.Retomando
las palabras de Flores (2010), “Ser docente es más que inculcar respuestas e
imponer repeticiones, conceptos, fórmulas y datos; es orientar a los alumnos en
la creación y el descubrimiento que surgen de interrogar la realidad de cada
día y de interrogarse permanentemente. Es formar individuos críticos, libres,
democráticos, innovadores, trabajadores y con sentimientos nobles…”
Pero
este significado puede además tener una carga completamente opuesta cuando se
trata del contexto que incluye los aspectos de evaluación, y no por el hecho de
que se tema a un mal resultado, sino que las herramientas empleadas para tal
efecto no han sido las adecuadas. Preciado, Gómez y Kral (2008), expresan que “Desempeñar
la docencia, la investigación, la gestión y la tutoría coloca a los docentes en
una situación difícil y estresante”.
Cuando
se comenzaron los programas de desempeño académico en México, en 1990, no
existían criterios definitivos para realizarlos, de manera que se tomaron como
referente los aplicados en el Sistema Nacional de Investigadores. Esto
representó una gran desventaja para los docentes, puesto que las actividades no
son las mismas que un investigador, con la problemática añadida de que los
resultados derivados de esta evaluación eran empleados para la asignación de
estímulos. Así, los docentes se vieron obligados a participar en estos procesos,
sin embargo, al obtener resultados poco satisfactorios por solo dedicarse a sus
labores en el aula, se consideró que se deterioraba la imagen de los académicos
(Preciado, Gómez y Kral, 2008, citan a Díaz Barriga, 1997).
Uno
de los programas que más impacto ha tenido en la evaluación docente es el Programa
de Mejoramiento del Profesorado (PROMEP), surgido en 1996, que ha llevado a una
reconstrucción de la identidad del docente, pues además de su trabajo en el
aula, se deben realizar labores de tutoría, investigación y gestión para poder
ser evaluado y tener la posibilidad de acceder a apoyos individuales e institucionales
si se cumple con el perfil deseado. Esto conlleva un cambio institucional de
sus funciones y ha modificado la idea que el docente posee de sí mismo y de los
grupos a los que pertenece.
Como
se mencionaba anteriormente, se dio una reconstrucción de identidad, pues si
bien, aumentó la carga de trabajo considerablemente, la relación con la
institución cambió. El beneficio que esto trajo a su labor es que, de esta
forma, se asimila lo que la sociedad o la institución espera de él, teniéndose
así un marco de referencia donde el docente conoce qué acciones debe tomar para
sus intereses.
La
situación no es distinta en universidades públicas o privadas. En ambas se
necesita de la colaboración de los docentes para mejorar programas y planes de
estudio. Generalmente son actividades que recaen en los profesores de tiempo
completo, pero es un hecho que se necesita de la participación de todo el
cuerpo docente por el simple hecho de que son los que van a llevarlas a cabo.
En
ocasiones, la universidad privada está sujeta a mayores exigencias en cuanto a nivel
educativo para acceder a la planta docente, pero el compromiso con el trabajo
es el mismo independiente del grado de estudios. Si la universidad está sujeta
a acreditación, se requiere además que el docente cumpla con documentación y
cursos de preparación semestrales o anuales para poder incluso dar la posibilidad
de permanencia dentro de las instituciones, y mucho de lo que también se valora
con una alta ponderación, es la opinión del alumno hacia el docente. En este aspecto,
se necesitaría de la elaboración de indicadores de mayor objetividad, pues la
opinión estudiantil puede estar sesgada dependiendo de factores ajenos a la
labor del docente como puede ser la afinidad maestro-alumno, los resultados poco
satisfactorios de la evaluación de la asignatura para el alumno por parte del
docente, o simplemente por la negativa del alumno a llevar a cabo la evaluación.
