéramos sido capaces de modificar las cosas o a las gentes, pues no estaría el mundo como está, lamentablemente.

Esa capacidad de transformación quizá no la tiene o no puede.

Yo me conformo con la parcela o la parte de territorio en la que mi trabajo importa, afecta o es de alguna utilidad a la sociedad a la que me dirijo; pero, procuro siempre tratar de que la propuesta que haga, sea una propuesta desde el punto de vista de la literatura dramática o histórica, que tenga el soporte de unos personajes o un personaje, que tenga una envergadura y que esté bien creado; no que vaya con el guisopo en la mano y vaya pontificando y diciendo a la gente como hay que vivir. Tratar de hacer la convocatoria de instancias que no se refieran al rigor del hecho dramático, a mí, me producen desconfianza.

El personaje de Moisés Balaguer Montero, le trajo su debut en el cine con “La Familia y uno más” y antes de vender las entradas, estaba usted firmando cuatro películas más con título y fecha de rodaje. Qué olfato tuvo aquel director José Luis Alonso, cuando le vio en aquella función de aficionados “Los Juglares, Teatro Hispanoamericano de Ensayos” y le dijo a su amigo: ¡Este chico tiene algo!

Sí, eso me dijeron que había dicho José Luis Alonso. Después, el mismo día que me licencié fui a verle y conseguí, burlando la actitud del portero, que me recibiera (Ríe). Después lo hemos hablado con José Luis y él recordaba una representación en el colegio Guadalupe: Una libra de carne, de Agustín Cuzzani, en la que mi trabajo le había parecido que no estaba mal y tuve la suerte, la inmensa suerte, de que hacía falta un meritorio en la Compañía de la Infanta Isabel y ahí, José Luis Alonso me metió y de allí -estamos hablando del año sesenta-, hasta ahora. Algo debió ver.

La verdad es que, desde que empecé en el grupo de aficionados de Educación y Descanso -yo tendría diecisiete o dieciocho años-, he notado que iba subiendo; que primero me dieron un papelito -la primera vez que hablé- que fue en Pigmalion de Bernard Shaw, con “El circunstante sarcástico”, y he ido ahí… bueno, parece ser que las cosas no las hacía del todo mal. De José Luis Alonso, aprovecho la ocasión para hacer una memoria, porque que ha sido uno de los más grandes directores que ha habido en toda la historia del teatro español.

Y de aquel meritorio, se enroló en los sesenta en la Compañía de Teatro Popular Español, recorriendo América y España, hasta que en 1965, llega La Pulga en la Oreja. ¿Cambió esta obra su carrera profesional?

Es un antes y un después; de la noche a la mañana. Yo había visto La Pulga en la Oreja en mi viaje y tourné por América, en Buenos Aires; cinco días que estuvimos allí otro compañero y yo y vi la representación casualmente, por la Compañía de Pepita Martín y Manolo Sabatini, que fueron los que vinieron luego a España a hacerla y quedé fascinado con ese personaje. Qué casualidad, cuando un tiempo después -año y pico después-, estos actores vienen a España y montan esta función y me toca a mí ese personaje. Fue efectivamente un antes y un después. Me llamó José María Rodero para decirme: ¿Qué ha pasado anoche en el Beatriz? ¿Qué has hecho?

Fue un éxito y a partir de ahí, mi carrera fue otra totalmente. Bien es verdad, que era un papel y sigue siendo un papel tan maravilloso, que hacerlo mal… eso, hubiera sido de cárcel. Pero bueno, la verdad es que fue mi salvación.

Muchas son las penalidades que ha pasado usted como aprendiz en este oficio. Hacía dos funciones siete días a la semana, donde no sólo se ponía a prueba el talento sino también el coraje, la fortaleza y el amor por este oficio. ¿Qué recuerda de aquellos tiempos, de aquellos maestros y de un mundo y una profesión, en la que había pocas mieles y mucho sacrificio?

