Rubalcaba, antítesis del cambio.

¿Rubalcaba representa el cambio? Nos hemos vuelto locos. Y si él lo dice, entonces el loco es él. El señor Rubalcaba -- como a él le gusta que le llamen -- representa la antítesis del cambio. No hay duda que es el típico “más de lo mismo o incluso peor”. Hizo un daño tremendo con la LOGSE, llegando a decirnos en el bar lo contrario de lo que decía en el Consejo Escolar del Estado; no se enteró –según él—de los enterramientos en cal viva de Lasa y Zabala; tampoco tiene nada que ver en el caso ‘Faisán’, siempre según sus palabras.

 

. Y si él lo dice, entonces el loco es él. El señor Rubalcaba -- como a él le gusta que le llamen -- representa la antítesis del cambio. No hay duda que es el típico “más de lo mismo o incluso peor”. Hizo un daño tremendo con la LOGSE, llegando a decirnos en el bar lo contrario de lo que decía en el Consejo Escolar del Estado; no se enteró –según él—de los enterramientos en cal viva de Lasa y Zabala; tampoco tiene nada que ver en el caso ‘Faisán’, siempre según sus palabras.
¿Quién cree en este extraño personaje a estas alturas de la película? Hasta la rosa se ha marchitado con tanta mentira, tanta grosería, exceso de desfachatez, ruin comportamiento,… No hay duda que los pétalos rosáceos son ahora alimento de la gaviota azul. Ni el rojerío cree en el color rojo de los escenarios sociatas, ahora azulados por imitación y consejo asesor. Las huestes socialistas no saben a qué atenerse ni el señor Rubalcaba sabe cómo contentarlas, estimularlas y capitanearlas. El socialismo recoge lo que ha sembrado durante el septenio negro al que nos ha condenado, incluso condonando deuda a los más inadecuados y concediendo euros a manos llenas a quienes no lo merecían.

Las huestes del señor Rubalcaba carecen de perspectiva cercana; no tienen propuestas significativas; nada tienen que ofrecer a la sociedad que tanto les detesta y a la que han mentido un día sí y otro también. No puede haber votante que confíe en semejantes mentirosos. Eso que llaman “el cambio” ya está gastado. Si el señor Rubalcaba representa el cambio,… ¿a qué se ha dedicado estos años tan negros para España y tan dañinos para cinco millones de españoles? ¿Qué ha hecho durante el septenio negro del zapaterismo bobalicón?

Ni el señor Rubalcaba ni su gente tienen ideas frescas. Tan solo traslucen confusionismo, afán de poder, falsedad y mentiras.  No tenemos duda de que están deseando que pase cuanto antes el 20-N. Ni siquiera les queda fuerza para revertir la situación porque saben que esta vez están vigilados para que no suceda lo que aconteció en aquel marzo negro de hace dos legislaturas. Se saben controlados. Y desde un  sector de la prensa se saben perseguidos y advertidos. Ha caído tan bajo el socialismo que es motivo de mofa, escarnio  y ridículo; al fin y al cabo recogen lo sembrado. Es tanto el daño hecho a la sociedad española que, cuando se habla del Gobierno ‘zapatético’, resulta que nadie votó PSOE; a eso se llama vergüenza, decepción,… pero también miedo.

Zapatero  es el culpable pero esa culpa también tiene otros partícipes; son los que han aplaudido el fracaso del Gobierno más ruin y mediocre de la era democrática española. Cuando se marchen de la escena política, nadie echará en falta a los seguidores de Trinis, Pepiños, Pajines, Sebastianes, Rubalcabas, Bibianas, Zerolos y demás ‘ganado’ impresentable. Y no solo no les echaremos de menos sino que sería deseable que desaparecieran de la escena política; ni siquiera merecen estar dormitando en la oposición al Gobierno. Son ellos precisamente quienes han llevado a la derrota del PSOE y a que esas siglas sean denostadas por el sentido común de la ciudadanía.

De todos es sabido que estas elecciones que tenemos próximas debieron celebrarse hace año y medio. El PSOE está fundido. El señor Rubalcaba está acabado. Sus seguidores están aturdidos y la sociedad está desengañada. Pero, a pesar de eso, siempre habrá una corriente analfabeta que votará socialismo, aun sabiendo que es la condena al paro, a la crisis permanente, a la mentira, a la corrupción, al engaño de Estado, al amiguismo con la ‘serpiente’ vasca y a seguir los vericuetos de la ruina moral y material, incluso al fin de la convivencia pacífica.

Una vez que desaparezca el socialismo del Gobierno hay que echarse el país al hombro. Reformar cuanto haya que reformar. Dejar a un lado el sindicalismo de clase y, si es preciso, tenderles un fuerte cordón sanitario para evitar daño a las reformas estructurales y laborales. Trabajar duro para que desaparezca el modelo sindical actual, cercenando las subvenciones y profesionalizando el sindicalismo. Abramos la Constitución si es preciso y cambiemos cuanto haya que cambiar al respecto. Difícilmente podrán hacer más daño de lo que ya han hecho.

Jesús Salamanca Alonso

UNETE



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