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Necesidades personales, profesionales y sociales de la formación docente


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23/01/2020

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“Ser docente es más que inculcar respuestas e imponer repeticiones, conceptos, fórmulas y datos; es orientar a los alumnos en la creación y el descubrimiento que surgen de interrogar la realidad de cada día y de interrogarse permanentemente. Es formar individuos críticos, libres, democráticos, innovadores, trabajadores y con sentimientos nobles…” (Flores, 2010)


Ser docente es desempeñar varias profesiones en una sola labor. Antes de ingresar a la docencia, consideraba que el conocimiento que nuestra preparación en la universidad nos proporcionó y la experiencia profesional era más que suficiente, pero no se puede estar más equivocado.

Estar al frente de un grupo implica que además de tener conocimientos sobre una asignatura, debemos conocer a todos y cada uno de los alumnos para facilitarles el acceso a ese conocimiento. Esto implica considerar su estilo de aprendizaje y miles de factores que pueden afectar su desempeño como su entorno familiar, su entorno social, su estado emocional, su alimentación, niveles de estrés, horas de esparcimiento, horas de descanso, y la lista podría seguir, porque todos y cada uno de estos factores, afectan la disposición del estudiante a aprender. Entonces debemos ser profesionistas en nuestra rama, además de un poco o mucho de pedagogos, psicólogos, médicos, etc.

Pero ¿realmente estamos preparados?, es decir, ¿contamos con los conocimientos, actitudes y habilidades necesarias para desempeñarnos como docentes?

La respuesta de muchos podría ser una afirmación, pero considero que un docente nunca deja de aprender, y esa es una de las características o incluso necesidad personal que un docente debe poseer. Como profesores no somos propietarios del conocimiento y la verdad absoluta, los tiempos cambian, la sociedad cambia y probablemente las bases de nuestro conocimiento sigan siendo las mismas, pero siempre habrá una mejora o modificación que debemos tener presente para transmitir a nuestros alumnos conocimientos actuales y útiles para ellos. Se debe tener una preparación constante y actualizada, para poder trabajar acorde con las necesidades de las nuevas generaciones.

Lo anterior conlleva a otro aspecto personal que siempre se debe tener presente, como se comentaba, el docente no es poseedor de la verdad absoluta, antes que nada, somos seres humanos y así seamos licenciados, maestros o doctores, somos susceptibles a equivocarnos. El hecho de reconocer un error, y más frente a los alumnos, no nos hace ser menos, al contrario, nos hace ganarnos el respeto de los demás, porque somos capaces de reconocerlo y enmendarlo. El docente como figura frente a un grupo es un ejemplo, y que mejor que ser un buen ejemplo para los alumnos, transmitiendo valores como la honestidad, la ética, el aprendizaje, el autodominio, colaboración, empatía, franqueza, justicia, paciencia, perseverancia, puntualidad, responsabilidad, tolerancia, servicio, respeto…

En cuanto a las necesidades personales, para la formación docente, también podemos recurrir a la jerarquía de necesidades de Maslow (Elizalde, A., Martí, M. & Martínez, F., 2006):

·       Necesidades fisiológicas: la formación docente no implica la satisfacción de una necesidad fisiológica,

·       Necesidades de seguridad: implican riesgos para la integridad personal o familiar. Dentro de este aspecto, la labor docente debe ser un empleo bien remunerado para satisfacer las necesidades básicas del docente y su familia, y debe dar una estabilidad.

·       Necesidades de pertenencia: representan la voluntad de reconocer y ser reconocido. Dentro de esta categoría se podría incluir la necesidad de un horario que permita la conciliación familiar, además de poder dar atención a los alumnos de forma adecuada fuera de los horarios de clase y lo necesario para poder preparar las clases adecuadamente.

·       Necesidades de estima: Su satisfacción es necesaria para la evaluación personal y el reconocimiento de uno mismo. Dentro de este rubro, podemos considerar la necesidad de reconocimiento por parte de alumnos, colegas y autoridades.

·       Necesidades de autorrealización: implican la satisfacción de la individualidad. Esta es una de las categorías más difíciles de alcanzar, pero si un docente está satisfecho con la labor que realiza, podría asegurarse que está satisfaciendo sus necesidades de autorrealización.

 

En cuanto a necesidades profesionales, la primordial es la formación permanente. Como se comentaba anteriormente, se debe tener una preparación constante y actualizada. Camargo et al. (2004) acota: para “realizar su práctica pedagógica y profesional de una manera significativa, pertinente y adecuada a los contextos sociales en que se inscribe y a las poblaciones que atiende” (p. 81).

Las actividades de actualización deben realizarse en diferentes contextos, el disciplinar, para que el docente reciba formación directamente relacionada con los contenidos de la asignatura; el pedagógico, como un instrumento que le permita entender su práctica y orientarla; y al tener que realizar labores de gestión, también es necesaria la formación en gestión de recursos, organizaciones, liderazgo, trabajo en equipo, etc., dependiendo de las actividades que desempeñe.

Aunada a la formación, se puede añadir la necesidad de mejores recursos materiales, técnicos, de infraestructura, para el adecuado desempeño de sus actividades.

