. El objeto último de este, mi primer artículo, no se
trata de nada más allá de recuperar uno de los aspectos que nos ha sido robado
por la situación que tenemos encima.
Antes de empezar nada, quisiera acordarme
de la memoria de los fallecidos en España, no trataré sobre tema de política ni
del virus, simplemente intentaré aportar mi grano de arena a olvidar aquello
que nos perturbe durante el tiempo que se tarda en leer un artículo, aunque, por
supuesto, haya cosas más importantes por las que preocuparse. Así que me gustaría
dedicar este artículo y los que vengan a todos los fallecidos y
sus familias. Y a ti, abuela, por que no estás aquí para leer mi primer artículo.
Res, non verba. Corría el año II a.C cuando Cantón el Viejo,
senador romano, pronunció por primera vez aquella frase. Corre, a su ritmo,
pero corre el año 2020 y me atrevería a decir que esa misma cita sigue latente
en cada corazón o en cada cabeza de todas las personas.
Actos, no palabras. Francamente, no creo que sea la única
persona a la que le han fallado, le han prometido favores demasiado pronto, o
similares actitudes crueles y, desgraciadamente, creo que estoy en lo cierto. Uno
de los grandes dilemas morales jamás planteados en la historia moderna es la toxicidad. Como concepto puede resultar simple, aunque tiene un trasfondo de
mucho nivel, tanto, que se camufla con lo demás y nunca la veremos venir.
Déjenme explicarles, al margen de que ustedes crean o no en la existencia de
personas tóxicas, lo que supondría.
¿Recuerdan el Titanic, el que se consagró en su día como el
navío más grande jamás creado que surcó los mares? Era indestructible, era una
portentosa maravilla de la arquitectura naval, era simplemente colosal, y todos
sabemos su triste final, guardando desde aquí el recuerdo de todas las víctimas
del trágico suceso. Si la memoria no les falla, el Titanic se estrelló contra
un iceberg la madrugada del 14 al 15 de abril de 1912. Momentos antes de la
colisión, el capitán del navío, Edward John Smith, es avisado por el acercamiento
a un iceberg, sin darle este demasiada importancia, lo veía fácilmente salvable
y no demasiado grande.
Regresemos de nuevo al tema anterior. Como les dije, no se suele ver venir a la persona tóxica y tiene un gran trasfondo detrás, prácticamente imperceptible.
Edward John Smith no tenía en sus pensamientos que ese iceberg en realidad
medía muchísimos metros más de los que aparentaba en un principio, y que estaba
muy bien sustentado en el océano gracias a su simétrica forma. Ni lo vio venir ni sabía el trasfondo que tenía.
Cual pez en el anzuelo, así funcionan algunas de las
relaciones sociales de hoy en día. Salvando las distancias, creo que el
parecido metafórico con aquel suceso del Titanic está ahí. Lo realmente malo que tienen
estas personas, es que además de jugar a los titiriteros como quieren, no nos
dejan otra opción que machacarnos a nosotros mismos pensando que no hemos sido
capaces de descubrir el trasfondo de sus actos, simplemente hechos por puro
gusto, y eso lo convierte en tóxico de verdad.
Créanme si les digo que no les está hablando un principiante
del tema y que lo estoy escribiendo por puro aburrimiento, más que eso resulta
ser necesidad de hacer público y, si puede ser, hacerles sentir mejor a alguno
de ustedes y animarles a que intenten el cambio.
Sin embargo, no deben creerme si les digo que tengo una
solución contra esto, no me crean por que no la hay.
Siendo
sincero, no sé cómo contarles que nadie nos ayudará si no nos ayudamos nosotros
un poco más, porque ahora las reglas del juego han cambiado, porque en la mayoría
de ocasiones gana el que juega sucio, pero créanme, en el fondo no ganan, pierden
mucho, muy poco comparado con lo que perdemos nosotros, los que lo sufrimos;
recuerden, cuando no ganamos, jamás perdemos, sino que aprendemos. Les
invito a ser felices, a ponerle un par de
cuernos a vuestras penas aun estando en casa y, cuando salgamos ahí fuera,
demostrar de qué estamos hechos.
Quisiera
terminar pidiendo que me concedan un favor, intenten no bajar la guardia nunca.
Hace ya un tiempo desde que descubrí que en cualquier esquina me puedo cruzar
con cualquier tipo de persona, al igual que en un segundo me puede cambiar la
vida. Por eso, si ya hay que estar lo suficientemente preparado para cualquier cambio,
súmenle cualquier aparición de personas como las que han sido descritas a lo
largo de este artículo, al fin y al cabo, los mediocres solo pueden conseguir
algo de gloria viendo hundidos a los demás.