Como ser clase media en Chile y sobrevivir en el intento

Para muchos especialistas, uno de los éxitos de la economía moderna – con todos sus temores y angustias burbujeantes -, es haber provocado que la mitad de la población actual del planeta, sea de clase media. A ello, de manera importante, América Latina ha hecho una contribución que ha sido recogida por la ahora recurrente OCDE en términos de fuente de información confiable. Uno de sus informes - “Perspectivas Económicas de América Latina 2011: En qué medida es clase media América Latina”, publicado en abril de este año, ha sido materia de estudio e interés de todas las instancias de debate económico regional, y desde distintos estrados, según el interés político, emergen planteamientos y se sacan distintas conclusiones.

 

. A ello, de manera importante, América Latina ha hecho una contribución que ha sido recogida por la ahora recurrente OCDE en términos de fuente de información confiable. Uno de sus informes - “Perspectivas Económicas de América Latina 2011: En qué medida es clase media América Latina”, publicado en abril de este año, ha sido materia de estudio e interés de todas las instancias de debate económico regional, y desde distintos estrados, según el interés político, emergen planteamientos y se sacan distintas conclusiones.
Uno de los aportes que hace el documento, es constatar una vez más la vulnerabilidad de las familias de clase media, a pesar de su alto impacto en el consumo y su vasta contribución tributaria, y su precariedad se funda en gran medida en los elevados niveles de desigualdad que expresan las sociedades latinoamericanas, a pesar de los esfuerzos que se han impulsado en algunos sentidos, lo que provoca que la distribución del ingreso impida que los sectores medios de la sociedad se consoliden como tales y garanticen la estabilidad económica, política y social.

El informe de la OCDE no elude lo que ha estado en el centro de las constataciones de los emergentes movimientos sociales, en cuanto a que solo las políticas públicas son las que pueden permitir la consolidación de la clase media, especialmente en lo relativo a medidas de protección social y, de modo muy importante, lo que se pueda hacer en educación pública. “Al respecto, la política fiscal puede desempeñar un papel esencial para el financiamiento de las reformas y los programas necesarios, y para hacer participar a la clase media latinoamericana en la renovación del contrato social”, expresa el mencionado Informe. 

De esto no ha estado ausente la clase media chilena. Conformada por distintos sectores, que juegan roles diversos en la realidad económico-social chilena, pertenecen a la amplia gama de empleados profesionales del Estado, las instituciones públicas y la empresa privada, a la pequeña y mediana empresa o a los que viven del ejercicio liberal de la profesión u oficio. Desde luego, entre los componentes de esa apretada especificación, se encuentra una compleja componencia, que tiene como elementos comunes un significativo impulso de progreso, de inteligencia, experticias y conocimientos, que hacen que los países adquieran una dinámica progresista, ya sea por lo que los sectores medios aportan en el mundo del trabajo o el emprendimiento, o por el aporte que esos sectores hacen en el campo del conocimiento y la información.

La desaparición en países como Chile de la clase obrera, producto del derrumbe industrial fabril local, ha hecho que la actividad económica se oriente fuertemente hacia la explotación de recursos naturales y en lo interno hacia los servicios, lo que ha impactado notablemente en la conformación de las clases sociales, determinado una clase propietaria cada vez más reducida y con gran concentración económica, una amplia clase media compuesta de sectores tradicionales y emergentes, y un proletariado que aporta la mano de obra esencial para los servicios básicos o los sectores productivos extractivos menos industrializados, que fluctúa en su porcentaje con las crisis económicas, en la medida que la clase media se contrae.

Las estrategias de los sectores financieros y de las empresas que actúan en los ámbitos internos de los países, están orientadas hacia ese enorme y fluctuante mercado que es la clase media. Es ella la que determina el volumen de consumo, convirtiéndose en la destinataria de la voracidad de las corporaciones. Y también se convierte en la destinataria de la mayoría de las exigencias tributarias de los gobiernos.

Las vicisitudes que se expresan en la economía mundial, históricamente hacen que la materialidad y el alcance de la clase media tengan el drama y la forma del bandoneón, estirándose y encogiéndose en dramáticos tonos, en todo su despliegue y repliegue escénico que los ejecutores del poder económico subordinan a su capricho.

De este modo, en Chile tenemos una clase media que genera la riqueza, que sostiene el funcionamiento del sistema político  y económico, que aporta con el grueso de los tributos a partir del consumo, que es exprimida financieramente a través del crédito y el endeudamiento, y que sin embargo, pese a su importancia y su aporte efectivo, no recibe nada. Todo lo consigue a través de su propio esfuerzo, de su sacrificio, y no hay política alguna que favorezca o sostenga parte de sus tribulaciones cotidianas.

Peor aún, cuando se desarrollan determinadas políticas supuestamente en su beneficio, ellas son para rearticular su endeudamiento desde otras perspectivas, pero sin dejar de ejercer la cotidiana presión sobre lo que es posible, dentro de determinados cálculos financieros, seguir extrayendo de su patrimonio o de sus sueños.

En promedio, esa clase media, de su ingreso aporta poco más de un tercio para impuestos (IVA, impuestos específico a los combustibles, impuesto de segunda categoría, bienes raíces, etc.). La otra parte importante lo destina a pagar las deudas que le permiten financiar su salud, la educación de sus hijos, la casa, un modesto automóvil y las vacaciones. El resto, para alimentarse y pagar los servicios necesarios para hacer vivible el hogar. Esa es la realidad promedio de la clase media. Los hay algunos que son más afortunados y los hay aquellos que son menos afortunados, los que no son muchos, en la medida del carácter de la empleabilidad y otras variables.

De este modo, ser de clase media  para muchos chilenos, es un acto de sobrevivencia, donde no encuentra armisticio alguno, y donde el Estado y las empresas que determinan el mercado y las finanzas clavan sus garras implacables e indiferentes.

El portazo a la gratuidad de la educación dado por el actual gobierno, más que afectar a los sectores más pobres, es un rotundo NO a la posibilidad de la clase media de tener un respiro futuro. El gobierno niega la posibilidad que el Estado chileno, entregue algo más que obligaciones. La clase media chilena no puede menos que sentir envidia de países vecinos donde la educación pública y la salud pública constituyen un soporte de vida que bien merecen los que tanto aportan a la riqueza nacional.

La carencia de una política fiscal que estimule un nuevo contrato social con la clase media, es uno de los desafíos que se debe abordar en los próximos eventos electorales la democracia chilena, de manera imperiosa e ineludible, ya que si no lo hace  se hace inevitable una crisis de proporciones. No debemos olvidar que todas las crisis políticas, en los últimos 100 años, han sido protagonizadas por la clase media, y con énfasis absolutamente contrapuestos a lo que cierto sentido común de las élites había determinado.

UNETE



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