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Fieles y cismáticos: las conferencias presidenciales como genealogía del fanatismo


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06/01/2020


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Fieles y cismáticos: las conferencias presidenciales como genealogía del fanatismo


 

Marcos David Silva Castañeda

Universidad Nacional Autónoma de México

 

“Los verdaderos criminales son los que establecen una ortodoxia sobre el plano religioso o político, los que distinguen entre el fiel y el cismático”.

Émile Ciorán, Adiós a la filosofía.

 

En México asistimos a un experimento de centralización del poder que ancla su discurso en la distinción, evidentemente falsa, entre fieles y cismáticos. Es una escaramuza discursiva que conduce, cada mañana, hacia un cóctel fúnebre de la realidad. El Presidente Obrador dispone de una única verdad (la suya) para evadir, por regla general, la realidad. El diablo no aspiró a tanto, tener no solamente una opinión, sino adicionalmente una realidad univoca, válida por sí misma. Lo que ocurre cada mañana, en las conferencias presidenciales, haría sonrojar al mismísimo diablo.

Sin embargo, para el jefe del Ejecutivo, eso es poca cosa, no solamente tiene una verdad, su verdad, sino además dictamina qué sí y que no es cierto, no importa que el número de asesinatos dolosos rompa récord cada mes, como el confirmar, sin ninguna conexión con los hechos, que “todo va muy bien”, que la estrategia “está dando resultados”.

Cuando la realidad aparece cruda ante el Ejecutivo, alza la voz, e interrumpe al periodista, si esto no basta, pasa a un chiste, o habla de temas irrelevantes, como cuando reflexionó, por minutos, sobre el béisbol, exigió el perdón del gobierno español u opinó, “respetuosamente”, sobre tal o cual acontecimiento sin conexión con lo que se le había preguntado.

 El presidente, tiene una red de seguidores “exclusivos” conformada de fieles y otra parte de la sociedad, que “no le es fiel” (en su lógica discursiva), que Obrador llama de muy diferentes maneras, todas despectivas, pero que pueden ser agrupados, en la perspectiva de Ciorán, como los “cismáticos”.

Pasa hábilmente de un tema a otro, no solamente es la discusión de si se dice o no “gasolinería” o si tal o cual persona es “achichincle”, “alcahuete”, “aprendiz de carterista”, “blanquito”, “calumniador”, “camajanes”, “fichita”, “fifí”, “gacetillero vendido”, “hampones”, “lambiscones”, “mafiosillo”, y una larguísima lista de adjetivos descalificativos de personas, partidos y grupos (que han sido analizados por Gabriel Zaid en su artículo, publicado en Letras Libres, “AMLO poeta”) es la manera en la que anima la desaparición de la lógica y lleva al auditorio a la epilepsia de las ideas, de la evidencia, de la razón para sustituirla por la llama pura del credo, de la doctrina que nace de la improvisación pero que es digerible para sus fieles: la simplificación de los problemas (y sus soluciones). Es un gobierno que no gobierna, homilía; que no decide, excusa y acusa; y que no resuelve, simplifica y experimenta.

El 2 de enero pasado, por la mañana de ese día, el jefe del Ejecutivo declaró: “estamos seguros de que (sic) nos va a ir bien. Ya quedó demostrado (sic) que funciona la estrategia que estamos aplicando”.  La declaración fue poco afortunada, justo un día antes, en el norte del país, una balacera colapsaba, otra vez, una Ciudad entera, proyectiles de calibre cincuenta agobiaban a todos por igual, ciudadanos escondidos en negocios, supermercados, parques, agazapados a la espera no de la protección del Estado sino de la retirada de los grupos criminales. Esto sin considerar que 1 de enero, el número de asesinatos dolosos fue de 74, un día después, tan solo en Guanajuato, se alcanzó casi una cuarentena de personas asesinados de forma dolosa, ¡en un solo día!

 Existe en México un proyecto de centralización del poder que gesta, diariamente, una genealogía del fanatismo con consecuencias funestas para el presente y el futuro mexicano. ¿Será que en este 2020 cada vez más mexicanos se darán cuenta de ello? Lo veremos, a decir de la declaración del presidente del 2 de enero no debemos esperar un cambio en su forma de gobernar, ni en su narrativa, será otro año en el que demandará a España, y a su gobierno, “perdón” (yo tampoco sé por qué); de la insistencia (solamente fundamentada por abuso de poder) de proyectos no planificados ni estudiados como el aeropuerto de Santa Lucía y la cancelación del Nuevo Aeropuerto dela Ciudad de México (NAIM), que fue la tercera obra más importante del planeta; o de extensas disquisiciones para explicar el bajo crecimiento económico ante uno de los periodos más espectaculares de los últimos 10 años en la economía del vecino del norte, etc. Empero lo que sí puede cambiar son los electores, la sociedad mexicana, el periodismo, la ciencia y la razón, con ese interés, y expectativa, fue escrito este breve artículo.



Etiquetas:   Democracia   ·   Conferencias   ·   República

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