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Fue
a finales de enero, a poco de detectarse los primeros casos en Italia, cuando
importamos el primer caso de coronavirus en España, con aquel médico italiano
que llegó a la Gomera. Sin embargo la evolución de la epidemia en ambos países,
con un desarrollo más precoz en Italia, debería haber permitido que en España
hubiéramos ido por delante en medidas de prevención respecto de nuestros
vecinos italianos. Pero no ha sido así.
Los
primeros casos “autóctonos” aparecieron en España a finales de febrero, cuando
en Italia iban ya por el millar de contagiados. Esa era la ventaja con que
partíamos a priori y que este gobierno se ha encargado de dilapidar. Y ya
veremos si al final no superamos a los italianos.
Según
datos de la publicación redaccionmedica.com, en España desde el 24
de febrero “el crecimiento ha sido paulatino, pero fue a partir del 8 de marzo
cuando ese crecimiento de casos de coronavirus Covid-19 se descontroló bruscamente, sobre
todo en la Comunidad de Madrid”. ¿Quiere
esto decir que el 8M se dispararon los positivos? No, el 8M se dispararon los
contagios, que aún tardarían unos días en ser enfermos sintomáticos. Lo que
ocurrió, sin lugar a dudas, es que en los días previos al 8M se ocultaron datos
de nuevos contagiados para no alarmar al público y comprometer el éxito de la
convocaria feminazi. Todos, o al menos muchos, sospechábamos que al día
siguiente del akelarre feminista habría un aumento de datos oficiales de
contagiados, resultado de aflorar los que se habían ocultado los días
anteriores. Pero esto, con ser muy grave, no fue lo peor.
Lo
peor es que el 8M se reunió en Madrid, uno de los focos ya detectados, a
200.000 personas, favoreciendo un contagio masivo absolutamente irresponsable.
Y no fue el único. A la irresponsabilidad de los convocantes del 8M se sumó la
de Vox, que reunió a unas 10.000 personas en Vistalegre, con su líder Ortega
Smith recién llegado de Milán, uno de los principales focos de la epidemia en
Italia, y que días después daría positivo al test del Covid19. A esto le
sumamos los miles de espectáculos que ese día, como cada fin de semana, se
desarrollaron en la capital de España. ¿Qué denominador común tienen todos
estos eventos? Que hubiera bastado una orden del gobierno de la nación para que
no se hubieran celebrado.
Las
consecuencias del contagio masivo en Madrid el 8M se analizarán en los futuros
estudios epidemiológicos que sobre la pandemia se realicen. Pero basta mirar
las cifras de nuevos contagios cinco días después, que es el periodo medio de
incubación del virus, para darse cuenta del disparate que se cometió ese día en
la capital de España, y que borró de un plumazo la ventaja que España había
tenido hasta entonces de poder anticipar los acontecimientos con respecto a
Italia.
Pero
el gobierno no ha estado solo en esta irresponsabilidad
Si
hay algo que la crisis del coronavirus en España ha desnudado en toda su
crudeza es el inmenso lodazal que son los medios de comunicación de masas en
nuestro país. Ayunos casi absolutamente de periodismo independiente, nuestros
medios se nutren de periodistas de consigna, sometidos a ese poder no tan
oculto que intenta imponernos su credo mediante gigantescas operaciones de
ingeniería social. Como ejemplo, la sección de deportes del telediario de Antena
3, el más visto en España, que dedica, desde hace meses, el 80% de su tiempo a
promocionar la ideología de género.
Pues
bien, esos putrefactos medios de comunicación, con Televisión Española y el
grupo Atresmedia a la cabeza, se dedicaron mañana, tarde y noche a menospreciar
el potencial nocivo del Covid19, y a desacreditar a todo aquel que se atreviera
a contradecir su versión. Había que eliminar cualquier obstáculo que pudiera
ensombrecer el akelarre feminazi del 8M. Mientras los Ristos y Wyomings se dedicaban
a hacer chistes del coronavirus, las María Casado, Julia Otero, Monica
Carrillo, Susana Griso y compañía, se desgañitaban invitando a las mujeres a
asistir a la manifestación feminazi despreciando la amenaza del coronavirus.
Tanto
gobierno como medios de comunicación se escudan ahora, como disculpa, en que no
era posible predecir la evolución de la pandemia en España. Nada más lejos de
la realidad.
El Centro Europeo para el Control y Prevención
de Enfermedades, en un informe emitido el 2 de marzo ya aconsejaba “evitar
concentraciones masivas innecesarias" por el coronavirus, ya que está científicamente demostrado, en base a los
datos de otras pandemias y epidemias, que cancelarlas "puede reducir la
transmisión del virus". Cinco días después de ese informe, Fernando Simón,
director de Alertas Sanitarias, decía sin despeinarse que recomendaría a su
hijo asistir a la manifestación del 8M.
La OMS, por su parte, avisaba que “permitir
la propagación incontrolada del Covid-19 no debería una opción para ningún
gobierno, en tanto que puede perjudicar no solo a los ciudadanos de ese país,
sino a otros países también".
Pero las advertencias no sólo llegaban de la
Unión Europea o de la OMS. La Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y
Microbiología Clínica, la Sociedad Española de Medicina Intensiva Critica y
Unidades Coronaria, la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y
Emergencias, y la Sociedad Española de Medicina Interna, hicieron llamamientos
en los días previos al 8M para actuar con rapidez y adoptar medidas drásticas
que permitieran contener el contagio.
Pero para el gobierno y sus terminales mediáticas
(que son casi todas), lo importante era que el akelarre feminazi se celebrara
incluso a costa de la salud y de la vida de miles de españoles. Si hubo avisos,
pero no quisieron escucharlos.
En cualquier país serio, esta actuación de
gobierno y medios de comunicación derivaría en responsabilidades penales. Aquí mucho
me temo que no pasará nada. Porque si algo ha dejado claro esta pandemia es que
en España el poder político, la gran mayoría de los medios de comunicación, y
mucho me temo que la justicia, bailan al mismo son, ese son siniestro que se ha
empeñado en cargarse nuestro país.