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"Poetas y Poesías" Zahara "Teoría de los cuerpos"


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14/01/2020


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Hay veces en las que imagino con tanta intensidad






que parece un recuerdo.





Puedo proyectarlo sobre un cerebro en blanco





y nos veo bailando en tu habitación.





Azota el viento en cada rincón de mi cuerpo





y tú te has desbordado por mi cuello.





 





(“En bucle”, Zahara, de la obra “Teoría de los cuerpos”)





 

“Poetas y poesías” por Mª Ángeles Álvarez. Hace un par de meses, durante uno de mis habituales paseos por una de esas grandes librerías que todos conocemos, cuando ya había inspeccionado la sección de literatura hispanoamericana y me disponía a adentrarme en la de narrativa extranjera, me topé con una sorpresa inesperada: allí mismo, en el centro de todas las novedades, en un lugar privilegiado y a la vista de cualquier lector en busca de un buen libro, me encontré con una sección que, hasta hacía muy poco, era difícil de localizar porque la habían relegado a unos cuantos estantes en lo más recóndito de la tienda. Era una sección dedicada a la poesía, algo inaudito y maravillosamente real, aunque me costara creerlo en aquel momento. No pude evitar “bucear” entre los afortunados ejemplares que los responsables   de la tienda, imagino, habían escogido y les habían concedido el honor de estar a la vista de la clientela. Ninguno era de poesía clásica o de autores renombrados, lo cual avivó mi curiosidad pues desconocía todos aquellos nombres de poetas cuyas obras habían logrado salir del exilio comercial del gigante librero. Entre todas ellas, una llamó mi atención por encima del resto, tanto que, tras ojearla y detenerme en alguno de sus poemas, decidí llevármela a casa y darle una oportunidad. Desde luego, no puedo decir que me decepcionara. Al contrario, me gustó y pensé que, dada la clase de versos de que se componía este poemario, realistas, directos, claros y actuales, podría ser un firme protagonista para esta sección. Hoy dedico este post no solo a los lectores de poesía, sino especialmente a esos que todavía se resisten a darle una oportunidad a este género, porque tal vez no llegan a conectar con su lenguaje, porque no logran ver lo que se esconde tras esas palabras, a veces adornadas, otras más desnudas. Hoy propongo un reto a todos aquellos que simplemente no se atreven: adentrémonos en la “Teoría de los cuerpos”, título este libro que encontré sin buscarlo y cuya autora, una joven cantantautora andaluza que se ha atrevido con la poesía, que lee a Ben Clark todos los días y que afirma que “en el arte no existe el intrusismo, el arte es arte si con lo que haces consigues llegar a la gente y conmoverla”, sí se ha atrevido. María Zahara Gordillo Campos, más conocida como Zahara, nació en Úbeda, Jaén, el 10 de septiembre de 1983. Se graduó en Magisterio Musical, es autora e intérprete de música “indie”, género por el que se la conoce públicamente, y en 2015 creó su propio sello discográfico, “goDzila Records”. Pero el interés de Zahara por la literatura se ha dejado ver en los últimos años con obras como Semaforismos y Garabatonías, publicado en 2014. Este libro contiene lo que ella describe como “semaforismos”, que no son otra cosa sino las conclusiones a las que se llega mientras se espera ante un semáforo en rojo; y “garabatonías”, garabatos que se dibujan mientras se espera el teléfono, realizados estos últimos por Rebeca Khamlichi. Más tarde, en 2017, publicó la novela Trabajo, piso, pareja, y es ya en 2019 cuando se ha atrevido con la poesía en Teoría de los cuerpos. En esta obra, Zahara vuelve a los “semaforismos”, pero ahora intercalados con poemas y relatos cortos. Veamos un ejemplo de este tipo de composición:

Fuiste tan fugaz





que pedí un deseo.





(“Semaforismo #29”)





 

Dividida en tres partes, como los tres epígrafes de la teoría en que se basa, “clausura”, “correspondencia” y “extensión de los cuerpos”, en Teoría de los cuerpos la autora nos asoma a un mar de sentimientos cotidianos y a la vez intensos con los que identificarnos: el amor, el desamor, la sexualidad, la añoranza de otros tiempos, de momentos pasados, son temas que fluyen a lo largo de sus páginas, llevándonos consigo, arrastrándonos sin remedio por el simple hecho de que habla de nosotros, de todos nosotros. Eso es precisamente lo que “engancha” al lector, lo que le va a permitir entenderla y compartirla, conectar con su poesía, porque describe lo que sentimos o hemos sentido en algún momento de nuestras vidas. Pese a que no seamos lectores de poesía, los versos de Zahara cuentan y muestran de manera natural y espontánea ese amor que una vez albergamos en nuestro corazón, o ese abandono del que fuimos objeto en algún momento de nuestras vidas o esa necesidad de explorar y conocer propia de la juventud. Siempre hallaremos una de esas experiencias propias en alguno de los poemas que componen este libro, expresadas de la forma más contundente, sin abandonar en ningún momento el lirismo. Puede que algunos consideren que, en ocasiones, utiliza un lenguaje excesivamente explícito; sí, pero también es posible que sea eso precisamente lo que lo acerque a cierto público poco amigo de la lírica. Por esta razón, me parece que los poemas de Zahara son un buen comienzo para aquellos que forman parte de la “resistencia”, de los que se obstinan en creer que nunca encontrarán unos versos que les arranquen una sonrisa, una lágrima o tal vez un suspiro. Para cerrar este post he escogido uno de los poemas incluidos en la segunda parte de Teoría de los cuerpos, la dedicada a la “correspondencia de los cuerpos”, en el que Zahara nos habla de esa magia fugaz que se genera entre dos personas en el silencio y la soledad de un amanecer y que está destinada a romperse al alba, aunque los más románticos no perdamos la esperanza de que dure para siempre. .

 





Somos las seis de la mañana





Toda la ciudad duerme aún,





no sabe que tú y yo lo estamos haciendo sin tocarnos,





y no hay dios a estas horas en que creer





salvo en nosotros.





Tus manos,





que no son manos,





que son tu boca besando espacios confusos





ajenos a todo lo que nos hiere,





nos desmenuzan,





nos cogen por sorpresa.





nos despierta la luz de las seis de la mañana;





no hace ruido el tiempo a esas horas.





 





No hay segundos entre tu cuerpo y el mío,





solo hay deseo dormido de las seis de la mañana,





cuando tú no sabías siquiera que estabas despierto





y mis brazos te agarraban fuerte





con tu cabeza cerca del pecho,





con la respiración clavada en las esquinas de la cama,





clavadas las miradas en algún punto del sueño.





 





La vida está casi ausente,





no se atreve a rozarte,





en un baile inmóvil





justo antes de volvernos a dormir.





 





El día más bonito del mundo lo pasamos durmiendo.



Etiquetas:   Escritores   ·   Poesía   ·   Periodismo   ·   Cultura   ·   Lectores

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