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el PRI y su temor al espejo Madrazo


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12/10/2011

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Confesiones.


 

El PRI y su temor al espejo Madrazo.

 

A pesar de la ventaja que el partido revolucionario institucional o más bien su virtual candidato Enrique Peña Nieto, mantiene en contra de sus rivales en la carrera por la presidencia de la república, que se señala en las preferencias que refieren las encuestas y que no puede considerarse definitiva, en su cuarto de estrategia hay razones fundadas para la preocupación, toda vez que en el largo camino hasta a la elección, diversos factores pueden complicar el escenario trazado y desviar el rumbo, entre otros además de los pesados lastres que con los que su partido carga, el temor principal se circunscribe a la posibilidad de la división interna, no porque exista realmente una competencia por la postulación, todos en el PRI quieren a Enrique Peña de candidato para poder ganar y cobrar su parte correspondiente de poder,  más bien por el entramado de intereses entre los grupos de influencia, que al reclamar cada uno su espacio pueden propiciar desequilibrios similares a los de la contienda de hace seis años, que fueron un elemento fundamental de su derrota, el espejo Madrazo.

Aun y cuando la candidatura de Roberto Madrazo a la presidencia el sexenio pasado no era ni por mucho garantía de triunfo, uno de los factores que incidieron para que el resultado se consumara y fuera todavía peor a lo esperado, provino precisamente de esa desintegración interna, del mercadeo de apoyos y la mutación de lealtades, en su mayoría de sus propios gobernadores que jugando con los pronósticos, prefirieron mantener su condición de independencia y cacicazgo regional, en contra del retorno de un presidencialismo que les hubiera significado plegarse a su autoridad.

De nueva cuenta aun y cuando las circunstancias podrían plantearse diferentes, los grupos de influencia, líderes gremiales y sindicales y particularmente los ex gobernadores priistas que recientemente concluyeron sus encargos y que en su mayoría mantienen control sobre sus sucesores, exigen una importante participación en la repartición del beneficio que implica el eventual regreso al poder presidencial.

Lo hacen unos para por un lado garantizarse impunidad y todos evidentemente por el ansia de continuar disfrutando de ese poder, por eso en el caso de los ex gobernadores, su inclusión en diversas carteras del comité ejecutivo nacional del partido, aun y cuando eso representa un contra sentido en función de sus antecedentes personales y los erráticos resultados de sus gestiones en los estados que gobernaron.

Sin embargo y a pesar de que su inclusión significa un estorbo, el virtual candidato tiene que convivir materialmente a la fuerza con esta circunstancia, precisamente por el temor al espejo Madrazo, porque si bien es cierto que ninguno de estos personajes, designados delegados regionales, Fidel Herrera de Veracruz, Eugenio Hernández de Tamaulipas o José Reyes Baeza de Chihuahua por ejemplo, aportan nada en la búsqueda de la victoria, si representan un riesgo latente de operación en contra y que ello pueda contagiar a otros tantos en situación similar.

De seguir así las cosas, no puede descartarse tampoco que en algún momento se haga público que Elba Esther Gordillo, quien es sin duda un referente del oportunismo, en esta tendencia se sume a favor del candidato del PRI a la presidencia, a pesar de su controvertida imagen y el pacto que sostiene todavía con Felipe Calderón.

La maestra quien se ha caracterizado por el manejo de las conveniencias, no precisamente por las convicciones, estará calculando el tiempo exacto para sumarse al tren de la victoria y en el PRI no querrán correr el riesgo a pesar de su personalidad adversa en cuestión de principios, de tenerla otra vez como rival en el terreno de la operación electoral.

Por supuesto sin omitir la situación del propio presidente del partido Humberto Moreira, inmerso en el escándalo de la falsificación de documentos que sirvieron para incrementar el de por si excesivo endeudamiento público del gobierno de Coahuila en su periodo como gobernador.

De hecho la complicada coyuntura del tema Moreira, plantea a su vez dos vertientes, la decisión de su separación del cargo, que al parecer depende solamente de tiempo por la presión mediática que se ejerza en los días siguientes y por supuesto la rebatinga por sucederlo en el cargo.

Con la decisión tomada y solo en espera del mejor momento, o más bien menos dañino para efectuarla, Peña Nieto encamina a uno de sus operadores de confianza, Miguel Osorio Chong, ex gobernador de Hidalgo y actualmente secretario de elecciones del comité nacional priista para reemplazar a Moreira.

Sin embargo por lo delicado de la situación, la salida de Moreira es una extraordinaria ocasión para el despliegue del oportunismo tartufiano de Emilio Gamboa Patrón, que aprovecha el galimatías provocado por el escándalo Moreira, para como siempre tratar de sacar ventaja personal del hecho.

Toda vez que Peña Nieto y Manlio Fabio Beltrones han pactado ya su propia y personal alianza, Gamboa Patrón se quedo solo y sin apoyos porque ya no representa nada, es entonces que el oportunismo insaciable de Gamboa Patrón, surge como siempre para entrometerse y dificultar las cosas, una forma de ofertarse en la conciliación, cuando es él quien provoca los conflictos. Un claro ejemplo del efecto del espejo Madrazo.

Gamboa sabe que no hay forma de que pueda ser electo presidente del partido en un proceso, jamás ha participado en ningún tipo elección, ha sido legislador varias veces cobijado siempre en la bondad del sistema plurinominal, su única alternativa para ocupar esa posición seria mediante la sustitución, por eso promueve tras bambalinas los ataques contra Moreira, traiciona la alianza que sostenía con Beltrones y ahora se arrastra materialmente en busca de un acercamiento con Peña Nieto que le permita llegar a la presidencia del PRI.

Solo que Gamboa en el transcurso de la perfidia que lo caracteriza, que ni siquiera Moliere hubiera podido reseñar mejor, cometió un error de cálculo, cuando él y sus allegados corrieron la versión de que había sido él, quien había operado y pactado “el abrazo” entre Peña Nieto y Beltrones en la reunión del consejo político la semana pasada. Versión que trascendió ambos han descalificado toda vez que ese acuerdo lo realizaron de manera personal, dejando una vez más en evidencia las oscuras y retrogradas prácticas de Emilio Gamboa, para posicionarse a través de la intriga palaciega.

Es evidente y lo comentábamos en la columna anterior, que Peña Nieto tiene que cargar con el partido, con sus pasivos, la explicación de ello es porque de otra forma las fuerzas al interior pueden cobrarle muy caro un intento de independencia y desmarque, en el entendido de que sus peores enemigos pueden resultar sus propios correligionarios. No olvidemos que eso fue precisamente lo que derivo en el trágico asesinato de Luis Donaldo Colosio.

Para el viejo PRI que intenta inútilmente venderse como uno nuevo, lo único que importa es la conservación de los privilegios, la sobrevivencia de los grupos, la supremacía de las facciones, aun a costa de su presencia y credibilidad.

Lo interesante será observar si esta tendencia de chantaje continuara de llegar Peña Nieto a la presidencia, si podrá sostener un régimen fundado en esas características, porque si hoy se comprende que tenga que convivir por obligación y precaución con esta circunstancia, una cosa muy diferente será si la permite en el poder.

Porque la operación pragmática para evitar insubordinaciones y deslealtades en el previo a su designación y sobre todo en los comicios, que seguramente en el cálculo le resultan menos onerosos que el enfrentamiento, no podrían ser argumentos sobre los cuales se pueda construir gobernabilidad.

 

guillermovazquez991@msn.com

twitter@vazquezhandall



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