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Entrevista a la escritora Aroa Moreno Durán


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19/05/2020


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Aroa Moreno, Madrid (1981). Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense.


Ha publicado los poemarios: Veinte años sin lápices nuevos y Jet lag. También las biografías Viva la vida de Frida Kahlo y La valiente alegría de Federico García Lorca. Con su primera novela, La hija del comunista, obtuvo el Premio 'El Ojo Crítico' de RNE de Narrativa 2017.

Reseña realizada por Begoña Curiel para ELD.

–Ya es un triunfo que una novela permanezca un mes en las librerías. Que cuatro años después de su publicación siga en el mercado La hija del comunista es... ¿Cómo completaría la frase?

Para estar muy agradecida: muchas gracias a los que la siguen buscando.

–La suya es la historia del desarraigo mil veces contada pero ¿qué ingredientes tiene su novela para que sea distinta?

Nunca se había contado nada, ni literaria ni académicamente, acerca del exilio español en la República Democrática Alemana. Hasta el verano de 2017, no aparece un primer trabajo de estudio en Francia sobre ellos. Desconocíamos esas vidas. Supongo que lo inédito de esta historia, el rescate de un mundo que ha dejado de existir y las coordenadas de la Guerra Fría dan una luz diferente a la novela. Sin embargo, siempre creo que si un libro tiene algo diferente es por la manera en que ha sido escrito. Ese ángulo en la mirada del narrador. Ese y ningún otro.

–Dejó en manos de los lectores a Katia, a su familia, a Johanes. Ha pasado mucho tiempo. ¿Los echa de menos?

No me ha dado tiempo a echarles de menos. Las traducciones de la novela hacen que siga teniéndolos muy presentes. Sí es extraño cómo se aleja el tiempo de la escritura. Tengo la novela asociada a un momento muy concreto de mi vida. Y eso sí lo extraño. Pero Katia sigue aquí, bien apegada, conmigo.

–El exilio de españoles en la antigua RDA es el contexto histórico de esta novela, pero se ha centrado en la historia personal de Katia para analizar la culpa, problemas de identidad, el amor en distintas vertientes... No deseaba, supongo, hacer una novela histórica. ¿Contempló esta posibilidad?

Una novela histórica no, sobre todo, porque no habría sabido, me faltaría método y herramientas, pero a veces pienso que podría haberle dado más vuelo. Están contados 40 años en 192 páginas. Hay mucha elipsis y creo que está muy condensado. Yo solo quería que la Historia sujetara mi pequeña historia, asomando de vez en cuando, discurriendo paralela a la vida del personaje y, claro, transformándola hasta en lo más íntimo. Era importante esa parte, más que histórica, política, pero tenía que estar a favor de la trama de Katia.

–Personalmente (pronto publicaremos la reseña de la novela) me ha encantado su estilo propio, su especial forma de narrar; algo que no todos consiguen con su primera novela. Supongo que le habrán hecho este comentario en más de una ocasión.

La verdad es que la escribí de la única forma que supe. Como te decía antes, creo que es lo único que tenemos: dónde y cómo miramos las historias para contarlas. Incidir aquí, callar allá, hacer que algo brille o no, llevar la respiración del lector a tu ritmo. Es una apuesta que puede o no conectar, claro. Me alegro de que en tu caso, haya sido para bien.

–Obtuvo en 2017 el Premio Ojo Crítico de RNE. Imagino su emoción, pero ¿es un hándicap para usted de cara a próximos trabajos?

El premio cambió la vida de la novela y, de paso, un poco la mía. Estoy muy agradecida a aquel jurado que se fijó en una novela con un fondo político e íntimo, que buceaba en el pasado, y decidió premiarla. No me canso de darles las gracias. El premio me ha llevado a muchos lugares y me ha abierto algunas puertas. Además, me siento orgullosa de formar parte de esa nómina de autores, es espectacular. Si te refieres a si es un peso para escribir lo siguiente, creo que ese peso siempre está ahí. A mí el premio me ha ayudado a creer un poco más en lo que hago.

–Porque a día de hoy, ¿qué tiene entre manos? Bienvenidos sean todos los detalles que pudiera aportarnos...

