La necesidad de que la gran empresa se constituya en un actor clave en el desarrollo regional y territorial emerge de la propia relevancia que tiene el ámbito territorial de la competitividad, en lo cual se transforma en un ámbito relevante el aporte que la gran empresa puede desenvolver a la capacidad competitiva territorial de las regiones en las cuales ellas se encuentran localizadas, no desde una perspectiva altruista, con todo lo importante que ello puede ser, sino que más bien en una lógica de eficiencia colectiva para la maximización del beneficio económico productivo.




