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El pensamiento de la izquierda


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20/04/2020


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INTRODUCCIÓN

            Actualmente vivimos en una época Orwelliana en la que el pensamiento único se ha apoderado de las masas y está siendo difundido por todos los medios de comunicación al servicio del establishment, aceptado sin enmiendas ni reparos y experimentado como algo propio, diferente, diverso y subversivo. Vivimos una era de censura e imposición, de corrección, la era mainstream de ministerios que dictan qué es y qué no es verdad, cómo debemos pensar, relacionarnos, qué debemos hacer, qué nos debe gustar, cómo tenemos que comportarnos, etc.., la dictadura del consenso donde las revoluciones se sirven y dirigen desde el Gobierno. El gran hermano omnisciente, panóptico y omnipotente ha triunfado y ha sistematizado la disidencia convirtiéndola en un bien de consumo, ha fagocitado la insurgencia y la controla vehiculizándola a discreción según sus apetencias.

            Vivimos en una sociedad infantilizada, incapaz de aceptar la realidad, caprichos y supérflua. Una sociedad que considera que tiene derecho a todo y que estos derechos se materializan por el mero hecho de ser protocolizados en un documento, pretiriendo toda realidad material necesaria para conseguirlos, lo que los conformaría como lo que realmente son, servicios requeridos de financiación. Una sociedad donde prima la autopercepción a la objetividad, donde se castiga el mérito y el talento como formas de oferta para cubrir las demandas, y se premia la subvención que convierte cualquier actividad en propaganda del régimen de turno. Una sociedad encaminada a la destrucción de las clases medias y del emprendimiento en favor de un Estado que subviene las necesidades bajo el mantra “gratis”, ocultando que lo Público es infinitamente más caro e ineficiente que lo privado, obviando que el concepto “gratis” no existe, y que “La justicia social es el caballo de Troya del totalitarismo”. Se busca la tutela, la cesión de libertad, la anulación de la individualidad y la reducción de la persona a la cifra, todo con tal de que un ente superior, propietario de la verdad revelada, decida por nosotros y no tengamos que ser responsables de nuestra situación, de que un Leviathan magnánimo nos edulcore la realidad y la adecue a nuestras apetencias

            El Estado lo es todo y el individuo no es nada. Los que siempre tuvimos una ideología libertaria, que vindicaba libertad individual, soberanía del individuo sobre él y su propiedad, un estado libérrimo de las cosas en el que el feudo de las personas era su presente y su futuro, donde el voluntarismo vencía frente a la coacción, nos unimos a las filas de la izquierda como movimiento depositario de todos esos valores. La vida y el tiempo nos han hecho ver que estábamos en el bando equivocado, y que creyendo defender la libertad nos convertimos en liberticidas al servicio del dogma.

            Hoy seguimos siendo disidentes, insurgentes, contestatarios, no hemos mutado el discurso (con pequeños matices) porque lo que sigue habiendo en frente es un Estado hiperdimensionado; pero sí que ha cambiado el escenario, porque hemos tomado consciencia de que, en la actualidad, esa posición de diferencia con lo establecido pasa por apostatar de la izquierda, de una izquierda que ha perdido el centro, pasa por renegar de todo lo que un día defendimos y de lo que hoy huimos. Nos creímos el discurso, y como hemos pensado y sentido como ellos, sabemos como piensan y sienten hoy en día las mayorías, que, creyéndose minorías antisistema, y victimas perseguidas, engordan las filas del pensamiento único.





1.- DEFINICIÓN

El pensamiento de la izquierda es un pensamiento complejo en el sentido etimológico del término, ya que, se conforma como la manifestación de tres pensamientos simples de manera simultánea y acumulativa. No obstante, pese a que se dé de forma sincrónica, existe una jerarquía ínsita y superpuesta que hace que el siguiente grado, dependa causalmente del anterior y a éste se le agregue lo expresado en el grado precedente.

Vamos a explicar estos tres pensamientos simples que forman el pensamiento complejo. Utilizando conceptos económicos, valoraremos el pensamiento complejo con un rating “III”, triple “I”, por constituirse acreedor de los tres términos “infantil”, “irresponsable” e “incoherente”, cada uno titular de una fase evolutiva diferente, que va del niño, pasando por el adolescente hasta llegar al adulto.

