. En las provincias vascongadas se considera
‘apestados’ a los aprendices de terrorista y de futuros dirigentes de la banda.
Solo la vía policial y judicial puede acabar con la represión que la siniestra abertzale
ejerce sobre la sociedad vasca, su incontrolada violencia y la difusión de
negativas influencias en numerosos ámbitos sociales.
ETA y todo su
entorno llevan muchos años confundiendo a la sociedad vasca. Su abanico de
apariencias solo ha generado miedo, odio, pérdida de inversiones y abundante
emigración laboral. Ni representa a la sociedad, ni la va a representar nunca.
Hoy, en el conjunto de las provincias vascas, se duda de casi todo cuanto
cobija al entorno radical: lo mismo se presentan bajo la etiqueta de un grupo de
comunicación, una entidad ecologista, una organización no gubernamental, un
grupo cultural, una entidad benéfica, una asociación por la paz y la concordia
o un colectivo para la alfabetización y la educación de personas adultas.Con sentencias como
la de la Sala de
lo Penal del tribunal Supremo la sociedad civil se rearma de moral e incrementa
su confianza en el poder judicial. De la misma forma que con actitudes como la
de EA y PNV se observa una actitud cobarde y mediocre, es evidente que a ambas
formaciones no les interesa el fin de ETA y de todo su montaje. Exagerando un poco, no faltan quienes
entienden que hasta el PNV y EA son otro vulgar entramado acostumbrado a
convivir con la escoria terrorista. ¿Acaso EA no es una escisión del PNV, desde
que en 1986 lo fundara Carlos Garaikoetxea? ¿Acaso ETA no nació en el seno del
PNV? Hoy se puede afirmar sin temor a equivocarse que el Partido
Nacionalista Vasco es la nodriza de todo lo negativo acaecido en el seno de
las provincias vascas.