. Cada semana que pase se añadirán cierres de empresas y miles de parados.
Desde que el diario
ABC publicó la encuesta de intención de voto en Madrid, donde el PSOE y Podemos
se daban el batacazo, el Gobierno central no ha cesado de poner trampas a Díaz
Ayuso y al alcalde, Almeida. Este último parece intocable y la oposición en el
ayuntamiento madrileño no existe o está amaestrada. Pero en la comunidad han
minado el terreno a la presidenta. Con lo que no contaba el negligente Gobierno
es con que Díaz Ayuso se iba a defender como ”gato panza arriba”.
En Moncloa se busca
culpable con urgencia y quienes más cerca están son los dirigentes “enemigos”
del ayuntamiento y la comunidad: no se puede consentir que el Gobierno quede
como el tonto del barrio y sus oponentes lleven la bandera de la eficacia, de
la acertada gestión y de la anticipación a la gravedad del Covid19. Ante tanta
eficacia y ante la brutal pérdida de posiciones del PSOE y de Podemos en
Madrid, el Gobierno intentará culpar a la presidenta de Madrid de haber matado
a los mamelucos, tender trampas a los afrancesados durante la guerra de la
independencia y de ordenar los fusilamientos de Príncipe Pío, incluso de
financiar las herramientas y aperos del campo a San Isidro Labrador o la tenencia de "offshore" a nombre de Santa María de la Cabeza.
Si dan mascarillas
hay que decir que son ilegales y antihigiénicas; si muere gente mayor en
residencias, Pablo Iglesias se acobarda y “echa los perros” a la comunidad, sin
enterarse de que con la centralización son ellos los culpables de la ineficacia,
la ineptitud y el parasitismo; si Díaz Ayuso vive en un apartamento, se fabrican
pruebas y se miente para que la población se olvide de los 30.000 muertos. Y
así con todo. Cuando no sacan problemas desde Moncloa, se los sacan en su
propia casa. Con los menús de los niños madrileños solo le ha faltado decir al
Gobierno que eran falsos o que se daban bocadillos de “chuches”. Con ello, Iglesias ha pretendido “lancear” al
empresariado madrileño aludiendo a su ineptitud y a su nulo interés por la
salud de los madrileños, cuando la ineficacia y la irresponsabilidad son
exclusivamente de él y sus socios del puño y la rosa. Ni Iglesias ni Sánchez se
han molestado en ayudar al pueblo de Madrid, pero sí han puesto trabas
constantemente. “Ambos son el virus y la
pandemia de España”, como expusimos en otro artículo.
Dentro de casa, Cs
también ha traicionado a Ayuso. Aquí también hay gente que mueve el árbol con
la intención de que otros recojan las nueces. Entre Aguado y Alberto Reyero han
montado un “bocadillo” a Isabel Díaz Ayuso más propio de dos chapuceros que de
dos políticos de raza. Y con ello han demostrado que esa formación veleta esta
desmoronada. Con lo que no contaban es con que Inés Arrimadas les iba a acabar
de arruinar su futuro con pactos no entendidos ni entendibles. No es
descartable la desaparición de Cs en las próximas elecciones.
Antes de que el
Gobierno “trichavista” declarase la guerra de fases a Madrid, la presidenta se
vio obligada a prescindir de la ineficacia y chulería de Alberto Reyero y su
equipo de Cs; para ello rescindió su competencia en geriátricos, pasándola al
consejero de Sanidad. El tal Reyero traicionó a Díaz Ayuso y se dirigió a Pablo
Iglesias sin autorización de la presidenta, con lo que rompió el conducto
reglamentario. Y ahí comenzó la desconfianza entre los “Arrimados” de la
comunidad y la presidenta. Habría que mencionar que esas diferencias se
agudizaron con la posición discrepante de pasar a la fase-1 o permanecer en la
fase 0. Entre medias se agrió el cotarro con la dimisión de Yolanda Fuentes,
directora general de Salud Pública, sustituida por un “todoterreno” y eficaz
gestor, Antonio Zapatero.
Desde aquella
encuesta, donde Ayuso y Almeida “barrían”
en Madrid, no han faltado “pedradas”
como la del apartamento de Kike Sarasola -- el Gobierno se la ha tenido que
envainar-- y la divergente posición de la
mal llamada “desescalada” madrileña. Lo cierto es que ya hay 35.000 familias
querelladas contra Salvador Illa, Pedro ‘Plagio’ Sánchez y todo el conflictivo Gobierno.
Era necesario lanzar globos sonda, incluso intentar poner a la Policía contra
el pueblo, para que no se hablara de la
penosa, mortífera y negligente gestión del Gobierno y de los escondidos “expertos”,
sin olvidar a los “simones” de turno que no aciertan ni cuando rectifican.
Ayuso y Almeida están
ante una guerra sucia con muchos frentes abiertos. El sino del socialismo y del
comunismo es reiterar la mentira hasta que parezca verdad. Intentarán
culpar a ambos dirigentes de la muerte de Luis Daoiz y Pedro Velarde, de
la traición a José I (“Pepe Botella”) y de ser los mamporreros de Napoleón para
que retuviera a Fernando VII. En fin,
doy fe de que ni Almeida ni Díaz Ayuso tuvieron nada que ver en la ruptura del
Tratado de Fontainebleau.
Sánchez e Iglesias pretenden paralizar Madrid. Siguen buscando
culpables. El dúo chavista está llevando a la capital a la ruina. “Cada día que pasa crece la indignación de los madrileños,
el cierre de negocios y el paro”. Crecerán las protestas y puede haber
levantamientos masivos. Un daño así solo puede ser obra de un psicópata. Y ese reside en Moncloa, arropado
por la parasitaria extrema izquierda.