Crecimiento y bolsillo de la gente

Una desigualdad profunda marca el crecimiento económico peruano de la década. El PBI, la producción nacional, aumentó en 48% al 2008 y las exportaciones crecieron en un 89% per cápita, pero la distribución de la riqueza es atrozmente desigual. Setenta y cinco de cada 100 familias de Lima viven con un ingreso promedio mensual menor a 2,000 soles y 35% tiene un ingreso familiar menor de 1,000 soles mensuales.


. El PBI, la producción nacional, aumentó en 48% al 2008 y las exportaciones crecieron en un 89% per cápita, pero la distribución de la riqueza es atrozmente desigual. Setenta y cinco de cada 100 familias de Lima viven con un ingreso promedio mensual menor a 2,000 soles y 35% tiene un ingreso familiar menor de 1,000 soles mensuales.
 

Las cifras sobre salarios son elocuentes. En 1980, 36% del PBI iba a salarios. Casi 30 años después, el 2009, a salarios solo iban S/.21 de cada S/.100 producidos. La Remuneración Mínima Vital es de S/.600 desde fin del 2006, pero en mayo de 1974 la RMV equivalía a S/.1,929 (S/. constantes de 1997) y podía comprar el triple de hoy. La economía ha crecido y los salarios han caído, mientras las ganancias empresariales se han multiplicado. Setenta y siete por ciento de los trabajadores laboran en empresas que tienen entre 1 y 10 trabajadores con RMV o menos, y el 78% de las empresas del país es informal.

 

Para colmo, pagamos nuestros recursos naturales a precios internacionales, como si los compráramos fuera. Por eso pagamos entre S/.32 y S/.35 el balón de gas o las gasolinas a los precios que sufrimos. Ni siquiera accedemos a nuestros recursos naturales como es el caso de la mayoría de peruanos respecto del gas natural de Camisea para consumo doméstico. Y, encima, el Estado no nos protege y permite que se cobren altísimas tasas de interés por los créditos bancarios y de consumo, esquilmando a la población.

Esta realidad, frontalmente criticada por las fuerzas del nacionalismo y del cambio en el Programa de Gana Perú y Humala, se ha convertido en un eje del debate político electoral. Hoy, todos los candidatos, incluyendo los que ya gobernaron el Perú a favor de los más ricos, reconocen de palabra que el crecimiento económico no llega al bolsillo de la mayoría. Ahora ofrecen aumentar sueldos a maestros y policías, mejorar los presupuestos de Salud, Educación y programas sociales, apoyar la microempresa y el agro. Pero sus programas –con excepción de Gana Perú– no incluyen una reforma tributaria que haga que paguen más los que ganan más.

 

En el Perú, el Estado recaudó S/.13.80 soles de cada 100 producidos el 2009 (CEPAL). En Sudamérica el promedio de recaudación fue de US$20.30 dólares de cada 100 producidos, mientras que en Brasil recaudaban 34.3% del PBI y en Inglaterra más de 40%.

 

Con un Estado que recauda tan poco de las principales fuentes de riqueza, es obvio por qué el Perú dedica solo S/.2.60 de cada 100 que produce a Educación el 2008, y solo 1.2% del PBI a Salud, menos que la mitad del promedio latinoamericano. Si no se recauda más no hay mejor educación, salud o infraestructura o saneamiento. Menos aún habrá mejores salarios para maestros y policías, se mejorará las pensiones de jubilación o se terminará con los contratos CAS y otros abusos.

 

El Estado debe recaudar más del 14% del PBI de hoy. Debe superar el 21%. Imposible dedicar 6% del PBI solo a Educación si recauda 14 en total. Imposible aumentar el porcentaje de Salud. Solo entre esos dos servicios absorbería casi el 90% del Presupuesto Nacional. ¿Cómo mantendría el resto? La única forma de tener mejor educación y salud, mayor seguridad y una policía mejor pagada, poner el planilla a trabajadores indebidamente sometidos al CAS y mejorar a los jubilados sometidos a pensiones de hambre, o atender la necesidad de crédito para el agro y la microempresa, es con una auténtica reforma tributaria que cobre más a los que ganan más, especialmente a las mineras que explotan recursos naturales agotables y obtienen enormes utilidades (US $32,800 millones de dólares entre el 2006 y 2010), y al sector financiero y bancario. Un impuesto a las sobreganancias mineras y un impuesto a la renta más elevada a sectores con enormes ganancias como la banca son urgentes.

 

Ciertamente, ello debe ir de la mano con una reforma del Estado para un gasto más eficiente, y una batalla contra la corrupción que desvía y se apropia del dinero que el país necesita para crecer con equidad y justicia. Sin estas medidas todo es cuento.

 

 

Por Javier Diez Canseco

Candidato al Congreso por Gana Peru

 

Publicado Lunes 7 de marzo en La República

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