Pues mi respeto y mi devoción total y absoluta para todos y todas y cada uno de ellos; porque al margen del talento como tú dices, estaba el esfuerzo. Yo afortunadamente lo sufrí poco porque para mí, eran inviables las dos funciones diarias siete días a la semana. En el oficio de actor para mí, eso, no tenía sentido sencillamente y lo admiro. Todavía están Lola Herrera; Nuria Isbert; Concha Velasco… En fin, hay compañeros y compañeras que lo vivieron prácticamente todo el tiempo pero, aquello era para mí insufrible; entonces, el recuerdo que yo tengo de todos aquellos actores y actrices, no solamente los protagonistas; los maravillosos; sino todos ellos, es de un respeto total y absoluto, de una admiración, de un reconocimiento y, de una incapacidad de haber podido seguir sus pasos.

¿Usted cree que el teatro goza actualmente del respeto que merece?

Es una pregunta…, porque ¿qué respeto merece qué tipo de teatro? No hago discriminaciones como te he dicho antes, ni por género ni por…, no. Posiblemente lo más difícil de hacer bien, sea una buena comedia; pero hay ocasiones, en que el hecho teatral deja bastante que desear. Yo creo que no solamente el teatro, en general, todo aquello que se mueva alrededor de la cultura no acaba de ser un plato de primera necesidad en nuestro país. Seguramente no somos los únicos pero me resultaría temerario hacer un pronunciamiento diciendo… es siniestro, con lo maravilloso que es el teatro, ¿cómo es posible?

Creo que soy un poco más prudente, entre otras cosas, porque apelo a mi propio caso y yo sería un cínico si… Yo sé, que cuento con la fidelidad de un número de personas que atiende las ofertas de trabajo que yo le hago y me considero un privilegiado y por supuesto, satisfecho. No todos los casos son así, indudablemente. ¡Ojalá se diera, el que el teatro tuviese un mayor poder de convocatoria! Pero bueno, el teatro se mueve de todas maneras, el teatro sigue vivo y confiemos en… bueno, a partir de ahora con el coronavirus este, si sobrevivimos.

Usted siempre recuerda que este oficio es el de la inseguridad permanente.

Sí. Eso lo he oído a todos y al que más se lo he oído, ha sido a Fernando Fernán Gómez. Primero porque era el que mejor lo contaba, pero Fernando lo ha oído de su madre y la madre de Fernando de su madre y así, sucesivamente… y sigue siendo igual. Las variantes son que ahora, este país es otro. Las precariedades no rozan los límites que rozaban entonces pero con todo, pretender dedicarse a esto y vivir en la seguridad, es temerario.

¿Cree usted que el público que asiste al teatro, tiene una atención diferente hacia el trabajo del actor respecto del cine o la televisión? Es decir, el espectador de un patio de butacas ¿es quizá más observador? ¿Se detiene más en los detalles?

No te sabría decir, porque resulta desesperante a veces los móviles; las toses; el que llega tarde. Hay veces, en que uno se pregunta… ¿por qué ha venido esta persona a ver esta función? Yo estoy ahora representando Señora de rojo sobre fondo gris, un monólogo de Miguel Delibes y el tema es bastante… En fin, habla de la enfermedad y la muerte de un ser querido y, durante las representaciones -no una ni dos-, hay muchos espectadores que encienden el móvil; muchos espectadores a los que les suena la alarma. Hay gente que… he tenido que grabar un aviso advirtiendo de las toses; por favor, que no digo que no se tengan, pero que las controlen.

En fin, con todo vuelvo a decirte que, seguramente yo aprendí de mi maestro Fernando Fernán Gómez, una de las cosas más importantes que supone: ejercer la profesión de un actor en un país como éste. Entonces, yo acepto de antemano que hay unas limitaciones y hay otras cosas que compensan con creces. La relación del espectador con el espectáculo ha ido mejorando; pero con todo, en ocasiones, uno tiene la impresión de que muchos espectadores se sientan ante el escenario como se sientan ante la televisión. Esa sensación la tenemos muchos actores y actrices. Hay un problema como decir… el mando a distancia y bueno, yo sería un cínico de mierda si ahora, lo que hiciera fuera protestar y quejarme. No, yo hago público mi agradecimiento a la fidelidad del público que me sigue. Entendiendo que hay unas cuestiones, que tendremos que seguir negociando con ellas y a ver si es posible, que se tenga noticia de que el caramelo que se desenvuelve con un papel, hace un ruido estrepitoso y el móvil, no tiene sentido que alguien no apague el puñetero teléfono móvil y otros accidentes por el estilo.