Estoy acabando la segunda novela en estos días. No voy a dar detalles porque, de momento, nadie ha leído nada. Estamos solas la novela y yo peleándonos, queriéndonos, conociéndonos. Me cuesta mucho dejarla volar.

–En sus entrevistas ha dicho que escribe desde que aprendió a escribir y que estudió periodismo porque quería escribir. ¿Lo tenía muy claro, no?

Es diferente escribir periodismo que escribir literatura, al final se trata de enviar un mensaje, pero bajo diferentes códigos. Me encanta mi profesión aunque ahora no ejerza el oficio. Me he desgastado mucho defendiendo a los periodistas. Desde aquí, mando un pequeño aplauso a los que nos han informado con rigor en estos tiempos difíciles. Porque parece que todo el mundo sabe de periodismo y ser periodista requiere ciertas herramientas y destrezas que no todos manejan. Otra cosa es el momento que atraviesan los medios y sus dueños. Es una profesión muy desgastante y muy adictiva.

–Creo que la curiosidad es requisito imprescindible para ejercer el periodismo, aunque el oficio viva un momento terrible. ¿Palia la literatura, en su caso, las decepciones de este trabajo?

En parte, yo creo que todo lo que escriba va a estar atravesado por la curiosidad. Me encanta investigar y descubrir historias. Cuando encontré la historia de Katia, supe (y creo que lo supe periodísticamente primero) que estaba ante algo literariamente interesante, pero también su fondo era un tesoro. Por ejemplo, en las columnas de opinión que escribo para Infolibre, intento que literatura y periodismo cabalguen juntos. No siempre lo consigo, a veces, una de las dos se impone.

–Comenzó con la poesía. ¿De qué manera convive con su faceta de novelista?

Viven en la misma casa, pero cada una en su habitación. Tienen horarios y costumbres diferentes. Se prestan cosas la una a la otra, pero intento que cada una tenga su espacio.

–¿Qué le gusta a Aroa Moreno como lectora?

Me gustan los libros donde el autor se la juega. Donde decide, con peor o mejor suerte –y a veces, da igual- arriesgar. Los libros en los que el autor es correcto pero me dejan igual que antes de leerlos, por perfectos que sean, no me interesan mucho.

–¿Influye en sus lecturas este singular momento de crisis sanitaria?

Ha influido, primero, en mi concentración en la lectura. Me costó leer en las primeras semanas. Arranqué con poemas, luego con relecturas y parece que, poco a poco, voy volviendo a la normalidad. Es curioso que me dio por leer novelas, y también por ver películas, sobre las guerras mundiales. Esto no es, desde luego, una guerra ni dejará la devastación que las guerras causan, pero tiene algo de hecho total social que nos transformará a todos. En ese sentido, creo que busqué historias pequeñas sobre la gran levantada posterior de los países. Necesitaba saber que todo volverá a estar bien.

–¿Y en el caso de la escritura? No son pocas, seguro, las novelas que nos esperan con el coronavirus en su interior. ¿Es difícil abstraerse de la realidad a la hora de escribir?

Aquí me planto un poco frente a este miedo que tenemos frente a las novelas o libros que puedan llegar. No me gusta el cinismo con el que se esperan. Este golpe va a transformarnos y sería absurdo que no se viera reflejado en nuestra literatura, al igual que otros hechos sociales transformadores. Hay miles de libros en los que transcurre un extraño vacío, no hay motor, no hay cambio. Este cambio tiene que ser afrontado desde la literatura. Otro asunto son las prisas para llegar el primero. Ahí me bajo. Pero con esto y con todo.

–¿Qué desea del lector que tiene en sus manos ahora mismo La hija del comunista?

Que disfrute durante las breves horas que tiene el libro en las manos.

–¿Qué comentario le ha hecho más feliz de un lector?

Soy muy afortunada, he tenido lectores geniales que me han dicho cosas muy bonitas. Incluso, que me han descubierto cosas que pasaban en la novela. Y también he tenido críticos muy sabios. Este no es el que más feliz me ha hecho, pero se me quedó clavado: un lector me dijo que se sentía atraído por Katia (incluso físicamente, cuando yo no llego a describirla del todo). Me explotó la cabeza.



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Etiquetas:   Entrevista   ·   Escritores   ·   Periodismo   ·   Cultura   ·   Lectores

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