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Los poderes fácticos y las redes sociales


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17/05/2020


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Transcurridos más de dos meses de confinamiento por la pandemia, haciendo un seguimiento a los acontecimientos mundiales, se debe asumir que el modelo de globalización y la geopolítica mundial están cambiando aceleradamente. Percibiendo que, en la trastienda de la crisis, habría responsables moviendo los hilos de lo que se disputa a nivel planetario, en una dimensión que escapa de nuestra realidad material de país de la periferia y de nuestro quehacer cotidiano, la reflexión deviene en una suerte de pensamiento intuitivo.


Desde la visión de las relaciones internacionales, en un accionar que hemos intentado por décadas, el momento actual del planeta exige un pensamiento holístico, una mente abierta para tomar acción de futuro, entendiendo que viviremos un país más pobre, pero quizá más justo y solidario, siendo ambos adjetivos una expresión de deseo del colectivo ciudadano. Las conversaciones que vamos sosteniendo, tanto para la reflexión como para hacer una catarsis gregaria, se van expresando en análisis integrados, intercambio de visiones, multidimensionalidad en las conversaciones, todo lo cual ayuda a ir compaginando, con diversos parámetros y la experiencia vivencial de cada cual, más la información que generan fuentes alternativas, un sentimiento de libertad para imaginar en medio de la cuarentena y confinamiento voluntario, escenarios probables para el cierre de esta crisis global.

Tratando de anticiparnos y de apostar a la construcción colectiva de poder ciudadano, lo primero que se viene a la mente es tener que aquilatar la fragilidad de la red social que hemos heredado del avance tecnológico y que nos ha servido de paliativo al aislamiento obligado, en medio de la emergencia sanitaria. Porque, más allá del instinto natural a la sobrevivencia, la virtualidad ha atenuado el aislamiento y, en general, se constata que estamos acostumbrados a vivir dependiendo, en gran medida, de la capacidad de acceder a plataformas que, de últimas, son propiedad de poderes fácticos supranacionales, a quienes molesta el pensamiento crítico y busca domesticarnos como seres obsecuentes y descerebrados.

El sueño de la Internet libre se vino esfumando a medida que los espacios de conectividad se han concentrado en plataformas planetarias, tales como Facebook, Youtube, Whatsapp, Instagram, las cuales, al pertenecer a los mismos poderes supranacionales que concentran la riqueza y el poder mundial, ejercen de hecho un gigantesco poder planetario y no es conspirativo afirmar que existe el riesgo objetivo de que pudieren coartar esta incómoda espontaneidad que ha surgido de las redes sociales.

No es especulativo marcar esa amenaza cuando, tanto Estados Unidos como China, están enfrascados en una carrera para controlar el futuro de la tecnología 5G y, en general, los Estados en una tendencia cada vez más antidemocrática, que busca ejercer un creciente control sobre el uso de Internet en su población, lo que significa limitar los derechos a la conectividad y censura a los contenidos. Los poderes fácticos aspiran a controlar las redes sociales o a intervenirlas con un ciber espionaje que censure, controle o manipule la opinión pública. Más allá de ello, mediante tecnologías de big data se busca identificar perfiles de individuos a escala mundial, para realizar sobre ellos una comunicación personalizada que atienda a sus intereses, conductas y emociones. La manipulación que se realiza a partir de esa segmentación tendiente al infinito, lleva a un control y vigilancia de carácter estructural, lo que significa anticiparse a cualquier amenaza que surja desde la población, grupos críticos en todo ámbito, que pueden ser criminalizados como los enemigos y neutralizados, infiltrados o eliminados preventivamente. Cuando se habla de esto, inmediatamente se estigmatiza al hablante como conspiranoíco, sin embargo, el sicariato sigue funcionando sobre periodistas de investigación, dirigentes ambientalistas, líderes sociales, en fin, cualquiera que cuestione el modelo dominante. Julian Assange, periodista australiano, creador de Wikileaks, arrestado en Inglaterra, luego de 4 años de asilo en la Embajada del Ecuador, hasta ser entregado a la policía por el Presidente Lenin Moreno; y Edward Snowden, que filtró acciones de espionaje de la CIA a la ciudadanía, que hoy reside en Rusia, han sido testimonio vivo de los poderes que se articulan con el manejo global de información sobre el ciudadano.

