El auge económico del año pasado, en el que se tuvo un crecimiento record de 15,3%, parece no tener coincidencia con los datos que provienen del sector de la construcción. Ante un súbito aumento en la generación de riqueza, podríamos suponer que ello detonaría la inversión en obras, con un consecuente salto favorable en la industria de la construcción. Con un país por construir, en el que hay enormes potencialidades y mucha necesidad de obras y generación de empleo, la línea lógica de crecimiento debería apuntar hacia un fuerte desarrollo de todas las construcciones que se necesitan.



