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Esto de los mensajes demagógicos
y populistas ha tenido siempre mucho éxito. Desde hace siglos los más listos de
la clase advirtieron la debilidad que sentimos los seres humanos por las frases
que nos ensalzan y se dedicaron a utilizarlas con gran éxito de público y
crítica. Una de las que, desde mi punto de vista, más daño ha hecho a la
Humanidad es aquella que largó Jean Jacques Rousseau, uno de los más destacados
miembros de la Ilustración, ese invento francés y por lo tanto sospechoso, que
proclamó urbi et orbi que "El hombre es bueno por naturaleza"
Frase que se tragó con sedal y
plomo incluido, la mayoría de la humanidad europea pensante. Con la misma
contundencia, pero en sentido contrario, un brillante pensador antecesor de
Jean Jacques, Thomas Hobbes, un inglés considerado como uno de los filósofos
que más influencia tuvo en la filosofía política moderna, afirmaba que todos
los hombres somos malos. Tampoco estoy de acuerdo, probablemente Hobbes
tendiera al pesimismo, no creo que seamos malos por naturaleza, aunque
reconozco que tengo muy poca fe en el género humano, una afirmación dura pero
que ayuda a evitarte muchas desilusiones.
En nuestra sociedad hay buenos y
malos pero creo que la mayoría de nosotros, aunque no hayamos estado nunca en
Ceuta o Melilla, tendemos a ser regulares. Puestos a hablar de pensadores, que
hoy el día se me ha metido sin querer en el terreno de lo filosófico, si me
pudiera leer el Padre Sorribas MSC, que en paz descanse, mi viejo profesor de
Filosofía le iba a dar un ataque de risa apoteósico. No sé cuánta fe tendría en
el género humano, pero conmigo lo tenía muy claro, cero confianza en mi futuro.
Decía, que puestos a hablar de pensadores, perdonen el inciso, siempre me ha
llamado la atención un detalle, cuando el pensador es más antiguo que el hilo
negro de coser es un filósofo y si está próximo a nosotros en el calendario,
son simplemente pensadores.
Bueno, a lo que iba, que en
cuanto me despisto me voy del tema, personalmente estoy más cerca de lo que
afirmaba Ortega y Gasset que dijo en su momento eso tan conocido y utilizado de
"Yo soy yo y mis circunstancias" una frase que se ha utilizado hasta
la náusea y ha servido de justificación a muchísima gente, ya que vale tanto
para un roto como para un descosido. Señalada la ambivalencia del pensamiento,
me parece que la afirmación de Ortega equilibra las teorías de Rousseau y
Hobbes, somos en potencia buenos y malos, así nacemos y luego nosotros y la
vida, decidimos lo que vamos a ser.
Así que esta epidemia saca de nosotros
lo que hay, nadie puede dar lo que no tiene, la epidemia sacará de nosotros lo
que encuentre en nuestro interior. Todo este rollo, o proemio, ya que hoy
estamos en plan fino, viene a cuento de lo que está ocurriendo en algunas
ciudades en las que inquilinos de ciertos edificios están intentando que el
personal sanitario que allí habita se vaya de su domicilio por temor al
contagio.
Comprendo que la epidemia da
miedo al más pintado, que el temor al contagio tiene angustiados a muchos de
nosotros, muchos tenemos hijos que conviven con nosotros y abuelos que viven en
nuestro domicilio y eso añade dramatismo a nuestra realidad diaria; llámenme
raro pero lo primero que pensé cuando vi la fotografía que ilustra este
escrito, fue que seguro que el autor del mensaje pintado en el coche de una
doctora, es de los que cada día salen al balcón para aplaudir al personal
sanitario por su entrega, sacrificio, heroicidad y todo lo que quieren poner,
porque es muy cierto que esa gente está luchando contra el virus, sin la
protección que no ha sabido darles el gobierno dizque progresista de Sánchez y
tampoco soy tan raro, porque seguro que ustedes han pensado exactamente lo
mismo que yo.
No sé si el autor o los autores
del insulto son buenos o malos, lo que está claro es que de empatía andan mal
tirando a muy mal. Pónganse en la piel de la doctora que cada día tiene que
hacer frente a sus temores, a sus angustias y acudir al trabajo en el que
infinidad de compañeros suyos se han infectado ya. Y cada mañanita coge su coche
y se dispone a jugarse los garbanzos por sus pacientes. Cómo diablos se habrá
sentido cuando haya leído lo de "Rata contagiosa" pintado en su
coche, un mensaje insultante obra de alguno de sus vecinos; a lo peor el mismo
que antes de la epidemia, fue a llamar a su puerta una noche a las tres de la
madrugada porque el más pequeño de sus hijos se había puesto ardiendo en fiebre
y ella lo atendió.
Puedo comprender el miedo al
contagio, el miedo es libre cada uno cogemos la cantidad que queremos, los hay que
se conforman con un puñadito y otros cargan tal cantidad que no cabe en la caja
de un camión, pero lo que nadie puede justificar es el insulto. Mal está
intentar echar de su casa a una profesional que se juega la vida cada día, pero
llegar a lo de rata contagiosa me parece que dice a las claras que, aunque el
autor sea un padre cariñoso, amante esposo, buen hijo y magnífico profesional,
cuando la vida le aprieta las clavijas se convierte en un perfecto hijo de
puta.
Todos llevamos dentro a Caín y a
Abel, nos puede disgustar pero es así, hay que apretar los dientes, hacer
frente a nuestra angustia y procurar que sea cierto que estos sucesos están
sacando lo mejor de nosotros y no lo peor como al ciudadano que pintó lo de
rata contagiosa.
Ánimo que de esto saldremos,
abollados como me decía una lectora, pero vamos a salir, eso sí con Caín y Abel
que seguirán acompañándonos a lo largo de nuestra vida, para bien o para mal.