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Examinando desde una óptica
electoral, resulta evidente que las acciones del gobierno vienen definidas por
una decidida voluntad de ir preparando las próximas elecciones. Saben que a
pesar de lo que pueda decir Tezanos y ese CIS, especializado en hacer encuestas
a la medida de Sánchez, la epidemia y los errores cometidos les van a pasar
factura y con un agravante, efectivamente el virus no ha entendido de
izquierdas ni de derechas, a pesar de aquella frase de Iglesias que afirmaba
que sí entendía de clases, desde el gobierno saben que los muertos oficiales y
los ocultados en las estadísticas son de todas las ideologías, pero con la
conciencia de no haber sabido hacer frente a la expansión de la epidemia saben
que, aunque los fallecidos no voten, sí lo hacen sus deudos y amigos y por ahí
se les va a escapar una importante
hemorragia de votos.
Está claro que el gobierno estima
que entre los empresarios tenía ya muy poquitos votos y después del sablazo de
lo del permiso temporal retribuido que fue una invitación del gobierno social
comunista que pagaron los empresarios, seguro que no les ha quedado ni un
votante.
Muy probablemente tengan
encuestas que les dicen que lo mismo sucede con los autónomos y así se entiende
mejor que el gobierno progresista abandone a su suerte a 3,5 millones de
ciudadanos, porque la prestación por cese de actividad, aunque Pedro Sánchez la
introdujera con calzador en aquel plan de choque que no iba a dejar a nadie
atrás, estaba aprobada hacía mucho tiempo y si se colocó, en el único artículo
que hablaba de los autónomos en el Decreto del Plan de Choque, fue porque nada
había previsto para ayudarlos.
Para qué les cuento si hablamos
de los trabajadores sanitarios, un nicho de votantes muy importante del PSOE,
ahí irremisiblemente van a pinchar en hueso, van a pagar la incapacidad
demostrada para adquirir los equipos de protección que necesitaban para combatir
el virus con garantías y cuenten lo que cuenten, los más de 30.000 sanitarios
contagiados pesan como una losa sobre las expectativas electorales de
socialistas y podemitas.
Así que a nadie deba extrañar que
hayan buscado desesperadamente remedio para sus males y ahí entra a jugar lo de
la Renta Mínima Vital, que a pesar del interés de Pablo Iglesias por ponerla en
marcha se había quedado para mejor ocasión. Hasta que algún asesor, ante la
negrura de la situación, la puso sobre la mesa por su alto valor electoralista
y todo fue tan rápido que el Ministro de la Seguridad Social tuvo que declarar
que nada sabía de la dichosa renta y que se había enterado por la prensa, como
todo buen dirigente socialista, de que el gobierno la iba a poner en marcha.
La cuantía de la ayuda es
bastante modesta, 430 euros y también lo es el número de beneficiados, llegará
a 1,8 millones de hogares españoles y a los 430 euros del principal se podrán
añadir 100 euros por hijo, hasta un máximo de tres hijos y no será obligatorio
estar en el paro.
Si usted es de los que se ha
alegrado porque por fin alguien se va a preocupar de los más desfavorecidos,
deje usted su alegría para mejor ocasión, lo de no tener que estar en el paro
para cobrar la ayuda, deja claro a quiénes va dirigido el invento sanchista. La
renta va a ir de cabeza a los que trabajan en la economía sumergida, que no
están en el paro para que no les molesten y como oficialmente no perciben ni un
céntimo, se llevarán los 430 euros del ala con total facilidad.
Si le parecen muchos 1,8 millones
de ciudadanos que trabajan sin cotizar ni un céntimo tengo el penoso deber de
comunicarle que de acuerdo con los datos aportados por los Técnicos de Hacienda
para el ejercicio del 2019, en España la economía sumergida, los que cobran en
negro para que nos entendamos, supone el 25% del PIB. Está claro que el PSOE ha
tenido una tentadora visión y pretende recuperar como poco 1,8 millones de
votos, engrasando la voluntad de esos ciudadanos que van a cobrar algo parecido
al PER, que tan buenos resultados electorales le dio al PSOE en Andalucía.
La imagen del gobierno está por
los suelos, la rueda de prensa de Pedro Sánchez del pasado sábado sufrió una
caída de dos millones de espectadores con respecto a la de la semana pasada a
pesar de haberse teñido las canas; la gente está muy cansada de soportar al
narciso socialista dando la murga y repitiendo una y otra vez lo mismo.
Dice Sánchez que ellos lo han
hecho todo bien, de hecho afirma que lo han hecho mejor que muchos países, pero
lo que no explica porque no puede, cuál es el motivo que justifique que
haciendo tan bien las cosas, obtengamos los peores resultados del mundo.
Están tan mal las cosas para el
Gobierno que en la lucha contra los bulos ha puesto a trabajar a la Guardia
Civil para "minimizar el clima contrario a la gestión del gobierno".
Les parecerá una barbaridad pero debe ser verdad, porque lo ha dicho el General
Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil en una rueda de prensa oficial. Y es
una barbaridad porque desde luego la Guardia Civil no está para hacerle el
trabajo sucio al gobierno, de hecho la cuestión creo que entra directamente en
las conductas merecedoras del reproche penal.
Insisto en que creo que lo que ha
dicho el Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, el general José Manuel
Santiago, es verdad y el "lapsus" del general como lo ha calificado
Grande Marlaska que se ha apresurado a salir al quite, sólo puede deberse a dos cuestiones: Que el
general sea un inútil como la copa de un pino y habrá que buscar al responsable
de su elección, porque el destino es de libre designación o simplemente al
general se le han cruzado los cables harto de tascar el freno y cuando el
cabreo le ha llegado hasta el tricornio, ha decidido tirar por la calle de en
medio y decir la verdad.
Así que ya saben, en la Moncloa
preparan las elecciones, que lo de los gobiernos de coalición ya se sabe que
los carga el diablo y en ocasiones revientan. No sé yo cómo estarán las cosas,
pero después de que Pedro Sánchez asegurara el sábado que el gobierno está cohesionado,
empecé a barruntar que las cosas estaban peor de lo que yo creía.
Lo único seguro es que, para
nuestra desgracia y como de costumbre, todos los gastos van a correr de nuestra
cuenta. Faltaría más.