En tiempos de Coronavirus...

Aislamiento, zozobra, desesperanza; tal vez sean estas las palabras que podrían describir el sentir general en medio de una de las crisis más agobiantes del siglo XXI.

 

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Claro está que podríamos estar distantes en esta opinión, ya que las crisis económicas del 2000 y de 2008 en la bolsa internacional, además a la muy reciente situación acerca del alza abrupta del dólar debido al descenso del precio del barril de crudo, gracias a Rusia y su conflicto con Arabia Saudita y la OPEP, por mencionar algunos… podrían marcar un sendero más difícil y una crisis mayor que este coronavirus.

Pero en mi opinión ninguna crisis de este siglo tiene tanto peso en nuestra humanidad como este Covid-19. Las crisis financieras siempre han de marcar un hito en la historia, pero como todos los economistas saben la economía se mueve como un trazo de seno y coseno, ya que siempre se ha de recuperar. Pero a diferencia de estas u otras tales como las migraciones en todo el mundo debido a dictaduras o cruentas guerras internas y terrorismo, esta pandemia ha puesto a prueba a todos y cada uno de los 7.7 millones de habitantes de este planeta.

Antes que nada nos dio a todos una bofetada que nos hizo girar la vista y fijarnos en el prójimo e identificar y reconocer que todos somos iguales. No importo estrato, cifras bancarias, cargo administrativo, bienes, piel, idioma, religión; a todos nos golpeó como a uno solo. Nos permitió ver que la barrera con la que nos blindamos o nos han blindado los medios de comunicación y la sociedad en general, no nos protegió del virus.

La discriminación, xenofobia, racismo, segregación, exclusión social, ideología, sexismo y otros, no evitaron que nos invadiera el miedo, la desolación y el agobio del corazón al saber que está en riesgo una parte de nuestra existencia. Hemos sido sacudidos en cada rincón del mundo por esta pandemia. Ha sido cambiada y alterada nuestra manera de vivir en cuestión de unas pocas semanas. Está claro que solo somos ocupantes pasajeros de este suelo, somos como cualquier semilla que germina y florece pero que finalmente ha de perecer en los vientos suntuosos del olvido.

Pero aun así, a pesar de descubrir lo vulnerables y efímeros que somos en la existencia podemos vislumbrar visos de “humanidad”, en los que descubrimos un deseo vivo a seguir existiendo; a no permitir que la leve llama se apague y no rendirnos ante la ilusión de ser simples tizones agonizantes.

Quisiera poder seguir exponiendo los trazos marginales de los que estamos hechos como humanos y también las virtudes apremiantes que nos dan razón de seguir viviendo; pero realmente lo único que anhelo es que todos y cada uno de nosotros cambie su idea de que somos diferentes y ajenos unos de otros. Espero con toda la esperanza que pueda caber en un humano promedio; que este periodo de miedo, aislamiento y reflexión nos acerque a una mejor versión de sí mismos, que nos acerque a la deidad a la que loamos y nos aliviane el alma y el espíritu, que nos libre de juicios y de prejuicios hacia nuestros iguales, que estos tiempos nos expíen y nos conduzcan hacia una humanidad menos vil y un poco más meritoria de dejar nuevas semillas dignas de dar fruto antes de perecer en el viento suntuoso del olvido…

UNETE



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