En el centro de una carabela llamada España



¿Qué es ser de centro? El centro político no es una ideología comparable en el espectro con otras como el conservadurismo o la socialdemocracia. El centro político es una voluntad. Es la voluntad de entender la política y el servicio a los ciudadanos como algo donde no caben ni la crispación ni los extremismos que solo buscan enfrentar a los compatriotas, a los hermanos, a las familias. Se puede ser liberal y de centro, socialdemócrata y de centro. Solo las ideologías extremistas se excluyen del centro por los obvios motivos que he argumentado anteriormente. El centro es la defensa de lo políticamente correcto, el respeto al que no piensa como tú, a modo de resumen podemos decir que ser de centro es ser tolerante. Creo que todos los que lean esto, piensen como piensen estarán, en gran parte, de acuerdo conmigo. 

 


Definido el centro nos podemos hacer la siguiente pregunta: ¿Es posible convivir en un sistema democrático sin una mayoría de los representantes políticos de centro? La respuesta me permito rescatarla del libro de José Manuel García Margallo. Él, citando a Salvador de Madariaga, dice así: “Lo más avanzado de la nave, con lo que corta las aguas de la historia, es la proa, y la proa no está ni a babor ni a estribor, sino en el centro. Estado sin centro, nave sin proa.”  Creo que queda, con esta afirmación, demostrado lo que pienso y les desvelo la fuente de inspiración para el título del artículo que tienen entre las manos.

Sabiendo ya lo que es el centro, y que es necesario, nos podemos también preguntar: ¿Qué pasa en la actualidad? Pues en la actualidad el centro es "la china" en el zapato del político. Vayas donde vayas, partido A o B, plató de televisión X o Y encontrarás a alguien criticando al centro político, o, en mi opinión, al mal llamado centro político. Permitid que me explique. En los últimos años hemos visto cómo se relacionaba el centro político con la tibieza, la pasividad o el "buenismo". Pues bien, ahora me gustaría que esos críticos con "el centro tibio" se retrotrajeran a 1977. Sí, que se retrotraigan a la Transición. Ese periodo de inestabilidad con una dictadura muerta pero sin enterrar, unas heridas sin cicatrizar y un pueblo pidiendo libertad. La UCD, y en especial el presidente Suárez junto a Torcuato Fernández Miranda, presidente de las últimas cortes franquistas y profesor de derecho político de Don Juan Carlos, fueron protagonistas del paso al llamado régimen del 78 que dotaba a nuestro país de las libertades que hoy gozamos todos. Estas personalidades se enfrentaron al llamado búnker franquista, a las exigencias de comunistas y socialistas, y a la presión de un pueblo, el español, reclamando democracia. Creo que esto es un ejemplo más que explícito de que el centro no es ni tibio, ni blando, ni significa dejar de defender los ideales que cada uno tenemos. 

Pues continuando con la disertación sobre la actualidad, tenemos, no solo en España, sino en toda Europa, formaciones contrarias al centro político dirigidas por, permítanme la expresión, fanáticos. Formaciones estas, que basan sus campañas en enfrentar a los ciudadanos y logran sus votos a costa de utilizar un mensaje populista rápido de difundir, vacío en contenido y falto de formas y respeto, pero efectivo ante la crispación o desesperación que anteriormente se ha, o han generado, en la población.

Escuchábamos el otro día en el hemiciclo al Presidente del Gobierno hablar de los Pactos de la Moncloa. Pareciese que el señor Sánchez me estuviera echando una mano para terminar el artículo ya que estos acuerdos históricos se hicieron desde ideologías completamente opuestas pero con el centro político como factor común para disipar las diferencias y enfrentamientos y construir un futuro mejor para todos los españoles. Eso es lo que también necesitamos en la actualidad. Si se quieren reeditar aquellos acuerdos y trabajar unidos para frenar la pandemia y sus consecuencias hará falta más centro político y menos crispación. Más cooperación y menos “y tú más”. En definitiva, más gente en el centro de esta carabela llamada España.