Respecto a necesidades sociales de la formación docente, podemos incluir la capacitación para el trabajo en equipo, liderazgo, de manera que permitan al docente forjar relaciones efectivas con sus alumnos y con sus grupos de trabajo. También en este rubro se puede considerar la necesidad de un horario adecuado para que el docente pueda conciliar trabajo y familia.

 

Si el docente ve cubiertas todas sus necesidades, no debe ver como amenaza los procesos de evaluación de desempeño. Preciado, Gómez y Kral (2008), expresan que “Desempeñar la docencia, la investigación, la gestión y la tutoría coloca a los docentes en una situación difícil y estresante”.

De acuerdo con Tejedor (2012), evaluar el desempeño docente es un proceso por medio del cual se busca emitir juicios valorativos sobre el cumplimiento de las responsabilidades del docente en la enseñanza, aprendizaje y desarrollo de sus estudiantes a partir de información válida, objetiva y fiable relacionada con los logros de sus estudiantes y el desarrollo de sus áreas de trabajo (p. 320). 

Sabemos que, en un inicio, la evaluación docente tomó como referencia los parámetros establecidos para la evaluación del Sistema Nacional de Investigadores. Estos parámetros han ido cambiando, pero se debe tener en cuenta primordialmente dos categorías: el saber y el hacer. Saber lo que enseña, cómo enseñar, los procesos de desarrollo y aprendizaje de sus alumnos. Hacer lo prometido, realizar bien sus actividades, etc.

De esta forma se deben generar instrumentos para evaluar cada uno de estos parámetros y el nivel de cumplimiento de cada uno de ellos. Es importante establecer que la evaluación puede llevarse a cabo desde diferentes perspectivas, para tener una visión de los diferentes actores del proceso y que están directamente involucrados con el docente: supervisores, directivos, alumnos y colegas.

Los elementos esenciales que debe considerar una evaluación son:

·       Productividad: dentro de este rubro se puede considerar el cumplimiento del programa, entrega en tiempo y forma de las evidencias de evaluación tanto del alumno como las personales. Desarrollo de herramientas o instrumentos pedagógicos para su aprovechamiento institucional, colaboración en la gestión de la institución, etc.

·       Calidad: este es probablemente el segmento que más aspectos puede involucrar. Aquí puede considerarse: la comunicación eficaz con sus alumnos (expresión oral clara, respetuosa, constructiva), empleo de los recursos disponibles y de diferentes estrategias para abarcar todas las formas de aprendizaje. Diseño de instrumentos para evaluar adecuadamente cada herramienta empleada en clase, facilitando la comprensión y el dominio del conocimiento. Es importante también considerar la actuación conforme a un código de ética y valores. Poseer y demostrar responsabilidad en las labores, cumplimiento de compromisos.

·       Eficacia: dentro de este rubro se considera el grado de aprovechamiento de los alumnos, que es donde se ve reflejado el aprovechamiento de los programas de capacitación y actualización.

·       Eficiencia: Puede evaluar el alcance de los objetivos con los recursos disponibles.

·       Nivel de formación: Aquí se puede considerar el interés y aprovechamiento de los programas de capacitación disponibles.

 

Cubrir las necesidades docentes, personales, profesionales y sociales representa una inversión para las instituciones, porque se está dando importancia a la labor que realiza, ya que representa uno de los actores más importantes en el proceso educativo. Si se ven cubiertas sus necesidades, es más fácil lograr un mayor involucramiento, compromiso y sentido de pertenencia a la institución. Esto se ve reflejado en un ganar-ganar: el docente es reconocido por su desempeño y las instituciones educativas son reconocidas por proporcionar educación de calidad. De esta forma los procesos de evaluación no representan un conflicto o dificultad, deben ser como una parte del sistema administrativo porque ya forman parte de la dinámica de preparación de los docentes para contribuir a lograr los objetivos de calidad de la educación.

 

 

 

REFERENCIAS:

Camargo, M., Calvo, G., Franco, C., Vergara, M., Londoño, S., Zapata, F. & Garavito, C. (2004). Las necesidades de formación permanente del docente. Educación y Educadores, (7),79-112. ISSN: 0123-1294. Recuperado de   https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=834/83400708.

Elizalde, A., Martí, M. & Martínez, F. (2006). Una revisión crítica del debate sobre las necesidades humanas desde el Enfoque Centrado en la Persona. POLIS, Revista Latinoamericana, 5(15). ISSN: 0717-6554. Recuperado de   https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=305/30517306006.

Flores, M. (Octubre, 2010). Ser docente: reflexiones educativas desde la autonomía. El Nacional. Recuperado de: http://maiquiflores.over-blog.es/article-ser-docente-reflexiones-educativas-desde-la-autonomia-58848469.html.

Preciado, F., Gómez, A., & Kral, K. (2008). Ser y quehacer docente en la última década: un estudio cualitativo de las políticas de formación en el profesorado. Revista mexicana de investigación educativa, 13(39), 1139-1163. Recuperado de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-66662008000400006&lng=es&tlng=es.

Tejedor, F. (2012). Evaluación del desempeño docente. Revista Iberoamericana de Evaluación Educativa, 5 (1), 318- 327. ISSN: 1989-0397. Recuperado de http://www.rinace.net/riee/numeros/vol5-num1_e/art24.pdf.

 



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