En este juego de ser el otro, usted tiene a dos compañeros de mesa muy distintos pero muy potentes. Uno es Stanislavski y otra es La Niña de los Peines. ¿Qué le aporta cada uno?

Bueno, la aproximación al personaje está en lo que propone Stanislavski; hay un ejercicio ahí, donde se ponen en funcionamiento elementos como la memoria emotiva pero, no vamos a ponernos tampoco ahora a dar clases. Y en la ejecución, es un poco como lo que cantaba La Niña Los Peines; es decir, que el auténtico cante flamenco empieza donde acaban las facultades. No es que no se tengan, sino que no se noten. Entonces, yo procuro tratar eso, que la ejecución no se note, que parezca que cada representación tenga que ver con algo que está ocurriendo en ese momento y, ni ha ocurrido antes ni va a ocurrir después.

Usted ha sido muchas vidas y también un imprescindible en aquella “Tercera vía” que surgió durante los últimos años del franquismo, donde títulos como: Los Nuevos Españoles; Asignatura Pendiente; Un Hombre Llamado Flor De Otoño, El Diputado…, dieron un giro como actor a su interpretación. ¿Cómo se vive siendo protagonista de aquella fotografía?

Yo lo vivo muy bien, porque coincidió en el tiempo que el ciudadano Sacristán cumplía unos años y el actor Sacristán, tenía una preparación y le hacían unas ofertas de trabajo que tenía que ver con su condición de ciudadano. En aquellas películas -unas mejores y otras peores-, nos manejamos como pudimos pero, nos estábamos contando nosotros. Entonces había sus sombras, qué duda cabe ¿no?, pero fue un tiempo formidable, realmente formidable. Abordar historias como esas, en la España de aquel tiempo y lo que suponía para nosotros, era muy gratificante.

Como decía Miguel Hernández: “El tiempo se ha puesto amarillo en la fotografía…”; pero no ha desvirtuado ni un solo momento la historia tan importante de aquel período en nuestro país.

El tiempo se ha puesto amarillo, sí. Y se seguirá poniendo. Pero bueno, no sé si ha desfigurado o no, que lo digan otros. Yo no voy a pronunciarme al respecto.

Ahora, las tablas ocupan todo su tiempo y dedicación con Señora de Rojo Sobre Fondo Gris. La primera adaptación llevada al teatro de la novela de Miguel Delibes. Una historia que habla de la pérdida de su mitad, de su sol y de su órbita; su esposa Ángeles de Castro. Encarnados aquí, por un pintor llamado Nicolás y por su mujer, Ana.

¿Ha supuesto un peregrinaje representar esta obra, desde que se publicara la novela en 1991 y consiguiera el apoyo y el aplauso además de la familia?

Sí, ha sido formidable. Se publicó la novela cuando yo representaba “Las Guerras de Nuestros Antepasados” de Miguel Delibes, pero Miguel nunca quiso dar los derechos. Él dijo que no quería que nadie le pusiese cara a ese personaje porque ni siquiera él, le había puesto la suya y yo, lo entendí perfectamente. Pasaron los años y dos antes de morir, él consintió que yo hiciera una lectura dramatizada, yo insistí y convencí a mi amigo Pepe Sámano -que en paz descanse por cierto-, y por fin, conseguimos hacer la adaptación y ponerla en pie con la autorización de sus hijos.