Juan Pous Cabello



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En el centro de una carabela llamada España


¿Qué es ser de centro? El centro político no es una ideología comparable en el espectro con otras como el conservadurismo o la socialdemocracia. El centro político es una voluntad. Es la voluntad de entender la política y el servicio a los ciudadanos como algo donde no caben ni la crispación ni los extremismos que solo buscan enfrentar a los compatriotas, a los hermanos, a las familias. Se puede ser liberal y de centro, socialdemócrata y de centro. Solo las ideologías extremistas se excluyen del centro por los obvios motivos que he argumentado anteriormente. El centro es la defensa de lo políticamente correcto, el respeto al que no piensa como tú, a modo de resumen podemos decir que ser de centro es ser tolerante. Creo que todos los que lean esto, piensen como piensen estarán, en gran parte, de acuerdo conmigo. 

 


Definido el centro nos podemos hacer la siguiente pregunta: ¿Es posible convivir en un sistema democrático sin una mayoría de los representantes políticos de centro? La respuesta me permito rescatarla del libro de José Manuel García Margallo. Él, citando a Salvador de Madariaga, dice así: “Lo más avanzado de la nave, con lo que corta las aguas de la historia, es la proa, y la proa no está ni a babor ni a estribor, sino en el centro. Estado sin centro, nave sin proa.”  Creo que queda, con esta afirmación, demostrado lo que pienso y les desvelo la fuente de inspiración para el título del artículo que tienen entre las manos.

Sabiendo ya lo que es el centro, y que es necesario, nos podemos también preguntar: ¿Qué pasa en la actualidad? Pues en la actualidad el centro es "la china" en el zapato del político. Vayas donde vayas, partido A o B, plató de televisión X o Y encontrarás a alguien criticando al centro político, o, en mi opinión, al mal llamado centro político. Permitid que me explique. En los últimos años hemos visto cómo se relacionaba el centro político con la tibieza, la pasividad o el "buenismo". Pues bien, ahora me gustaría que esos críticos con "el centro tibio" se retrotrajeran a 1977. Sí, que se retrotraigan a la Transición. Ese periodo de inestabilidad con una dictadura muerta pero sin enterrar, unas heridas sin cicatrizar y un pueblo pidiendo libertad. La UCD, y en especial el presidente Suárez junto a Torcuato Fernández Miranda, presidente de las últimas cortes franquistas y profesor de derecho político de Don Juan Carlos, fueron protagonistas del paso al llamado régimen del 78 que dotaba a nuestro país de las libertades que hoy gozamos todos. Estas personalidades se enfrentaron al llamado búnker franquista, a las exigencias de comunistas y socialistas, y a la presión de un pueblo, el español, reclamando democracia. Creo que esto es un ejemplo más que explícito de que el centro no es ni tibio, ni blando, ni significa dejar de defender los ideales que cada uno tenemos. 

Pues continuando con la disertación sobre la actualidad, tenemos, no solo en España, sino en toda Europa, formaciones contrarias al centro político dirigidas por, permítanme la expresión, fanáticos. Formaciones estas, que basan sus campañas en enfrentar a los ciudadanos y logran sus votos a costa de utilizar un mensaje populista rápido de difundir, vacío en contenido y falto de formas y respeto, pero efectivo ante la crispación o desesperación que anteriormente se ha, o han generado, en la población.

Escuchábamos el otro día en el hemiciclo al Presidente del Gobierno hablar de los Pactos de la Moncloa. Pareciese que el señor Sánchez me estuviera echando una mano para terminar el artículo ya que estos acuerdos históricos se hicieron desde ideologías completamente opuestas pero con el centro político como factor común para disipar las diferencias y enfrentamientos y construir un futuro mejor para todos los españoles. Eso es lo que también necesitamos en la actualidad. Si se quieren reeditar aquellos acuerdos y trabajar unidos para frenar la pandemia y sus consecuencias hará falta más centro político y menos crispación. Más cooperación y menos “y tú más”. En definitiva, más gente en el centro de esta carabela llamada España.

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