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Quiero pensar que el derecho a la información sigue
en vigor y que nadie del Gobierno se lo
ha metido en el bolsillo con cleptómana
intención, aunque soy consciente de que lo han intentado. Ya no hay duda de que
carecemos de un
gobierno de competentes gestores. Nos ha salido un Gobierno de mentirosos, trafulleros y propagandistas sin escrúpulos. ¿Y alguien se
extraña de que seamos el hazmerreír de Europa y del mundo?
Cierto es que el Gobierno Sánchez reúne todas las
acepciones de “trafullero”. Hasta el diccionario lo dice: personas que hacen
las cosas mal y desordenadamente, enredadores y maquinadores. Lo tienen todo, sí, pero todo lo
negativo del incompetente reiterativo. Por eso deben dar hasta la última
explicación: lo espero y lo deseo; es más, se lo exijo al Gobierno, tanto en
memoria de los fallecidos como en la de los que fallecerán, además de por el
inmenso dolor personal que han producido a muchas familias, así como por la
desastrosa situación económica en que va a quedar esta España nuestra.
Cientos de testimonios escritos y gráficos circulan
por internet. En esos los familiares se muestran destrozados y denuncian cómo
sus familiares han sufrido o han dejado de ser atendidos por falta de material
sanitario. Ayer se me heló el corazón al leer la carta de la hija de un
fallecido de 60 años, médico él y médico ella.
No vamos a olvidar, ni podemos olvidar cómo el
mundo sanitario se ha echado al hombro cuanto el Gobierno no ha sabido atender
ni gestionar. Los aplausos de las ocho
de la tarde dejaron de ser rutina para ser sincero compromiso, como lo es el de
los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado; esos a quienes desde el Gobierno
se dice que son superfluos y un paranoico periodista insinúa que “si no querías ser policía, haber
estudiado” ante el brutal caos de la rueda de prensa.
Es nuestra obligación y de toda la sociedad
española -- en forma de iniciativa popular, organizaciones públicas o privadas-- llevar ante la Justicia la negligencia de
estos descastados dirigentes que forman un Gobierno tan mediocre, digno de ser
olvidado y condenado por la Historia. No sé si los entendidos del mundo de la
Justicia verán “irresponsabilidad reiterada y manifiesta con resultado de genocidio”. Pero si no lo es,
lo parece. Me sitúo en el 18 de marzo y recuerdo que el Ministerio intentó
hacerse con material sanitario cuando ni siquiera quedaban restos en el mercado
internacional; de ahí el envío fallido de miles de test a precio de ganga o del
“Todo 100”. Hoy ya hay pruebas suficientes de quién pretendía hacer el agosto
en abril. La ciudadanía exige/exigimos explicaciones y un castigo
ejemplarizante para el ocasional timador.
El Gobierno llegó tarde a los mercados y no tuvo
previsión de ningún tipo, a pesar de la recomendación de la OMS. Estamos
hablando de primeros de marzo. Por eso, amparado en el estado de alarma,
confiscó test y mascarillas a algunas comunidades autónomas. Los gráficos de
incidencia demuestran que “nuestros médicos y resto del personal sanitario trabajaban
desnudos ante el virus”. Pero voy más lejos: dos empresas españolas se ofrecieron
a adelantar dinero para los pedidos porque veían que el Ministerio no hacía
nada y se estaba llegando al desabastecimiento total. “Es dramático el tiempo valiosísimo que
perdieron, sobre todo desde que saltó lo de Italia. Era pura impotencia lo que
sentíamos”, confiesa uno de los dirigentes de las dos compañías que habitualmente
abastecen al Ministerio de Sanidad.
Yo
quiero saber, como quieren saber todos españoles. Necesitamos conocer por qué
se alentaron las manifestaciones del 8M, si desde el día 3 se tenían pruebas
irrefutables y objetivas del peligro. Hoy conocemos el número de muertos, a
pesar de la orden del Gobierno a las comunidades autónomas socialistas de
ocultar el número real; ahí tienen a Castilla La Mancha, donde los tribunales
hablan de 800 muertos más de los que contabilizaba el Gobierno. Hablarán los registros
no tardando. De momento la cantidad de ellos es “durísima”, “inaguantable”,
“enorme”, “abrumadora”, “dolorosa”…
Yo me
pregunto: ¿Cuántos muertos pudieron
evitarse? Nunca nos pondremos de acuerdo
por la forma en que se cuentan, los criterios diversos y el hecho de que en
lugares, como Cataluña, no se contabilizan como fallecidos por el Covid-12 aquellos que ingresaron con insuficiencia respiratoria
u otra causa. ¡El caso es hacer daño a la población y agudizar su dolor! Es el
mismo sadismo que utilizaba el comunista, Jossif Stalin, en sus sueños de sangre.
Desde el Gobierno tratarán de que olvidemos esta “guerra”. Las
negligencias no está permitido olvidarlas. Existe una ética que nos obliga a buscar a los
responsables. Necesitamos respuestas porque no lo vamos a olvidar. Hay algo que
es cierto: si un profesor filósofo es la
cabeza pensante de esta “guerra” cruel y mortífera, cualquier día los pajaritos
dispararán con escopeta o formarán Gobierno. Quiero suponer que en las próximas elecciones,
recibirán su castigo los partidos que han gestionado tan mal esta crisis. Esta vez la pesadumbre es
nuestra, pero los muertos son suyos, aunque también sean de los nuestros.