La ranita Toronjita

 

.

 

A mí me la regaló,

me la dio en una cajita,

estaba tan pequeñita

que ternura me causó.

 

Yo, le puse Toronjita

por gordita, jugosita,

me parece una cosita

de las que manda Diosito.

 

Sus ojitos son saltones,

tiene las patitas largas,

luce diversas manchitas

que son oscuras, negritas.

 

Mueve, mueve, su garganta,

pues se la pasa comiendo,

solo estira esa lengüita

alcanzando el alimento.

 

La Ranita Toronjita

come, come, sin parar,

come grillos, cochinillas

y no deja de engordar.

 

Le voy a echar su guayaba

pa’ que se le hagan mosquitos,

pobrecitos, tan chiquitos,

también los va a devorar.

 

Por las mañanas, le gusta

que le dé el sol un poquito,

regresando a su nidito

que entre las aguas está.

 

En la cuevita de lodo

permanece muy tranquila,

ahí está bien quietecita

saliendo solo a cazar.

 

¡Ay, Ranita Toronjita!,

no te quiero regordeta,

me encantas en miniatura,

quisiera verte flaquita.

 

Si tú sigues de glotona

no vas a caber en casa

y, pronto, vas a aprender

que la vida . . . no es comer.

 

Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda

México, D. F., a 02 de octubre del 2006

Dedicado a mi Chalita, ¡te amo a ti!

Reg. SEP Indautor No. 03-2007-082112003600-14

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