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Coronavirus desafiando al desarrollo rural sostenible en Perú


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11/04/2020


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La aparición del coronavirus está causando varios hechos inesperados, como: la reducción de la contaminación ambiental, la familia reunida, la implementación de la educación virtual, teletrabajo, reuniones virtuales, sesiones concejales, asesorías especializadas virtuales, la fauna disfruta de la playa y del mar sin personas, reducción considerable de la delincuencia callejera; entre otras situaciones positivas. Seguro que también hay cuestiones negativas, que esta afectando el sector salud y el sector económico y que a todo el mundo ha paralizado.


Estos días observaba atentamente las situaciones que están pasando, y me he centrado en el área rural, escenario en el que trabajo muchos años desde mi rol como especialista en desarrollo rural sostenible.



Para entender mi apreciación, empezaré recordándoles que, a partir de los años 80, en Perú sucedió un fenómeno en la que empezó a mostrárseles a la población rural, que la migración a las ciudades de la costa sería una opción para mejorar su vida. Y la población rural empezó a dejar su vida en el área rural, donde tenían sus parcelas, sus casas precarias, su vida, su familia y todo. Al llegar a las ciudades de la costa, casi todos sabemos lo que empezó a pasar y principalmente en Lima, empezaron a poblarla sin un ordenamiento territorial y a emplearse en diversas actividades: comerciantes, cantantes, choferes, domésticas, amas, etc, etc. Algunos optaron por acceder a estudios de nivel superior.



En el área rural, en los años 2000, se empezó a presentarle a la población que ellos podrían mejorar su nivel de vida y una opción era empezar a producir cultivos rentables que les permitiría generar ingresos. Entre los cultivos, que quizás las familias rurales lo tenían como silvestres o para su consumo o para venderlo precariamente a los intermediarios, tenemos el café, el cacao, las paltas, frejoles y otros frutales; estos cultivos desde la perspectiva del desarrollo rural sostenible, se auguraba que podría ser una opción para mejorar su vida de una forma integral, cuidando su ecosistema y a la vez generándole ingresos para qué mejore su vida, pero pensando más en el acceso a una vida digna. Y así en la década del 2010, Perú empieza su auge de las agroexportaciones de cacao, café, banano, etc, etc.



Todo ha caminado supuestamente bien, en estos dos escenarios que les acabo de presentar, Perú catalogado como el 2do exportador de cacao orgánico, generando ingresos en el sector agrario, con un buen posicionamiento en las agroexportaciones. En Lima, tenemos: el éxito del emporio de Gamarra, los Centros Comerciales moviendo miles de soles, la dinámica comercial en el mercado interno, etc, etc. Ambos escenarios acordes a la política económica neo liberal capitalista que rige en casi todo el mundo y en Perú. Perú estas dos últimas décadas no ha sido ajeno al mundo globalizado.



En ambos escenarios, la población rural migrante que actualmente radica en las grandes ciudades (Lima) y la población rural que se quedó a seguir las estrategias de desarrollo sostenible, fueron “aprisionadas” por esta economía de mercado que nos atrapó en una economía consumista, haciendo que las personas caigamos rendidos ante la moda, la tecnología, etc; hasta llegar a estar endeudados con la mágica tarjeta de crédito.



Es decir, que las acciones que se han venido haciendo, para generar ingresos en la población rural (ubicada hasta hoy en el área rural), en vez de que ellos destinen estos ingresos para acceder a mejores servicios de salud, educativos, agua, desagüe, una vivienda digna, conservación del ecosistema, entre otros (una minoría si lo ha hecho). La mayoría empezó a contagiarse de la “fiebre consumista”, por eso no es novedad que, en una vivienda precaria del ámbito rural, encuentres el televisor Smart tv de 48 pulgadas o la motocicleta de la mejor marca, entre otros bienes. Esta economía neo liberal hizo que la mayoría de la población rural, empiece a tener ambición por generar ingresos para poder consumir todo lo que el capitalismo ofrece, y algunos empezaron a ingresar a negocios ilícitos. Como todos sabemos los negocios ilícitos, traen consigo la denigración del ser humano.



Esta década, año 2020, llega con una sorpresa que ha decidido paralizar al mundo y sobre todo a esta economía neo liberal consumista. La aparición del coronavirus, nos presenta fenómenos sociales que deberíamos todos detenernos a reflexionar y observar si realmente las estrategias de desarrollo sostenible que hemos venido promoviendo son las más acertadas. Me incluyó, a pesar que siempre mis aportes han insistido mucho en el tema de los valores y los principios y enfáticamente en el desarrollo humano, casi imponiendo las habilidades blandas; porque siempre he creído que lo mejor es ser personas dignas y que la felicidad está en las pequeñas cosas de la vida, el detalle de esto está en mi libro de desarrollo personal.