1.1.- Infantil. Niño

Decimos que el pensamiento de izquierdas es infantil porque se materializa trasunto del pensamiento mágico que puede tener un niño que, ajeno a la realidad y a las condiciones materiales que sustentan ésta, piensa en términos de fe y no de lógica, y que cree que por el mero hecho de nombrar las cosas éstas existen. De esta manera, si yo digo, por ejemplo, que la vivienda es un derecho, automáticamente se convierte en un derecho, independientemente de los factores de la realidad que tendrían que cohonestarse para que esto fuese así. Si yo digo que el genero, o cualquier característica del individuo, es un constructo social, que mi autopercepción es lo que prima sobre la realidad, y que así se me debe reconocer, entonces, da igual que sea un hombre de 40 años si yo me siento una mujer de 15 años, porque, mi idea de transgénero y transedad, generan automáticamente un derecho, que conlleva una obligación concomitante, es decir, tú tienes que reconocerme como tal.

Ésta es la fase fundamental de la negación lógica, del salto de fe. Se desprecian los más elementales fundamentos de la economía, de la naturaleza humana, de la biología, y al igual que un niño caprichoso, las cosas son porque yo así las digo y las pienso.

            Característica reseñable que esta fase aporta al pensamiento complejo es la absoluta falta de responsabilidad de uno en lo que le ocurre. Siempre habrá un culpable para todo lo que pase, y ese culpable nunca será la propia persona. Se externaliza toda la responsabilidad y se fabrica un enemigo fuera, un chivo expiatorio a causa del cual siempre la persona estará oprimida, minusvalorada, en desventaja, etc…; si su proyecto vital no prospera, siempre será por culpa de ese enemigo invisible e imaginario, que aplica una suerte de violencia estructural galtungiana, y al que llamarán, derecha, fascismo, capitalismo, heteropatriarcado… lo nominarán de mil maneras, pero siempre es el mismo, el alter, alguien ajeno y externo.

Como ejemplo, en el plano de la política, si la derecha gobierna, todo está mal, y si gobierna la izquierda, lo que está mal es culpa de la derecha que gobernó, da igual que haya sucedido hace años; y si la culpa no es de la derecha inmediatamente anterior, siempre les queda el “Francomodín”, porque Franco es el elemento subyacente, común a todos los males del mundo, al que se recurre cuando no hay nada más cercano. La realidad no importa, porque la persona no es responsable de nada, siempre es víctima, da igual que el hecho que la convierta en víctima sea el descubrimiento de América, la guerra civil, la herencia, el gobierno… el victimismo es atemporal, y siempre se puede ir más atrás en la búsqueda del culpable para justificar la situación actual.

La irresponsabilidad de la propia situación, característica del pensamiento infantil, impide cualquier tipo de comportamiento resiliente encaminado a la enmienda de ésta, pues la persona prefiere vivir eternamente tutelada dependiendo siempre de que alguien haga algo por ella, con tal de no ser ella misma quien tenga que movilizarse. Esta delegación es puro sometimiento a una estructura jerárquica superior, lo cual tiene dos lecturas; primera, la persona se considera inferior e incapaz; segunda, estarán siempre por definición en contra de la libertad, porque ellos lo que quieren es estar al socaire de un sempiterno padre que les saque las castañas del fuego. No es una cuestión de dejadez o haraganería, es un paradigma conductual, derivado del siguiente razonamiento: si actuar es una pulsión volitiva que requiere libertad, ese “actuar” consecuentemente va a implicar una responsabilidad sobre el sí mismo, ya que, si es la propia persona quien “hace” no podrá culpar a nadie de su destino; entonces , ante la elección, de “hacer” o “que hagan por mi” decidirán siempre no ser libres con tal de no asumir responsabilidad ninguna; y si alguna vez actúan y fallan, responsabilizarán a un ente superior que les obligó, sojuzgó, mediatizó o condicionó su manera de hacer.





1.2.- Irresponsable. Adolescente

Decimos que el pensamiento de izquierdas es irresponsable, no en el sentido aludido in alliunde, que apelaba a la irresponsabilidad del individuo para consigo, sino en un sentido irresponsable de propagación del pensamiento infantil. El niño considera que las cosas son como él las dice, y eso, al constituir un acto de fe y no tener sustento lógico, tampoco es susceptible de ser rebatido. Ésta falsa sensación de poder, de fuerza, que otorga a la creencia el estatus de verdad revelada, hace nacer en la persona la obligación moral de difusión de esa verdad, la necesidad mesiánica de que todo el mundo tome consciencia, por decir algo, de que tiene una serie de derechos que le están siendo conculcados.