Debo decir que en el tiempo que llevamos -más de un año-, no solamente tenemos su autorización sino su aplauso también y eso para mí, es muy emocionante, porque se complementan la parte profesional con la personal; el poder hacer un personaje tan rico, tan maravilloso como éste y al mismo tiempo, rendirle un homenaje a alguien a quien tuve el privilegio de conocer.

Los hijos del propio Delibes le han confesado tras la función, que se han reencontrado con su madre en el escenario.

Sí. Uno de los hijos, me dijo que en el consejo familiar que se hizo para decidir si nos autorizaban o no, él se opuso a la autorización y la noche del estreno, vino a decirme que estaba muy emocionado porque había vuelto a ver a su madre.

Qué bien la pintó su padre en aquel cuadro, pero que bien la saca usted del lienzo para hacerla caminar sobre las tablas. Tiene que ser el mayor reconocimiento que pueda usted sentir.

Sí. No soy creyente, ni creo en trascendencias ni en más allases; pero tengo la impresión de que mi amigo Delibes, está por ahí diciendo: Venga, cuenta todo esto ya de una puñetera vez y que se enteren.

Tengo entendido además, que esta obra piensa llevarla a los escenarios de Argentina, en 2021.

Toda Argentina no porque es muy grande, pero Buenos Aires sí, porque tengo un mono enorme de Buenos Aires.

¿Qué le ata a esta tierra?

Bueno, me ha dado muchísimo esa tierra. Me han reconocido y de las cosas mejores que me han pasado, es que los actores y actrices argentinos me consideren uno más de ellos; porque me parece que son todos maravillosos y en ese pueblo he tenido, tengo, muy buenos amigos. He tenido pareja argentina; he tenido un piso en San Telmo; muchísimas cosas. Aparte de que, ya me gustaría que existiese entre nosotros, aquí en España, la cordialidad –vuelvo otra vez a la palabreja ésta- entre la sociedad civil y el mundo de la cultura y el espectáculo, como hay allí, en Buenos Aires.

¿Hay quizá un entendimiento de la cultura distinto?

Sí. Hay quizá una curiosidad y una inquietud. Una de las cosas más hermosas que me han ocurrido en mi trabajo, fue un espectáculo que hice con poemas de Antonio Machado. Aquí, lo hice primero acompañado al piano por Judith Jauregui y luego, con un chelo con Aurorita, una chelista maravillosa. Casi un año estuve en Argentina, haciendo de Los Días Azules al Sol De La Infancia, con un pianista, el hijo de Ariel Ramírez, maravilloso. Fue impresionante caminar e ir de la mano de Antonio Machado, recorriendo Argentina. Fue toda una experiencia. Facundo Ramírez, es mi amigo el pianista.

Tiene que ser como volver de nuevo a su segunda casa.

Sí. Allí me siento como en mi casa.

Tengo que decir, que los premios no le abruman y a pesar de que en esta entrevista no podré citarlos todos, permita al menos que mencione unos cuantos: El Ceres Emérita Augusta del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida; el Ercilla; la Medalla de oro de Bellas Artes; el Goya; dos Conchas de Plata; el San Jordi; el Cóndor de Plata; el premio Feroz; el José María Forqué; el Corral de Comedias del Festival de Teatro Clásico de Almagro; el Premio Ondas Nacional de Tv; el Fotogramas de Plata; el de la Unión de Actores por toda una vida entregada a ser el otro… Ese, que ha sido además considerado como uno de los veinticinco mejores actores del mundo, según la American Film Institute.

¿Ha cumplido Pepe Sacristán todos sus sueños en el aspecto laboral?

Los sueños, “pobre de aquel que diga ya los he cumplido”. Hay que seguir soñando. Yo voy a seguir soñando mientras pueda seguir jugando. Que todo esto se traduzca luego en que venga o no venga el premio, es otra cosa. Pero soñar y jugar… eso, no me lo quita nadie, mientras la madre naturaleza tenga a bien, conservarme más o menos en dignidad.

Además de la memoria, porque debo decir que es un “portento” la memoria que usted tiene.

