No estamos ante una crisis, ni siquiera una recesión: si no lo remediamos, caeremos en una depresión económica que se prolongará durante varios años. Se está sentenciando a muerte la economía y por consiguiente la sociedad del bienestar, que sólo es sostenible en una economía saneada. Es urgentísimo un plan estratégico económico que evite la debacle total, antes de que sea demasiado tarde.