 De esta manera, por ejemplo, se puede enunciar con toda la tranquilidad del mundo que no deben existir fronteras, y que si alguien entra en un país de manera ilegal tiene todo el derecho del mundo a ser atendido educativa, social y sanitariamente por el Estado, porque es un ciudadano del mundo. Da igual que la realidad no sustente esta apreciación, contextualicemos que estamos instalados en un pensamiento infantil y mágico, por lo tanto, es un derecho per se que pretiere cualquier condición para ser satisfecho y no requiere de nada para su realización más que ser expresado como tal, lo cual le otorga carta de naturaleza.

Esto trae como consecuencia inmediata que los colectivos a los que se les envía este mensaje lo hagan suyo, y empiecen a exigir a su vez, los derechos enunciados y los que ellos consideren oportunos, propiciando movimientos migratorios allá donde, por el simple hecho de existir y de nombrarlo, se les va a reconocer todo aquello que ellos quieran y que les han dicho que hasta ahora se les había negado por pura maldad.

 El final de esta historia es el colapso, social y económico de cualquier sistema, porque al no tenerse en cuenta la realidad, se propaga de forma absolutamente irresponsable un mensaje apócrifo, que deviene irrealizable y que lo conforma insostenible materialmente.

 Pero si se te ocurre señalar la realidad, poner de manifiesto que es un mensaje inviable basado en un concepto espurio, no serás realista, sino un peligroso fascista sin corazón, psicópata e insensible insolidario, cuyos atributos enervan el contenido de todo aquello que puedas aducir en favor de tus planteamientos.

En resumidas cuentas, el niño se empodera y transmuta en adolescente agitador de masas, antes de él, engañadas y dormidas, para que se levanten a luchar por lo que les pertenece de manera indiscriminada como maná llovido del cielo. Se sigue pensando de manera infantil y mágica, pero ahora, además de ser un niño caprichoso que exige para sí las cosas, se tiene la fuerza y la valentía de prescribirlas para los demás, aunque sea, a pesar de ellos; la persona se ha investido de la superioridad moral que le otorga estar en posesión de la verdad revelada, estadio propedéutico para convertirse en “progre”.

1.3.- Incoherente. Adulto.

Decimos que el pensamiento de izquierdas es incoherente porque, aunque el individuo de izquierdas sigue siempre pensado de manera infantil (como un niño caprichoso) y de forma irresponsable (como un adolescente cabreado que acaba de descubrir a “Ska-P” y a la “Polla Records”), y además, piensa así acumulativa y simultáneamente, llega un momento en el que, por puro ciclo vital, debe integrarse en el sistema y adaptarse a él, con mayor o menor éxito, pero, irremediablemente, formar parte del mundo en el que vive. En este momento es en el que, siempre imperceptible para él, siempre de manera oculta a sus ojos, se ponen de manifiesto las incoherencias propias de la lucha entre la fe y la lógica, entre la fantasía y la realidad.

Esta fase puede asemejarse a la madurez, y es donde el activista radical del adolescente, deja paso al “progre”, esa persona cuya característica más definitoria es el “haz lo que digo, pero no lo que hago”.

 Como una cosa es predicar, y otra dar trigo, el progre vive de espaldas a su ideología y a sus pensamientos, y es capaz de, desde la atalaya de la superioridad moral que le confiere el ser depositario de la verdad universal y de los valores absolutos de la moral, defender la entrada indiscriminada de inmigrantes ilegales y abogar por la supresión de las fronteras desde su vivienda con puerta acorazada y seguridad privada de en la urbanización con exclusiva y excluyente piscina; o adoctrinarte en que el capitalismo es un sistema asesino e incompatible con la vida tomando un frapuccino de vainilla Starbucks y retuiteando desde su Iphone la última proclama de su querido líder, eso sí, sin quitarle el ojo a su macbook para que nadie se lo lleve, porque “la propiedad es un robo, compañero”, pero la de los otros, no la suya. Así mismo, exaltarán las bondades de regímenes asesinos, liberticidas y creadores de miseria que levantaron muros para que la gente no huyese de ellos, desde la tranquilidad conferida por la patente de corso que le ofrece la libertad de expresión propia de un sistema libre y de derecho; y te escupirán a la cara que tú, que probablemente vivas peor que ellos, eres un cerdo desalmado, fascista, homófobo, misógino, machista, clasista, racista, y todos los “istas” que puedan ocurrírsele.