En
cuestión de género, algunos estudios señalan que aún existen estereotipos
respecto a la capacidad de las mujeres para las funciones de investigación, de
dirección y toma de decisiones. Documentan que la maternidad es castigada
laboralmente y refleja una exclusión (Preciado, Gómez y Kral, 2008, citan a
Martínez, 1999), incluso que cuando una mujer docente logra adquirir poder como
profesora, socialmente lo pierde en otros ámbitos (Preciado, Gómez y Kral,
2008, citan a Acker, 1997). Estos juicios no se manifiestan directamente, pero
puede verse reflejada esta situación en la proporción de mujeres que
constituyen la planta docente. En la UNAM, para el año 2004, la proporción de
mujeres era entre un 35 y 40%. Para el 2019, el personal académico femenino
constituyó un 45% (DGAPA, 2019). Tuvo un aumento de solo 5% en 15 años. Es un hecho
que para las mujeres sigue siendo más difícil formar una carrera como docente,
cuando la sociedad aun exige que no debe abandonar sus labores como esposa y
como madre. La responsabilidad de la crianza de los hijos recae completamente
en la mujer y es lo que muchas veces es un factor determinante para que pueda
alcanzar el mismo nivel de preparación que un hombre en el mismo tiempo.
La
docencia representa un campo donde nunca se deja de aprender, y contrario a lo
que muchos piensan, no solo es pararse en frente de un aula y recitar conceptos.
Va más allá de enseñar, significa además tener la preparación para formar individuos
con la capacidad de razonar, formar criterios por ellos mismos, criticar y
transformar su entorno para su beneficio.
Lamentablemente
la estructura social y económica actual exige que la preparación de las nuevas
generaciones sea con base solo en competencias, y se plantea como lamentable,
porque se puede malinterpretar este concepto y comenzar a preparar individuos
con conocimientos, habilidades, actitudes y valores sólo para la tarea a la que
van a ser asignados. La globalización así lo exige, formar “un “stock”
intangible en los individuos, las comunidades y las naciones, conformado por
conocimientos generales, o específicos, de “savoir-faire”, habilidades, etc.,
que resultan útiles al sistema productivo” (Guzmán, 2017).
Ser
docente conlleva mucha responsabilidad en el ser y el hacer. Porque queriendo o
no se es un modelo para los alumnos, y no solo de los aspectos que están
planteados en el programa de estudios, sino también en las actitudes y los
valores que voluntaria o involuntariamente se manifiestan en el día a día. Es
una responsabilidad en el hacer, porque no solo implica llegar a un aula y
hablar por hablar, sino también requiere el interés por encontrar las
herramientas adecuadas para que todos vayan al mismo paso, independientemente
de su condición, entorno o limitaciones. Además, ahora con las nuevas
políticas, se tienen responsabilidades con la institución y el sistema
educativo, pues cada elemento aporta un grano de arena para construir, lo que
como muchos aspiran, el ideal de contribuir a mejorar las condiciones de nuestra
sociedad.REFERENCIAS:
DGAPA.
(2019). Estadísticas del Personal Académico 2019. Recuperado de https://dgapa.unam.mx/images/estadistica/anuario_estadisticas_dgapa_2019.pdf.
Flores,
M. (Octubre, 2010). Ser docente: reflexiones educativas desde la autonomía. El
Nacional. Recuperado de: http://maiquiflores.over-blog.es/article-ser-docente-reflexiones-educativas-desde-la-autonomia-58848469.html.
Gaitán,
S. (Junio, 2018). Importancia de la formación docente en la actualidad. Nexos.
Recuperado de https://educacion.nexos.com.mx/?p=1285.
Guzmán,
F. (2017). Problemática general de la educación por competencias. Revista
Iberoamericana de Educación, 74, 107-120. Recuperado de https://rieoei.org/historico/documentos/rie74a04.pdf.
OCDE.
(2017). Panorama de la Educación 2017. Recuperado de https://www.oecd.org/education/skills-beyond-school/EAG2017CN-Mexico-Spanish.pdf.
Preciado,
F., Gómez, A., & Kral, K. (2008). Ser y quehacer docente en la última
década: un estudio cualitativo de las políticas de formación en el
profesorado. Revista mexicana de investigación educativa, 13(39),
1139-1163. Recuperado de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-66662008000400006&lng=es&tlng=es.