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"Teatro de Guardia" Antes de Grecia. Parte I


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06/02/2020

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Tras un tiempo de ensayos y escenarios que a ustedes brindaron un merecido descanso; ya es hora de abrir las maletas y llenarlas con un nuevo atrezo, un par de tramoyistas y un café panameño bien cargado. No se inquieten por su atuendo; en esta ocasión, mantendré a sus pies bien lejos del fuego o las cavernas y muy cerca de la historia y de esta tierra. Sólo acaben las tostadas y abran su álbum por una página en blanco, prometo que a la vuelta… una foto muy teatral habitará por siempre ese espacio.


¿Preparados? Si es así, diríjanse al andén que aparece en su billete y atiendan la señal del revisor. Durante la espera pueden tomar un refrigerio, llamar al que no vino o comprar un libro que amenice su regreso. Maten como gusten este tiempo hasta que no quede ni un sólo pasajero, ni trenes, ni comercios abiertos, ni luces que alumbren los besos y abrazos de los que aguardan un reencuentro. Sólo ustedes y yo. Entonces sonará una campana y el vapor de cien vagones anunciará la entrada de un gran ferrocarril; ése es justo el nuestro. Busquen sus asientos y liberen de cortinas su flamante ventanilla en pro del sol y de la luna y, quién sabe si también de las estrellas. Del resto, permitan se encargue el maquinista; sólo él conoce el final de este trayecto.

Recomendación: Revisen la carga de sus móviles y cámaras; sería una tragedia – en el lenguaje más teatrero- que aquello que allí vivan, escuchen y vean… borre el tiempo en sus retinas y haga dueño al olvido, sin que puedan recordarlas.





Desandemos el tiempo hasta…

Las Antiguas Culturas de Asia y de Oriente

Parte I

Si el Paleolítico Superior fue nuestro anterior destino bajo un cielo de chamanes y danzas mágico-religiosas; hoy les propongo un viaje más cercano en tiempo y espacio que nos conduzca hasta las antiguas civilizaciones. Un salto temporal, que resulta imprescindible para comprender una constante invariable: la evolución como motor de desarrollo en este arte llamado: teatro. Una disciplina que tal y como vimos en nuestro anterior encuentro, debe su origen a los primeros grupos sociales y a su necesidad de atribuir los beneficios de la tribu a un ser supremo o dios, al que mediante sencillos rituales, danzas y cánticos, rendían pleitesía en pago a los favores concedidos.

Con el paso del tiempo, estas ceremonias se fueron transformando en grandes festividades que por su estructura y complejidad, requerían de organización por parte del clan y de sus líderes; aunque manteniendo siempre la esencia de los conceptos existenciales: fertilidad y caza, destino y azar, culto a las divinidades, vida o muerte. Temores y anhelos inherentes a nuestra condición humana que, a través de nuestro cuerpo y ritmo corporal, fuimos convirtiendo sin apenas darnos cuenta, en las primeras manifestaciones artísticas de la humanidad.

La evolución trajo consigo el espacio físico para su representación; al inicio al aire libre, en lugares sagrados y de importante significación – cima de montañas, laderas y orillas de los ríos- o simplemente en zonas designadas por las distintas aldeas, donde los habitantes se disponían en círculo a fin de contemplar la dramatización en el centro del anillo, como punto focal de los espectadores.

Hemos de pensar que, este tipo de celebraciones, tenían un alto poder hipnótico sobre la colectividad y que según la particular idiosincrasia de cada pueblo, eran condicionadas por la situación geofísica o climática y por sus propios recursos naturales. No obstante, diversos puntos de cohesión se han mantenido en todas ellas como base para sus representaciones imaginativas: espacio sagrado, comunidad participante, templos y altares, actores primigenios y danzantes, máscaras y atuendos comunicación escénica: danza, música, gesto e imitación.