La concentración de los medios de comunicación a nivel mundial se traduce en una pequeña cantidad de cadenas globales. Esas cadenas han buscado complementar sus medios radiales, escritos o televisivos, con una presencia en las redes sociales, compitiendo con las personas que, en una multitud desordenada, pueden convertirse en anárquicas generadoras de tendencias, con la instantaneidad de la noticia capturada sin filtros. Por esa importancia de las redes para formar opinión pública, los poderes fácticos han convertido en usual el uso de los bots, que son programas informáticos que efectúan, con cuentas falsas y automáticamente, acciones repetitivas a través de Internet, como publicar,  dar like, responder o compartir, lo cual busca distorsionar la red, provocando desinformación, distractivos o un ánimo colectivo que sea propicio a los intereses de quienes manejan este medio planetario de comunicación social, generando, de paso, una desconfianza sobre la veracidad de lo que se publica en las redes sociales.

El control masivo de la Internet tuvo inicialmente propósitos comerciales para el comercio electrónico, con una segmentación precisa de los potenciales consumidores o usuarios. Pero, rápidamente, esa herramienta tecnológica fue incorporada a la Defensa, a los servicios de inteligencia, a la prospectiva, predicción y definición del marketing electoral. Clara evidencia de ello han sido las tecnologías que apuntan a tener una trazabilidad y análisis de contenidos de todo el universo de comunicaciones que circula por las plataformas globales, y las políticas de seguridad interior que ya mantienen y pretenden articular con más profundidad Estados cada vez más autoritarios o totalitarios. Si se agrega a esto, la existencia de organizaciones no gubernamentales que articulan pensamiento anti sistémico a nivel global, como, por ejemplo, GreePeace, Amnesty, Médicos sin Fronteras, los movimientos que luchan para frenar el calentamiento global o la defensa del Medio Ambiente, el poder aspira a controlar, a través del ciber espionaje, a estas organizaciones sociales que son activistas en contra de poderes, privilegios, depredación y corrupción.

Siempre se dijo que el Periodismo era el Cuarto Poder del Estado. Si la concentración en la propiedad de radio, prensa y televisión negó la libertad profesional del periodista, sometiéndolo a líneas editoriales de los dueños de los medios, las redes sociales, partiendo por los blogs,  ofrecieron un espacio abierto para la libertad de prensa real y ello terminó siendo una amenaza sensible para los poderosos de cualquier signo, en particular de parte del periodismo investigativo, anticorrupción, que ha provocado la caída de gobernantes y empresarios corruptos a nivel global. Ante esa amenaza, el sistema que sufrió el impacto de movimientos sociales, poniendo en riesgo a los gobiernos deslegitimados, ha comenzado a impulsar una normativa represiva y preventiva. Hasta antes de la pandemia, esta realidad cruzaba el planeta, con las protestas en Hong Kong, los chalecos amarillos en Francia, el estallido social de Octubre en Chile, las protestas en Colombia y Brasil. El poder vio crecer la movilización social organizada en forma “espontánea” por millones de protagonistas a través de las redes sociales.

 El poder de la información, los macro análisis big data, significa que tanto se puede detectar las tendencias, ideas y formas de pensar de las personas, como también desplegar sobre ellas un metódico bombardeo comunicacional que va orientado a sus sensibilidades más personales, de manera de reforzar sus perfiles y su toma de decisiones; junto con ello, el conocer el micro mundo de millones de personas, se facilita la acción represiva del Estado. La idea de control total rebasa los medios masivos y sus redes globales, para incursionar en las redes sociales con estrategias personalizadas para manipular, desinformar, influir en el ánimo colectivo, convirtiéndonos en borregos emocionales, que anulamos la razón y compramos negacionismos y pos verdades que el sistema global inculca en la conciencia colectiva. La sin razón es la tónica y resultan peligrosos los contestatarios, los críticos, los francotiradores intelectuales, que disparan ideas peligrosas.



Hernán Narbona Véliz, Periodismo Independiente, 17/Mayo/2020

 



Etiquetas:   Política   ·   Redes Sociales   ·   Democracia   ·   Sociedad   ·   Globalización   ·   Poder Mediático

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