Sí, siempre he tenido buena memoria. Es como lo que hablábamos antes, sobre la pronunciación o la dicción. Son cuestiones que sin ellas, el actor puede pensar en retirarse.

De todas formas, Pepe ya ha cumplido muchos sueños. Uno es el de ser cromo y hasta película, porque sin pensarlo ni soñarlo, también vino de la mano con el documental: Sacristán, Delantera De Gallinero. Además, ha sido director, guionista y creo que tiene un cine en casa donde hay butacas del Teatro Español, de la Comedia, del Reina Victoria, del Teatro Circo de Albacete… En fin, su fascinación por aquella primera imagen en movimiento que en su tierra viera con su primo Venancio.

Sí. Anoche precisamente, se me había escapado Buñuel en el laberinto de las tortugas y la vi. Y volví a ver y a oír a mi amigo Carlos Kleiber, dirigiendo La Cuarta Sinfonía de Beethoven. Es uno de los logros que el crío de Chinchón más celebra y más agradece; el tener ahora la posibilidad de ver cuando buenamente quiera y le apetezca y las veces que quiera… Cantando bajo la lluvia.

Qué maravilla. Tiene que ser realmente un privilegio.

Sí lo es. Y lo agradezco y lo reconozco. No lo paso por alto.

¿Con qué sueña ahora Pepe Sacristán? Y tenga cuidado con lo que dice, porque ya sabe que en su caso… siempre se cumple.

(Ríe) No, siempre no. Incluso que no se cumplan todos, porque algunas veces sueña uno cosas disparatadas. No, soñar entre otras cosas… –qué tontería, qué cursilería- soñar con la posibilidad de que la necedad desaparezca; soñar con un mundo mejor; soñar con… En fin, montones de cosas pero, lo más inmediato, lo que pienso que es más asequible, es seguir soñando con no perder de vista el crío que fui y con tener mi capacidad para disfrutar del amor de los míos y tratar de corresponder y bueno -nos vamos a poner un poco líricos pero-, por lo demás, bastante común y bastante ordinario todo aquello que se refiere a mis sueños. Son los sueños de uno de andar por casa. Son sueños de mesa camilla.

Esos son los mejores y yo le puedo garantizar que hoy, se ha cumplido un sueño para mí. Era precisamente hablar con usted.

Pues muchísimas gracias y te aconsejo además -como persona mayor que soy-, que sueñes con mayores aspiraciones; porque esto de hablar conmigo, el día que tú quieras y cuando te parezca seguimos hablando, o sea, que no sea esto un sueño. Esto puede ser perfectamente una realidad y una cotidianeidad en cuanto nos empeñemos tú y yo.

Se lo agradezco. Quiero decirle que se agotó mi tiempo y quisiera detenerlo para seguir escuchándole. Me gustaría saber, si se marcha usted con buen sabor de boca.

No te quepa ninguna duda. Me ha encantado charlar contigo porque además, me ha gustado mucho desde donde te colocas para contar lo que quieres contar de mí, que es un sitio para mi más tierno y el que más me gusta. Ni más ni menos.

Por mi parte y haciendo caso al tío Tomás pues… “Lo primero es antes”, no quiero despedirme sin dar las gracias a Venancio y a Nati, por traerle a usted aquel 27 de septiembre y por concebir a aquel niño de Chinchón, que entre plumas y sueños ya llevaba lo más grande sin saberlo; la grandeza del talento y la sencillez de un hombre bueno, que sigue siendo aprendiz de sí mismo.

Gracias Maestro, por regalarnos su tiempo y su voz. No olvide que en El Libro Durmiente, aquí en Alicante, deja usted su casa.

 



JOSÉ SACRISTÁN

SEÑORA DE ROJO SOBRE FONDO GRIS

Adaptación de la novela homónima de Miguel Delibes.

Puedes (DEBES) escuchar la entrevista en el siguiente enlace: https://www.ivoox.com/entrevista-a-jose-sacristan-audios-mp3_rf_51246167_1.html





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