El esbozo y análisis de estos primeros antecedentes, proporcionan sin duda, la mejor radiografía sobre este fenómeno social-vivo, que responde a la necesidad casi vital de sentir y expresar a través del arte y la creación.

Es en este sentido y como prueba de esa transformación, que hoy nos alejamos de las cavernas, de los rituales y danzas primigenias, para adentrarnos en las antiguas culturas que desde oriente hasta occidente, han convertido el rito en un arte escénico milenario, donde la técnica y la escenografía engrandecían con los siglos, la más alta concepción de la palabra y la gestualidad; atributos destinados al disfrute de un público incondicional -escaso en la actualidad- que inmune al paso del tiempo o las modas, han hecho de nuestra imaginación el mejor vehículo de transmisión cultural y popular en todo tiempo y civilización.

 

 

 

 

 





Cuando hablamos de teatro, inevitablemente muestra mente viaja hasta Occidente, Grecia; en busca de la que consideramos como la cuna impulsora de este arte. Sin embargo, mucho antes de su valioso germen, hubo otros en oriente que propiciaron la savia y los nutrientes a este noble árbol. Manifestaciones dramáticas que se remontan a épocas más antiguas que las griegas o romanas y de las que, a modo de pincelada, esbozaremos sus contornos en busca de una ruta y su mapa. Localizaciones donde cada tribu, en función de sus recursos y creencias, realizaba sus propias manifestaciones culturales mediante ceremonias o rituales, en función de su procedencia.

En este extenso itinerario que abarcará nuestra mirada hacia el Este, hoy nos centraremos en Asia y más concretamente a China; lugar donde desde tiempos ancestrales… el espectáculo ha ocupado una posición única y predominante, que perdura en nuestros días como claro símbolo de identidad popular; en origen, con reuniones tribales más primitivas donde -como en tantas otras regiones de los cinco continentes- un grupo de chamanes –hombres y mujeres– cantaban y danzaban al son de una música, con el único objetivo de ofrecer pleitesía tanto a espíritus celestes como terrenales, esperando así obtener el favor de estos dioses.

Más tarde, pero mucho antes de la época de Esquilo o de Sófocles, estas ceremonias se fueron convirtiendo en obras y representaciones dramáticas íntimamente ligadas a la música, a la danza, a las creencias religiosas y a las costumbres sociales; siendo a fines del segundo milenio antes de la era cristiana

–Dinastía Shang,-c.1766-1122 a.C.-, cuando estas prácticas chamanísticas se incorporan a los ritos ya establecidos -funerales o sacrificios- donde en honor a los muertos, el difunto era representado por uno de sus herederos, a quienes se

realizaban numerosas ofrendas por parte del público asistente. Estos rituales han sido considerados por muchos estudiosos, como los posibles orígenes de sus espectáculos teatrales, a los que muy pronto se incorporaron las primeras manifestaciones artísticas bajo la forma de poemas escenificados. Es en ellos, donde la técnica y la escenografía se depuran hasta alcanzar su máximo esplendor hacia el final de la edad Media. El reconocimiento de estas poéticas, resulta primordial para la comprensión del teatro universal posterior y del presente. Su acercamiento, nos desvela sin duda la fecunda cosecha de las tendencias teatrales que anteceden, condicionan y confluyen en las modernas y actuales expresiones de la escena.

En conclusión, podemos decir que el teatro chino se ha convertido en el principio estético quizá más cercano a la esencia del teatro tradicional, y que debe su fascinación no tanto al mérito literario de los libretos sino a la forma en la que éstos son representados. Documentos hallados en torno al año 2.000 a.c. señalan que las funciones del actor, tienen un estrecha relación con la de los chamanes referidos anteriormente, quienes a través de su canto, sus gestos y movimientos, unían a sus coetáneos con el mundo espiritual y el más allá. De hecho, hay ciertas tendencias de la dramaturgia oriental, donde el –chamán- declama o canta ejecutando al mismo tiempo su danza con algún tipo de acompañamiento musical; de ahí, su predominante tendencia a la danza y a la música en pro de su particular

-encantamiento– y en detrimento de otras disciplinas encuadradas dentro del realismo. Unas figuras en eterna transformación que, durante el periodo Primavera y Otoño (722- 481 a.C.), se convirtieron en los músicos imperiales llamados – lingyou- siendo considerados como los sucesores de los brujos y brujas de tiempo atrás, aunque en este caso actuaran para el emperador y no para los dioses.