Prosiguiendo con estos fenómenos sociales que nos presenta la aparición del coronavirus, hay cuatro hechos que vale la reflexión en conjunto: (1) El estancamiento del más grande negocio ilegal del país, como es la comercialización de la cocaína en los valles del Huallaga y del Vraem, esto como consecuencia de la restricción del libre tránsito. (2) El abandono de Pichari (corazón del Vraem) por cientos de familias debido a la falta de empleabilidad de los obreros y deciden regresar a sus tierras de origen. (3) En el caso de las grandes ciudades de la costa (Lima), las personas están esperando la forma de regresar a sus tierras de origen (área rural en su mayoría) porque consideran que si la situación de coronavirus continuaría; es decir, una ciudad paralizada, sin una dinámica comercial, ya no es atractiva para ellos; entonces la mejor alternativa es volver a sus tierras porque ahí tienen asegurado donde vivir y qué comer y además sustentan de nada vale seguir viviendo en una ciudad donde para comer y vivir requiere recursos económicos y además en varios casos aún viven en zonas donde no pueden acceder a los servicios básicos como es el agua potable y desagüe. (4) Otra situación, es la que presentan las familias dedicadas a producir cultivos para la agroexportación (cacao y café). Como se sabe un buen número de estas familias, no han prestado la dedicación necesaria para estos cultivos y con la presencia del coronavirus ha ocasionado que esta pequeña atención vaya reduciéndose significativamente, por lo tanto, afectaría la cadena agroexportable de cacao y café principalmente. Como muestran las estadísticas del año 2019, el cacao había reducido considerablemente sus agroexportaciones como cacao orgánico.



Estos fenómenos sociales nos permiten reflexionar en lo siguiente: ¿les preguntamos a las familias rurales, si ellos eran felices con su forma de vivir? ¿de dónde salió el concepto de pobre? ¿eran pobres? ¿o el capitalismo o la economía neo liberal o qué les hizo creer que eran pobres? ¿las personas realmente quisieron migrar a las grandes ciudades? ¿Por qué tenían que aplicar (casi imponiéndoles) prácticas agrícolas para el mercado orgánico, si este producto ellos no lo iban a consumir y si ni siquiera sabíamos si realmente querían hacerlo? ¿Por qué tanta preocupación por parte de los organismos públicos y privados por las plagas de los cultivos y por qué a las familias agricultoras no les preocupa esto? ¿Por qué se han endeudado con la banca privada y nacional y no lo han invertido en mejorar la agricultura de un supuesto cultivo rentable y mejor decidieron invertir el dinero en un televisor o en una moto o en otro bien que para ellos si era más importante? ¿Por qué han considerado no pagar las deudas a la banca, acaso es tan importante para ellos estar “limpios” en el sistema? Y finalmente y ahora que llega el coronavirus, ¿ellos realmente están preocupados por sus cosechas de los cultivos agroexportables? o ¿están tranquilos comiendo de su chacrita: su plátano, su oca, su papa, su maíz, sus gallinas, etc?. Y además cabe tener presente que en su mayoría las familias rurales son beneficiarias de los programas sociales.



Con esto quiero decir, ¿es realmente esta la estrategia? o ¿es momento de repensar en una nueva estrategia? y vuelvo a insistir, ¿no es mejor trabajar procesos sostenibles basados en el desarrollo humano, que nos permitan hacer un “capital social”?; es decir, fortalecer a las familias rurales de forma organizada pero basada en principios y valores; como son las relaciones de confianza, reciprocidad, solidaridad y cooperación, la moral, la ética, la cédula de la sociedad, etc. Apostar por la educación y programas de capacitación para jóvenes, mujeres y niños que tengan estas visiones integrales. Sumando a todo esto, es necesario seguir incidiendo en programas que contribuyan a la gestión adecuada de los recursos naturales, como su hábitat que les ofrece la naturaleza una vida sana y que permitirá asegurar recursos como: el agua, mejores suelos, recuperación de bosques y de la fauna, entre otros. Impulsando la agricultura ecológica para que las familias rurales disfruten de sus cosechas para que tengan una alimentación saludable. Finalmente, quiero terminar con un comentario que me dijo el líder de una comunidad awajun: “Ingeniera aquí estamos bien, cosecho lo que quiero comer y si quiero pescado voy al río y pesco”, para un buen entendedor pocas palabras. 











Etiquetas:   Agricultura   ·   Economía   ·   Medio Ambiente   ·   Familia   ·   Tráfico de drogas   ·   Investigación y Desarrollo   ·   Competitividad   ·   Agronomía   ·   Comercio   ·   Mercado   ·   Rural

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