A partir del Estallido Social de Octubre se comenzó a desarrollar en Chile una gran expectativa de cambios, la cual se ha venido manifestando como una recuperación de espacios urbanos, en expresiones diversas y convergentes hacia la construcción de un sueño colectivo. Lo que se ha expresado, y se ha sentido a flor de piel, en el reencuentro de las personas con sus instancias locales más directas, en la reactivación de relaciones de buena vecindad y de pertenencia a los barrios, en la concurrencia a gremios o sindicatos para conversar. Este espíritu gregario y de colaboración había permanecido en una suerte de hibernación. El efecto telúrico de esta explosión social, ha permitido recuperar lazos con un ánimo distinto, de resistencia, de solidaridad, de colaboración, de unidad frente a la fuerza bruta que ha aplicado el sistema para criminalizar y aislar al movimiento social.