Como ven, la música ha sido y sigue siendo una constante que potencia la satisfacción visual a través de la infinita habilidad y belleza con la que se representan sus obras: combates salvajes, coreografías simbióticas y complicadas filigranas, que trazadas por espadas nunca llegan a tocarse y sí a estremecer al espectador, que perplejo contempla la escena como si de una realidad se tratase. En ella, la muerte se representa mediante largas y fastuosas actuaciones, donde la pericia –acrobática y malabarista– de los actores, combina en perfecta armonía con la suntuosidad de la imagen recreada. Tal es la exactitud escenográfica, que cada movimiento actoral recibe un nombre diferente, de modo que la precisión sobre el gesto –metódicamente danzado– es exhaustiva e incompatible con cualquier tentativa de improvisación, pues no ejecuta una representación realista de los comportamientos humanos, sino que más bien los baña de espiritualidad para alzarlos al nivel más elevado de su condición.

Desde la antigüedad, este entendimiento sobre el arte en China, ha sufrido no pocas variaciones hasta llegar hasta su actual formato, donde la sabia mescolanza del mimo, la opera, la acrobacia y los juegos de manos, ha dado lugar a innumerables representaciones de animales y otros personajes, con tan solo la sombra proyectada por los dedos y las manos de un actor.

Muchas son las dinastías que se han sucedido en el transcurso de los tiempos, contribuyendo de algún modo en la configuración de este gran orden teatral. Mi pretensión, no es adentrarme en aguas tan profundas e inaccesibles a mis humildes y exiguos conocimientos; pero sirva de mención, tan sólo algunas de las más relevantes dentro de este marco artístico, y a las que en parte, debe su constante evolución desde su origen más primigenio:

