“El verdadero costo de la corrupción en el gobierno, sea local, estatal o federal, es la pérdida de la confianza pública”, decía el político americano, Mike Quigley. No olvidemos que dentro de esa corrupción también está la mentira, el fraude, el abuso, la falta de transparencia y la traición al votante. Tal vez esto suene a muchos porque lo viven a diario. Y si además nos topamos con un Gobierno insensible e indiferente con quienes crean riqueza, estamos en la antesala de la ruina y de la demonización.