              El progre piensa en términos abstractos y defiende su ideología hablando de entes superiores, de entelequias como “País, Capitalismo, Estado, Sistema…” pero sus ideas son incapaces de mantenerse cuando se baja al plano de la realidad, donde surgen las incoherencias, porque el progre quiere para sí lo que a ti te niega, verbigracia, propiedad, prosperidad, fronteras, riqueza, etc.., vive de una forma y piensa de otra. Esta suerte de esquizofrenia moral sólo puede acabar de dos maneras:1.3.a.- Seguir siendo progre buscando las más abstrusas justificaciones para que su castillo de naipes no se derrumbe, intentando llevar una existencia lo más digna posible ocultando qué, cuando está a solas consigo mismo, es consciente de que hay algo dentro de él que no acaba de encajar, pero que, en definitiva, será culpa de este sistema criminal que nos obliga a vivir de manera enajenada a la naturaleza bondadosa del hombre.

1.3.b.- Sumirse en una profunda crisis existencial motivada por vivir al margen de la realidad, y acabar aceptando que estaba equivocado, que estaba engañado, que creyendo defender la libertad se había convertido en un dictador; que lucha en el bando equivocado y que para ser coherente con las cuestiones en las que cree no puede seguir militando en la izquierda; todo esto, teniendo que pasar la ordalía social de ese entorno sectario del que formaba parte y que jamás le perdonará el cambio.

Una consecuencia directa de esta forma de pensar, y de capital importancia para entender por qué la izquierda se empeña reiterada y secularmente en repetir los mismos errores y en defender las mismas estructuras siempre fallidas, es que juzgan a los políticos, a los ideólogos y a las personas en general por lo que dicen, no por lo que hacen, es decir, para ellos lo importante son las intenciones, nunca los resultados. Si alguien promete acabar con la injusticia en el mundo y la pobreza, e instaurar la igualdad entre los seres humanos, ellos le votarán o, si es un ideólogo, lo defenderán furibundamente sin importarles los resultados que alcance o que haya cosechado en el pasado vindicando las mismas ideas. Esto, indefectiblemente, los convierte en blanco fácil de engaño permanente, pues no exigirán pruebas de realidad porque su pensamiento se basa en la fe, en la creencia ciega que no apela a la lógica ni a la razón.

Sin duda es esta la fase más peligrosa de todas las del pensamiento de izquierdas porque se invisten, además de la superioridad moral que los define, de ese atuoconvencimiento de estar en la posesión de la verdad que dan los años y la experiencia, dos términos que funcionan como una suerte de aval de la estulticia.

 



2.- COMPORTAMIENTO

Este pensamiento complejo, simultáneo y acumulativo de las tres fases evolutivas del individuo de izquierdas, es formalmente marxista, es decir, se desarrolla y se lleva a cabo según el iter procedimental del marxismo, que, a su vez, se basa en la estructura de la dialéctica Hegeliana, y se hace patente en cuatro fases:

2.1.- Primera fase. El establecimiento de la premisa

Se parte de un polilogismo, esto es, afirmar que los seres humanos piensan o razonan diferente en función del colectivo al que pertenezcan, de manera que, si se alude a un país, estaremos ante el nacionalismo, distinción geográfica entre lugares de nacimiento; si se refiere a una raza, ante el racismo, distinción entre etnias; si focalizamos la clase social, marxismo, distinción por renta; si nos centramos en el género,  feminismo, distinción entre hombres y mujeres; si lo que destacamos es la condición sexual, constataríamos la homofobia, distinción entre heterosexuales y homosexuales; si la característica es la religión, diferenciaríamos por creencia, distinción entre musulmanes y cristianos; y así ad infinitum con la característica común que esta distinción es supremacista, y por ende, segregacionista.

            2.2.- Segunda fase. La creación del colectivo. 

Se instituye un grupo social diferenciado. En base al polilogismo se colectiviza al individuo de manera que, se simplifica su complejidad, quedando este definido por y reducido a, única y exclusivamente, la característica que se quiera destacar de él, de esta forma, ya no será un ser humano, sino que será un alemán; un blanco; un burgués; un hombre; un heterosexual, etc…

            2.3.- Tercera fase. La victimización.