  • Dinastía Zhou (1027-256 a.C.) por su aporte a la expresión oral, con algunos fragmentos de la antología poética “Elegías de Chu” (Chuci) , especialmente en la parte llamada “Nueve Cantos”, en los que Qu Yuan, -gran poeta de los siglos IV y III a.C- observa durante su exilio a orillas del Yangzi Jiang a los chamanes, esos hechiceros y hechiceras disfrazados de deidades que ejecutan lo que creían acciones de los dioses para expresar sus deseos. Y yo me pregunto… ¿Pudo ser éste el origen del teatro o de la ópera?
  • Dinastía Han (206 a.C.-220 d.C.), durante la que surgieron los Baixi (“Cien juegos”), conocidos también como Sanyue o música folklórica, en contraposición a la Yayue o música elegante del palacio imperial. Estos baixi, consistían en entre otros en cantos populares, danzas acrobáticas, artes marciales y magia. Entre ellos se encontraba el famoso “juego de los cuernos que topan”, donde dos disciplinados actores competían en un duelo singular con el famoso número de esta clase conocido como “El Señor Huang del Mar Oriental”. Es en tiempos de la dinastía Han del Oeste (206 a.C. – 24 d.C.), donde la acrobacia se convierte en un arte relevante. De hecho, esta técnica china ya alcanzó un alto nivel de sofisticación en el siglo III a.C., durante el Periodo de los Reinos Combatientes, con malabaristas que lanzaban al aire siete puñales al mismo tiempo que palos de 3 metros.
  • Dinastia Tang (618-907), a la que se atribuye este tipo de música llamado – sanyue- encuentra su hueco junto a la música de corte en las ceremonias religiosas y civiles, y se desarrolla gradualmente en el reinado de Ming-Huang 72 ( 712-756). Acompañaba el teatro cantado y el teatro de marionetas y de sombras y además, regía las actuaciones de los baixi y acróbatas. Ming-Huang fue el emperador más importante en patrocinio del teatro de la época antigua. En el año 714, fundó dos instituciones oficiales para instruir a músicos y actores. Li yuan o Jardín de los Perales, como la institución de arte dramático para formar a los actores, y Jiao fang, para formar en este caso a los músicos. Sus estudiantes –más de mil por promoción- y en su mayoría muchachas, recibían el nombre de “Niños del Jardín de los Perales”, título con el que actualmente se designa a actores chinos. En esta época, la prosperidad del teatro es sin precedentes. En cuanto al teatro de marionetas, no era ciertamente nuevo para los Tang, pero sí experimentó durante esta dinastía un florecimiento singular.
  • Dinastía Song del Norte (960-1127); durante la misma se crea un nuevo género llamado zhugongdiao, al que como forma de narración de historias y cuentos, el teatro debe tanto. En él, hay un recitador que interpreta la parte en prosa, mientras que los versos son cantados con una parte de acompañamiento musical. El empleo de diversos tonos en esta última parte más poética, representa una importante innovación que más tarde inspirará a los futuros creadores del teatro Yuan (1277-1367). En este período, el teatro de variedades llamado –zaju- alcanza un lugar primordial, donde el empleo de máscaras cobra especial relevancia.
  • Dinastia Yuan (1260-1368). La victoria de los Mongoles sobre el imperio Jin en 1234 y el Song del Sur hacia 1280; supone el florecimiento del arte teatral y el desarrollo de los teatros rodeados de prosperidad y comercio. Durante este período
-considerado como el siglo de oro del teatro chino- este oficio, se convierte en un

medio de educación y enseñanza de la cultura china; una vía sin duda más directa y asequible que la lectura, que garantizaba su asimilación. Más de 1.700 obras de teatro musical, se escriben y escenifican entre 1234 y 1368; obras que aún hoy se conocen y valoran con pleno reconocimiento a los 105 dramaturgos de este prolijo periodo; ello sin tomar en cuenta las obras sin firmar por parte de un número indeterminado de autores anónimos, preservadas a lo largo del tiempo y que hasta el siglo XX, no volvieron a ver la luz.

  • Dinastía Ming (1368-1644) junto con los periodos Jiajing (1522-1566) y Wanli (1573-1620), marcan una de las etapas más importantes en toda su historia, no sólo por su faceta despótica sino por su proliferación dramaturga y escénica hasta el punto de considerarse como la segunda edad de oro con el florecimiento y diversificación de los estilos regionales. La producción teatral por más de cuatrocientos dramaturgos, dio como origen a quinientas piezas de renombre entre sainetes de un acto y obras de veinte o incluso más de cincuenta escenas; representadas aisladamente por los llamados zhezixi. Este teatro Ming, compuesto por un refinado canto, exigente escenografía y vestuario, ha sido muy pocas veces repetido. El chuanqi, Kunqu y zaju, son sus estilos principales, con independencia del teatro religioso chino -Maudgalyayana- entre otros.
  • Dinastía Qing; instaurada en 1644 por los Manchús, pueblo mongol de la región norroriental de China. En ella se respetaron las mayores tendencias literarias tradicionales; no obstante se destruyeron muchas obras durante el período de censura y persecución literaria del siglo XVIII, instaurada a favor del régimen y por la que muchos autores fueron encarcelados, exiliados o ejecutados. Sin embargo y a pesar de estas cadenas, el antigüismo fue el elemento dominante en la literatura y la creación de prosa y poesía continuó a imitación de maestros clásicos y medievales.
Transcurrido este último período, los estilos de –teatro folklórico- despuntan en popularidad y convergen en las salas teatrales de Pekín dando origen a lo que hoy conocemos como Ópera de Pekín. Una tradición de jingxi muy valiosa que también poseen otras ciudades como Shanghai, Cantón, Tianjin y Wuhan, consideradas por muchos más fuertes e interesantes que la de Pekín. Sin embargo es éstas última la que con fama mundial, sigue deleitando a un público entregado dentro y fuera de sus confines con la perfecta fusión entre el teatro hablado, la danza y el bell canto.

