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Ojos de Maestra y Coronavirus


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14/05/2020

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Mes y medio.


Hace poco menos de mes y medio que la pandemia nos alcanzó a todos en este lado del mundo. Hace exactamente 40 días comenzó una cuarentena que hoy, sin embargo, se extiende.

Y las aulas se quedaron solas.

Y nos apresuramos a darles sus libros a los niños, sus cuadernos, sus colores.

Y dejamos inconclusos los proyectos, las maquetas, los bailes de primavera.

Y corrimos a casa perseguidos por un enemigo invisible, pero potencialmente mortal…eso nos dijeron.

Y llegamos a casa y ahí fue donde comenzó la verdadera carrera, una carrera contra el reloj.

Maestros, Alumnos, Padres de familia, tuvimos que aventarnos de clavado al mundo digital, de golpe y sin pensarlo mucho, como cuando hay que bañarse con el agua fría.

El mundo digital que utilizábamos tan a diario para el ocio; para “el Netflix” para “el Facebook y "el Youtube”

Y los maestros, algunos, los más comprometidos, los visionarios; ya tenían algunos años utilizando las TIC’s…si, esas famosas TIC’s de las que hablábamos  en los consejos técnicos y con  las que llenábamos pliegos de papel bond y los presentábamos a la SEP en nuestra “ruta de mejora.” Otros, no sabían que serían engullidos por ese monstruo y tuvieron que aprender a la mala, que hay enseñanza más allá de la libreta, del pintarrón, de la planilla pegada en la cartulina.

Nos vimos de pronto aprendiendo a editar videos, a “subir” y “bajar” archivos, a hacer infografías digitales, a buscar entre mil opciones de educación “virtual”. Perdimos el miedo a la cámara, nos volvimos “Youtubers”, aprendimos la importancia de “silenciar el micro”, encontramos el ángulo perfecto para el video, el rincón con buena luz. Y trabajamos sin descanso, atendiendo dudas por e-mail, por “plataforma”.

Y de pronto comenzaron a ocurrir los milagros: las mamás, los papás, las abuelas, los hermanos mayores, por fin entendieron muchas cosas, se volvieron nuestros aliados en el mejor de los casos. Más allá de los memes de "maestros versus mamás", comenzaron a ver otra realidad, esa que se queda casi siempre entre las cuatro paredes del salón de clases, dejamos de ser antagonistas y empezamos a trabajar juntos por un mismo objetivo.

Y luego las sorpresas: el niño de “dieces” colapsó ante la falta de rutina, de exigencia y se sintió perdido en un momento en el que su estructura se derrumbó. Y el niño con TDA, el hiperactivo, el que en el salón grita las respuestas y brinca y salta y no hace caso, el niño que no podía poner atención por más de 10 minutos, por fin tuvo lo que deseaba: a sus padres tomándolo de la mano…y floreció…y entregó todas sus tareas en un solo día y pidió más…y ahora solo recibe felicitaciones, ya no hay reportes, ni castigos, ni sermones. Otros permanecieron y lo que no podían hacer en el salón, tampoco pudieron hacerlo en casa.

Descubrimos que el que más rápido se adapta es el que triunfa, unos nos adaptamos, otros no triunfarán.

Después de todo el virus le vino a dar una sacudida al mundo y viéndolo con ojos de maestra debo decir que tenemos que aprender de esto que estamos viviendo. La pandemia catapultó al sistema educativo y ya no fue un brinquito, entramos de lleno y sería una pena que al regresar, todo fuera en vano, todo fuera para atrás, por lo menos aquí, no debe haber un regreso a la “normalidad”.

No hay razón para parar el impulso, ya no es una utopía, ya se hizo, ahora hay que continuar el esfuerzo, hay que replantear muchas cosas: los contenidos, las formas, las horas lectivas que agotan tanto al maestro como al alumno. Detenerse y regresar no es una opción.

Al menos no para mí, ni para muchos compañeros maestros que estamos en esto por vocación, en una escuela particular, de esas que no dan plazas ni pagan bonos, pero ahí estamos por el simple hecho de que amamos lo que hacemos.



Etiquetas:   Profesores   ·   Estudiantes   ·   Alumnos   ·   Escuela Primaria   ·   Coronavirus   ·   Pandemia   ·   Cuarentena   ·   Educación On-line

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