Al colectivo creado en base al polilogismo se le dota de la condición de víctima arguyendo que es un grupo minoritario perseguido sistémica y sistemáticamente por ser lo que son (el colectivo que se escoja, mujeres, inmigrantes, pobres, etc…). En esta fase, como en todas las del pensamiento de izquierdas, se subvierte la realidad, y las afirmaciones vertidas caminan contrarias a ella, de esta forma, los colectivos designados como víctimas siempre serán los victimarios; las minorías, son lobbies de poder; los perseguidos, son los más furibundos persecutores; los supremacistas, los que luchan por la igualdad; los que defienden el  reparto de la riqueza, los que ostentan mayor patrimonio y poder adquisitivo; los que señalan la emergencia climática, los que más contaminan… se trata de reescribir el pasado y el presente para amoldarlo a su discurso sectario.

            2.4.- Cuarta fase. El conflicto

Se enfrentan los colectivos para obtener beneficio político en forma de votos; económico en forma de subvenciones; social/laboral, en forma de cargos o puestos de libre designación, etc… el caso es erigirse en defensor del colectivo victimizado de turno y liderar su lucha a cambio de una jugosa retribución, dineraria o en especie.

Así, la izquierda a partir de un polilogismo, crea un colectivo, lo victimiza y le hace entrar en conflicto con su opuesto, no porque le interesen las reclamaciones que alega, sino por sacar rédito político, social y/o económico.

Esta forma de actuar, absolutamente premeditada y encaminada a llegar al poder o mantenerse en él, como carece de una motivación real, conlleva que las luchas que lidera la izquierda son de dos tipos, o bien reivindicaciones de derechos que ya existen, o bien reivindicaciones de derechos que no son tales.

En cualquiera de los dos casos se trata de sojuzgar y mediatizar a las masas movilizándolas con objetivos espurios sobre consignas falsas de reivindicaciones que no son verídicas, bien porque no hay nada que reivindicar, bien porque lo que se reclama no es objeto de petición. Nunca se verá a la izquierda al frente de una lucha real, que verse sobre una problemática cierta, o que reclame la resolución de un conflicto objetivo, porque allá donde la izquierda lidere un movimiento, a penas rasquemos un poco, no encontraremos verdad alguna que lo anime. Viven en la fantasía y consecuentemente los conflictos que intentan resolver no existen, así pueden declarar emergencias climáticas, de género o alertas antifascistas que nada tienen que ver con la realidad, mientras que los problemas de verdad son obviados de manera insultantemente obscena. Son Quijotes viendo gigantes allí donde ni siquiera hubo nunca un molino, y cuando se tienen que enfrentar a problemas reales, echan mano de la culpabilidad a la derecha, y movilizan sus huestes contra el enemigo externo e imaginario.



La izquierda vive del conflicto, se nutre del disenso, respira gracias al enfrentamiento, por eso, su elemento natural es la guerra, porque en el ambiente bélico es el hábitat donde crece. El Estado de excepción es su estado natural; el racionamiento, las restricciones de las libertades individuales, el control omnímodo del Estado.... de ahí que cuando no existe conflicto se inventa, y, parafraseando a Marx, el gran creador de esta fórmula, donde no hay tragedia se sobreactúa. Su utopía es la distopía común, un Estado donde la excepcionalidad es norma y los ingenieros sociales diseñan la existencia de personas reducidas a simples números desde sus cómodos despachos de burócratas infalibles.  

Su mayor obsesión es crear un leviatán paternalista y asistencial que subvenga las necesidades de sus súbditos, hordas de abducidos apesebrados, estómagos agradecidos del régimen, que dependan para todo del sobredimensionado y burocratizado sistema. Por eso tienen que anular al individuo y arruinar la iniciativa privada. Su objetivo es la redistribución (eufemismo de robo) de una riqueza que ellos no saben crear, por eso el fin es la hambruna, la miseria y la muerte, porque ellos parasitan y esquilman lo que otros construyen con la excusa de la ínclita “justicia social”, que no es más que una trampa semántica que esconde el latrocinio de los bienes del prójimo.





3.- CONSECUENCIAS LÓGICAS

Las personas de izquierdas se consideran a sí mismas acreedoras de todos los valores morales y de la verdad absoluta, ya que, fruto del pensamiento infantil, irresponsable e incoherente, sólo puede nacer la superioridad moral. El silogismo basado en premisas que resultan ser sofismas, se desarrolla de la siguiente forma: “si yo defiendo los derechos de los más desfavorecidos, y tú estás en mi contra, estás en contra de los derechos de los colectivos desfavorecidos, ergo, no puedes ser buena persona, debes ser como poco un monstruo fascista, o un psicópata que no merece estar entre nosotros”. El Gran Hermano dixit.