El teatro hablado en su sentido más puro, tuvo su origen en el -huaju-. Este género basado en modelos extranjeros, emergió a finales de la regencia de Cixi (1835- 1908). Es en este contexto, cuando se pasa de un teatro cantado al guionizado o hablado, llegando incluso a escenificarse algunas de las obras de Shakespeare y Molière.

Más tarde, con la asociación de estudiantes chinos en Japón Chunliu (“Sauce de Primavera”), el teatro europeo entraría de una forma más directa y regular. Japón sería sin duda la puerta de entrada a esas corrientes europeas que dieron lugar a algunas traducciones de autores como el noruego Ibsen (1828-1906) o el británico Shaw (1856-1950).

La llegada de escritores como los ya mencionados, influyeron con sus obras en las arraigadas bases de una tradición tan conservadora como ésta, aunque

manteniendo vivo el legado y las costumbres populares, como en el caso de las escuelas japonesas del Noh y el Kabuki, que aún a día de hoy, siguen mostrando sus espectáculos sin que el paso del tiempo haya borrado los marcados movimientos del actor. El Noh, más antigua en origen, enmarca sus representaciones sobre un decorado donde un biombo pintado y un pino sirven de escenario para un drama a ritmo de danza y canto. El kabuki, mucho más reciente, nace de historias bélicas y de conquistas que en manos de marionetas son contadas al espectador. Ejemplo de ello es el teatro bunraku, donde grandes muñecos manejados por enmascarados vestidos de negro, pasan desapercibidos a los ojos del espectador.

Por último y a modo de reflexión, este breve resumen sobre el nacimiento y evolución del teatro en China, nos indica que la historia de cada pueblo alberga una manifestación propia de su localización geográfica y socio- cultural. Algunas de ellas -según estudios al respecto- son actualmente representadas como es el caso de Harasiddhi –situado a pocos kilómetros de la capital de Nepal, Katmandú- donde tiene lugar un ritual que se celebra cada doce años y que en sí misma supone una representación teatral llevada a cabo por cuatro sacerdotes del pueblo. Una actuación dramática, que según antiguas crónicas centro asiáticas, no ha sido igualada hasta la fecha. Hoy, estos sacerdotes llevan su baile hasta cuarenta lugares distintos a lo largo del año, de los cuales, veintiuna veces en la antigua sede real de la ciudad de Bhaktapur, y el resto de las actuaciones en distintos lugares del Valle de Katmandú y montes aledaños.

Como pueden ver, estos datos son en sí mismos un ejemplo de la fidelidad, respecto al peso de las tradiciones populares para un país donde todavía existen o han existido hasta hace muy poco, otros casos semejantes en diversas geografías de Centroasia y Asia Sudoriental; son el Tibet , la India, Sri Lanka, Tailandia o Vietnam. Un hecho, que depende mayormente del grado cultural de cada pueblo, pues en función de éste, se ven reflejadas la recurrencia a estimulantes psicoactivas, o a la veneración de lo simbólico y dionisíaco. China, sobre éste último punto, ha evitado casi desde siempre su exaltación o énfasis por razones meramente políticas. Su numerosa población, obligaba a su control bajo preceptos garantes de la armonía, con independencia de la inclinación –más o menos natural- respecto de la contención o encauzamiento de los instintos o impulsos más desaforados, que subyace en el pensamiento de sus habitantes.



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