Al poseer la verdad ideológica y axiológica, las personas de izquierdas no alcanzan a imaginar la posibilidad remota de que alguien no pueda ser de izquierdas y pueda pensar diferente a ellos sin estar trastornado, por eso, la diversidad para la izquierda es una diversidad de colectivo, no de pensamiento, es decir, diferencias de grupo bajo el paraguas del pensamiento único. De esta forma, por ejemplo, en una reunión de 5 individuos debatiendo un concepto:

3.1.- Para un liberal la diversidad se manifestaría como cinco personas discutiendo sobre una cuestión con cinco opiniones diferentes.

3.2.- Para un individuo de izquierdas, sin embargo, la diversidad se manifiesta como cinco colectivos (una musulmana, una mujer, una inmigrante ilegal, una transexual, y una lesbiana) discutiendo una cuestión con la misma opinión sobre el objeto que se discuta.

Como corolario de lo expuesto, el primer filtro que hay que pasar para ser un ser humano, es ser de izquierdas. Si no eres de izquierdas da igual el colectivo al que pertenezcas, eres un facha, y por lo tanto se te niega cualquier atributo que pueda asistir a un homo sapiens. Si tienes la suerte de pasar el primer filtro, ya se te considera un congénere, un igual, y ahora empieza la “guerra de los puntos”, el Gran Hermano te va dando o quitando puntos en función del colectivo al que pertenezcas y del lugar que ocupes en el mismo. Cuantos más puntos sumes, más arriba en la jerarquía que te lleva a convertirte en un ser de luz totalmente infalible con el que toda la sociedad estaremos en deuda y al que no se le podrá cuestionar nada porque es vicario en la tierra de la verdad divina absoluta.

           De esta forma, los parámetros en que se basa la izquierda para valorar al individuo y que pueda medrar socialmente son, sin ánimo de exahustividad ni exclusividad:

1.- Ser de izquierdas

2.- Si eres Hombre -1. Si eres mujer +1

3.- Si eres Blanco -1. Si eres de cualquier otra raza +1

4.- Si eres Hetrerosexual -1. Si eres de cualquiera de los "n" géneros inventados por ellos +1

5.- Si eres Cristiano -1. Si eres musulman +1

6.- Si eres Español -1. Si eres inmigrante +1 y si además eres ilegal +2          

           Así establecen una doble vara de medir que funciona ad hominem, es decir, las cosas estarán bien o mal, no porque juzguemos su categoría moral, sino en función de quien las haga, y a quien beneficien o perjudiquen, y las libertades (de expresión, de pensamiento, etc…) sólo fluirán en un sentido, en el suyo, porque ellos pueden expresar lo que quieran sin medir el impacto, pero tú no puedes formular ninguna apreciación que se salga del marco “mainstream” so pena de acabar defenestrado. Les importa el “quien” no el “que”. Si se es de izquierdas, se puede ser un dictador o un asesino sin miedo a convertirse en objeto de reprobación, porque a los genocidas de izquierdas se les tratará, cuanto menos con una condescendencia impoluta que justifique todos sus actos, y casi siempre, como héroes redentores, iconos de la libertad y de la justicia. La izquierda tiene bula para decir o hacer cualquier cosa porque cierran prietas filas sus sectarios integrantes justificando lo que haya que justificar.             Para ellos la coherencia y la realidad no es que estén sobrevaloradas, es que, directamente, no existen, porque son sus mayores enemigas, porque todo aquello que vaya en contra de su fe es fascista; las matemáticas son fachas; la gramática es facha; la biología es facha… facha es su término preferido, palabra polivalente que designa a todo aquel que osa contradecir su verdad y su moral y salirse del camino del pensamiento único.







4.- CONCLUSIÓN

¿Qué se desprende de lo anterior? que hay que acabar con el disidente ideológico, con el insurgente del pensamiento único. Al diferente se la hace un apartheid, en el menos grave de los casos, social (se le aísla del grupo, de las reuniones, de las redes sociales, etc…) y en el más extremo personal, es decir, mediante la confinación (gulag) o la eliminación física. Esto que puede sonar muy dramático, es la manifestación del comportamiento supremacista, y segregacionista de la izquierda, en distintos niveles, pero el hecho de que hoy en día se manifiesten los niveles menores, sólo pone de manifiesto que es una cuestión de grado y no invalida que constituya una forma de proceder aberrante. Actualmente no te matan ni te encierran (todo puede llegar), pero te silencian y te anulan ideológicamente. Decir públicamente que no eres de izquierdas o defender ideas contrarias al pensamiento único, constituye de facto, un suicidio social.







Liber Singularis





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